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La dieta de Dios

Por Oscar Domínguez Giraldo, El Colombiano, Medellín

Foto yorokobu.es

 

Una de las grandes preocupaciones modernas es enflaquecer. Pues bien, enflaquecer se ha convertido casi en otra religión. Donde se encuentre, la gente intercambia dietas para adelgazar. Hay casi tantas dietas como personas.

Los más vanidosos despiertan y lo primero que hacen es acudir a la báscula.

Algún día habrá básculas que darán el peso que deseen sus vanidosos propietarios.

Hay una dieta que está causando furor en Estados Unidos y Europa.

La fórmula es pilada: rezar. Sí, rezar, simplemente.

¿Quién vio a Jesús de Nazareth gordo, o con llantas o bananos en la cintura? Nadie.

Virtud adicional de rezar es que la gente puede seguir comiendo.

Estamos llegando al punto de que el come y reza, adelgaza.

No se sabe si Gandhi era flaco por su dieta o porque decidió callar los lunes. De paso se ponía al día en su correspondencia.

La primera dieta religiosa se remonta a 1957 y fue creada por un pastor presbiteriano gringo, de nombre Charles Shedd, quien publicó un libro titulado “Aleja tu peso con rezos”.

Según estos nuevos gurús, si se reza pensando en adelgazar, el asunto funciona.

Para enflaquecer se puede rezar, leer la Biblia, escuchar casetes en talleres de adelgazamiento, o escribir.

Sí, escribir, aunque si así fuera autores como García Márquez estarían en los huesos.

Lo mismo se podría decir de escritores como Otto Morales Benítez, Juan Gustavo Cobo, Daniel Samper, alias Soledad Moliner, quienes se agachan y se le caen uno o dos libros.

 

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Pero no nos pongamos escépticos porque se nos pierde el hilo y la efectividad de la dieta religiosa.

Después de Estados Unidos, Inglaterra es el segundo país donde la gente está rezando más para quedar con cintura de avispa.

En lo sucesivo, al rezar, no olvidemos notificar al de arriba la intención que llevamos: enflaquecer. Porque si uno reza y se pone a pedir plata, corre el albur de volverse un segundo Bill Gates pero de aquello, la flacura, nada. Que es de lo que se trata.

El rezo se encargará de ponernos como alguna de nuestras bellas de exportación.

La devoción total a Dios y la eliminación de la codicia por comer, son la mejor garantía para perder kilos.

El pastor Shedd, mencionado al principio, alegaba que la obesidad es un pecado y por eso había que rezar para adelgazar. Tal vez por esto esta dicho que es más fácil pasar por el ojo de una aguja que un rico se salve.

Claro que la comunidad científica no avala la dieta religiosa, si bien reconoce las bondades de la terapia de grupo.

Hay una receta infalible como los papas para adelgazar. Tampoco cuesta un peso.

Preferiría no contarla y escribir sobre ella para llenarme de plata.

Pero el día de gastar se gasta.

Anoten, por favor: Así como la Iglesia aconseja cerrar las piernas para controlar la natalidad, para adelgazar, cierre la boca.

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