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La historia de una locura de los dos días de Muhammad Alí en Bogotá

Por: ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ, Diario El Tiempo, Bogotá

Mohammad Alí, en El Campín, 1977. Foto elheraldo.co

Intimidades de cómo el más grande deportista llegó a Bogotá el 12 de noviembre de 1977.

Cuando la puerta de la suite del Hotel Pennsylvania se abrió y el periodista vio, con las manos detrás de la cabeza y sentado en la gigante cama, a ‘El más grande’, sus piernas temblaron y la memoria borró todas las palabras que tenía planeadas decir.

Mohammed Alí y Gustavo Castro Caycedo. Foto archivo personal de Gustavo Castro C.

Mohammed Alí y Gustavo Castro Caycedo.
Foto archivo personal de Gustavo Castro C.

–Este es Gustavo –lo presentó Jorge Ben Hur Lozada, un hombre de Buenaventura (Valle) que vivía en Hollywood (Estados Unidos) y era amigo de ambos.

La suite de ese hotel en Nueva York estaba llena, particularmente de gigantes negros e invitados especiales, la noche del jueves 29 de septiembre de 1977 para asistir en ese mismo lugar a la Cena de la Victoria.

‘El más grande’, Muhammad Alí, acababa de vencer por puntos en 15 asaltos, al otro lado de la calle, en el mítico Madison Square Garden, a su compatriota estadounidense y hasta entonces invicto noqueador Earnie Shavers, en emocionante pelea, y reteniendo por décima ocasión el campeonato mundial de boxeo de los pesos completos en su segundo reinado.

–¿Qué es lo que quiere? –preguntó Alí, el más afamado deportista de todos los tiempos y el hombre que luchó por la igualdad racial y desafió a las autoridades de su país al negarse combatir en la Guerra de Vietnam, perdiendo el primer título mundial, quedando inactivo por tres años, sin poder salir de Estados Unidos y con la posibilidad de ir a prisión.

–Quiero llevarlo a la capital de mi país, Bogotá, en Colombia, para que nos ayude con una obra benéfica: recaudar fondos y salvar un hospital de niños que atraviesa una crisis –atinó a decir el periodista Gustavo Castro Caycedo, en un inglés, según sus propias palabras, deficiente.

–Voy, pero con mi séquito de guardaespaldas y mi familia –dijo el deportista, de 35 años, sonriente.

Así llegó Mohammed Alí a Bogotá al lado de Gustavo Castro Caycedo. Foto archivo personal de Gustavo Castro Caycedo

Así llegó Mohammed Alí a Bogotá al lado de Gustavo Castro Caycedo.
Foto archivo personal de Gustavo Castro Caycedo

De esa manera, sin que exista al menos una foto de aquella charla privada en Nueva York, porque el susto se apoderó del periodista, tanto que olvidó que llevaba cámara fotográfica, se concretó la histórica venida de Muhammad Alí a Bogotá, que mañana cumple 36 años.

Para evitar el cierre
Unos siete meses antes, Castro Caycedo escuchó los lamentos de sus suegros, Ángel Herrera y Luz de Herrera, porque, como miembros de la Junta de Caridad del Hospital Franklin Delano Roosevelt, estaban preocupados, pues las actividades que realizaban con el fin de recoger fondos para la institución eran insuficientes para sacarlo adelante.

–En poco tiempo, tocará cerrar –aseguró con amargura Ángel Herrera, vecino del hospital.

Sin pensar, a Castro Caycedo, entonces director de la revista de farándula Hit –del grupo RTI, que también tenía a Cromos y Vea–, se le ocurrió que debía traerse a un hombre impactante para recaudar fondos, y nadie más apropiado que Alí.

En 1975, en Hollywood, la meca del cine estadounidense, Castro Caycedo había conocido, por intermedio del actor Julio Medina, a Jorge Ben Hur Lozada, a quien decidió nombrar corresponsal de Hit en ese distrito de Los Ángeles. En ese encuentro, el bonaverense le comentó que era amigo de Alí porque, recién llegado a Estados Unidos, había trabajado como jardinero en su casa.

Ben Hur hizo el contacto y Alí solicitó una carta. Castro Caycedo la redactó, explicando la situación. No solo la firmaba el periodista, sino también la esposa del presidente del Senado de la República del momento. Alí respondió y hubo un constante cruce de cartas, pero sin una respuesta concreta de parte del deportista.

–Como el cierre del hospital era inminente, publiqué en medio de ese cruce de cartas que Alí vendría a Colombia –confiesa ahora Castro Caycedo–. Me tildaron de loco y mentiroso, y los mismos periodistas se reían de mí. Escuché decir que era un hablador y farsante.

Poco después, Hit publicó la carta de la invitación que Alí le envió al director de la revista para que asistiera a su matrimonio –en junio de 1977, con Verónica Porsche, su tercera esposa–. Castro Caycedo no asistió por falta de dinero. Entonces, Alí lo invitó a su defensa con Shavers.

–Antes de abandonar la suite, esa noche después de la pelea, le pedí de manera atrevida si a las nueve de la mañana del día siguiente podíamos dar un paseo por Manhattan para tomar unas fotos –recuerda el periodista–. Se echó a reír por mi ocurrencia y respondió de manera afirmativa.

