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La informalidad acaba con el turismo en el eje cafetero

Calle de Salento, Quindio Foto wgc-revistacorrientes.com

Tomarse un café ya no tiene el paisaje de la tierra del café.

Salento y Filandia, en el Quindio, se perdieron bajo el techo de los plásticos.

Interior de una casa-hotel en Salento, Quindio
Foto wgc-revistacorrientes

La arquitectura que llevó la colonización antioqueña al eje cafetero dejó de ser el atractivo turístico que, a pesar de todo, aún colma de visitantes nacionales e internacionales a esa bella región colombiana.

Bajo el auspicio de los alcaldes locales, la informalidad y los expendios de comidas y de artesanías -buenas y malas- se tomaron las casas, las calles y hasta las plazas o parques principales de los municipios.

Las típicas oficinas municipales y los negocios “enmascarados” por el plástico autorizado.
Foto wgc-revistacorrientes.com

El plastico es el material que hoy invade el hermoso paisaje de los centros urbanos levantados por la arriería paisa para el intercambio comercial y para suplir las necesidades básicas de vestuario, víveres y la atención en salud.

Las casetas que en otros lugares sirvieron para expender refrescos, se convirtieron bajo la cómplice mirada de alcaldes y autoridades sanitarias en la cocina de los ya no improvisados sino permanentes “restaurantes” en los cuales se ofrece el menú de la bandeja paisa, la “frijolada” ,”el mondongo” , la “aguapanela con queso” y  hasta el “guaro” .

Alistando “pista” para los comensales en la plaza de Salento.
Foto wgc-revistacorrientes

Con carpas plásticas para proteger a los comensales suplantaron las típicas fondas.

La invasión de las calzadas vehículares  con carpas, mesas y sillas plásticas, va de la orilla del parque hasta el anden de  las oficinas municipales, las heladerías y los restaurantes que pagan arriendo e impuestos.

Así, como está en las fotos, se afea la fachada de las edificaciones típicas de la zona cafetera paisa.

Belleza turística por desaparecer.
Salento.
Foto wgc-revistacorrientes.com

 

En temporadas de alto turismo, en los puentes o como en la Semana Santa que acaba de pasar muchos de los habitantes de estos municipios se desplazan a otras ciudades para evadir las aglomeraciones, los trancones de carros y la desaparición temporal de los que ancestralmente han sido los mejores vivideros de Colombia.

En Pereira también la inestabilidad laboral que alimenta la informalidad está causando estragos: no hay andenes para los transeúntes porque son el mostrador de los vendedores de cachivaches.

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