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La deuda con la salud de los pensionados

Por Willia Giraldo Ceballos

Para desarrollar el artículo 48  de la Constitución de 1991, fue expedida la ley 100 de 1993 que “organizó”  el Sistema de  Seguridad Social Integral que prestan entidades públicas y privadas, una serie de normas y procedimientos bajo la coordinación y “control” del Estado.

¡Y ahí fue Troya!

Se anunció a los cuatro vientos que a partir de ese ordenamiento quedaba establecida la integración prestaciones para los trabajadores colombianos con un Sistema General de Pensiones, el Sistema de Seguridad Social en Salud, el Sistema General de Riesgos Laborales y los  Servicios Sociales Complementarios.

Para meterle los dedos en la boca a los trabajadores y al ciudadano común se señaló una serie de principios:

De eficiencia para la mejor utilización social y económica de los recursos, administrativos, financieros y técnicos; el principio de universalidad para la protección de todas las personas; el principio de solidaridad, el principio de integridad, el de unidad y, finalmente, se argumento que la Seguridad Social es un derecho subjetivo  de todas las personas  al cual no pueden renunciar  y que el Estado debe desarollar.

La seguridad social, según los enunciados políticos esgrimidos por el gobierno y el Congreso para hacer sentir felices a los colombianos que leían y oían noticias al despuntar el Siglo XXI,  ampara a toda la población colombiana.

Toda la retórica y la dialéctica fueron utilizadas por legisladores y ministros para que los trabajadores se olvidaran de la fortuna que habían aportado durante medio siglo XX al Instituto de Seguros Sociales, ISS, que en su momento también fue anunciado como la garantía de la seguridad social, la salud y las pensiones de quienes se partían el lomo trabajando en los distintos sectores de la economía.

Mediante el acto legislativo 1 de 2005, el gobierno logró  bajar de la cama al suelo a todos los colombianos que aspiraban a pensionarse.

Puso contra la pared a los sindicatos que habían logrado la hazaña de hacer efectiva la seguridad social para sus afiliados.

Llegó Colpensiones y desapareció el ISS.

Desaparecieron los ahorros de trabajadores y empleadores con los cuales se había dicho en el pasado, se iba a garantizar una vejez  decorosa  a la masa trabajadora.

Durante medio siglo los trabajadores y  los empleadores aportaron un doce (12) por ciento de sus ingresos -de manera compartida- para la salud y para las pensiones.

Nuevas leyes y nuevos decretos reglamentarios, crearon nuevas maniobras para que el sector financiero incrementara sus utilidades  administrando la seguridad social, la salud, las pensiones y los riesgos laborales (un seguro aparte para los accidentes de trabajo).

Los viejos trabajadores que aspiraban y aún aspiran a obtener su pensión de vejez, están obligados a afiliarse a una Empresa Promotora de Salud, EPS  en caso que se les reconozca el derecho a la pensión, para que puedan recibir su mesada pensional.

Y esa es parte de la deuda con trabajadores y pensionados: Si las personas que se están pensionando desde 1994 para acá aportaron a salud y pensiones; ¿ por qué tienen que pagar una vez más por los servicios médicos?

¿Dónde está la plata aportada para la salud y con la cual se construyeron las clínicas, los dispensarios, los laboratorios, se adquirieron equipos quirúrgicos, ambulancias y se mantuvo una frondosa nómina de médicos, odontólogos, profesionales en general de la salud, tantos especialistas y tantas enfermeras y camilleros?

¿En cuánto vendieron los activos del Seguro Social?  ¿Qué se hizo la plata de la liquidación del ISS?

Al pensionado le hacen creer que su mesada representa el 75% del salario que devengaba, pero la verdad es otra cuando de la mesada le descuentan una platica (el 12%) para el Sistema General de Pensiones que le reduce el valor de su ingreso mensual al 63 % de lo que ganaba cuando llegó a viejo.

¿En cuánto fue vendida la sede del ISS en el Centro Administrativo Nacional, CAN,  que hoy está en manos de otra entidad oficial que le hizo una multimillonaria reeducación para tener  unas de las más modernas oficinas? Y por qué se  abandonó esa sede para ir a pagar cuantiosos arrendamientos con cargo a los aportes de empleadores y trabajadores?

¿Por qué los gobiernos que burocratizaron el Seguro desde su fundación, lo maladministraron y despilfarraron sus fondos nunca aportaron un peso para la Seguridad Social de los Trabajadores y le entrega esa rentable responsabilidad al sector financiero?

No rendir cuentas sobre lo hecho con el Seguro Social convierte al gobierno en cómplice de la corrupción anidada allí hasta su liquidación, no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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