A la mañana siguiente, tras ser despreciado por una cantante colombiana alojada en el mismo hotel para que lo acompañara, Castro Caycedo caminó por las calles unos 20 minutos, en medio de la aclamación de la gente por ‘El más grande’.

–Cuando salieron las fotos en las portadas de Hit y Cromos, la gente se dio cuenta de que no era un invento. Solo Augusto Calderón Díaz, director de Cromos, revista de la cual yo era jefe de redacción, creyó en mi historia.

López no quería verlo
Con el camino despejado, la organización resultó fácil y sin costo. Una aerolínea regaló los pasajes; el Hilton, las habitaciones; el grupo Ardila Lulle ofreció un banquete y la Alcaldía de Bogotá, con el secretario de Gobierno Julio Nieto Bernal, exoneró del pago de impuesto la exhibición benéfica.

–Solo Bernardo Mercado, el peso pesado colombiano, escogido para los tres asaltos de exhibición, cobró –recuerda Castro Caycedo–. Le dije que ni al mismo Alí había que pagarle y que cómo se le iba a pagar a él. Finalmente aceptó.

Alí acordó verse con el periodista el sábado 12 de noviembre en Miami. El grupo lo conformaban el campeón mundial; su esposa, Verónica; Hana, hija de ambos; el suegro de Alí, Horacio Porsche; Jorge Ben Hur Lozada y seis guardaespaldas.

–Yo no voy si se queda alguien –dijo Alí, al enterarse de que uno de los guardaespaldas no podía subir al avión por falta de visa.

El impasse fue solucionado por Castro Caycedo al comunicarse con el Ministerio de Relaciones Exteriores, que autorizó el ingreso al país. Después de las ocho de la noche, Alí y su séquito descansaban en el Hilton, en plena carrera Séptima de Bogotá.

El domingo, Alí asistió a una novillada en la hacienda Vista Hermosa y recibió de Jorge Herrera el traje de luces e hizo el saque de honor del partido Millonarios-Nacional (2-1) en El Campín.

El lunes, visitó el Hospital, se entrevistó con el presidente Alfonso López Michelsen, asistió a una reunión con comunidades negras y, por la noche, realizó la inolvidable exhibición con Bernardo Mercado que extendió a cinco asaltos y llevó 15.000 aficionados a la Plaza de Toros Santamaría.

–Voy a confesar algo –manifiesta Castro Caycedo–. El presidente López no quería entrevistarse con él, porque decía que no le interesaba el boxeo. Hasta que alguien le dijo que era un personaje importante en el mundo y aceptó (Alí lo saludó de beso).

Antonio Cervántes "Pambelé"  saludó a Mohhamed  Alí en Bogotá. Foto archivo personal de Gustavo Castro Caycedo

Antonio Cervántes “Pambelé” saludó a Mohhamed Alí en Bogotá.
Foto archivo personal de Gustavo Castro Caycedo

Alí regresó a Estados Unidos la mañana del martes 15 de noviembre, luego de 63 horas de visita, que pudo extenderse a Cartagena, donde Édgar García Ochoa, periodista más conocido como ‘Flash’, tenía preparado un plan especial. “El ‘soroche’ de la altura lo motivó a regresar a su país”, sostiene García Ochoa.

–Con él no hablé nunca más –dice Castro Caycedo–, aunque sí tres veces después con Verónica (vino embarazada de Laila, que nació el 30 de diciembre y fue campeona mundial de boxeo del 2002 al 2007). A Verónica, mi entonces esposa, Patricia, le regaló un papagayo que compró en la avenida Caracas.

–Alí, en su círculo privado es muy cordial y, en general, muy humano. Así lo demostró con esa venida de hace 36 años –sostiene Castro Caycedo, que nació como Alí un 17 de enero, pero de 1943, un año después de ‘El más grande’–. Yo llamo su visita como la historia de una locura.

Dentro y fuera del ‘ring’
Muhammad Alí, nacido el 17 de enero de 1942 como Cassius Marcellus Clay Junior, saltó a la fama al ganar, a los 18 años, la medalla de oro del peso semicompleto de los Juegos Olímpicos de Roma-60. Pregonó que sería campeón mundial profesional pronto y cumplió al noquear al veterano y favorito titular Sonny Liston, cuando tenía 22 años y completaba su pelea número 20.

Se convirtió en musulmán y se cambió de nombre porque Cassius Clay era el nombre de esclavo negro del hombre blanco. Realizó nueve defensas en el primer reinado, hasta marzo de 1967. Lo despojaron del título al negarse ir a la Guerra del Vietnam, y EE. UU. se dividió entre quienes estaban con él o en contra. Recuperó la licencia para boxear en 1970 y cuatro años más tarde, el título al noquear en Zaire al favorito George Foreman. Reinado de 10 defensas, fue sorprendido en 1978 por León Spinks, pero ese mismo año reconquistó el cinturón y se convirtió en el primer mortal triple campeón de la máxima categoría.

Artista del ‘ring’, con marca de 56 ganadas y 5 perdidas, con 37 nocauts, fue también defensor de minorías y de los desprotegidos. En Estados Unidos fue elegido como el ‘Deportista del siglo XX’. Hoy, tiene Párkinson.

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO

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