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La cultura en los programas de los candidatos presidenciales

Por Germán Rey (razonpublica.com)

Suele ser La Cenicienta, pero esta vez hay propuestas generales o específicas, buenas dudosas o desenfocadas.

La cultura se toma la política

Cuando la audiencia sale, se retiran los muebles y se apagan las luces, queda la cultura porque los temas que brillan en las campañas presidenciales son la economía, la justicia, la seguridad, la salud, las relaciones internacionales y cada vez más la educación.

Y eso está bien. Esta jerarquía de grandes temas no obedece solamente a las argucias de la demagogia, sino también a los intereses de los ciudadanos. Hacer cola en un hospital, tener empleo y no ser asaltado en una esquina son problemas mucho más relevantes para la gente que ver la última película colombiana, asistir a un concierto o leer un libro.

Hace falta una conexión de las industrias culturales con lo público y no solamente con los mercados.

Pero la cultura no tiene prisa. Al fin de cuentas la gente baila, hace fiesta, escucha música, acude al Señor de los Milagros y habla por teléfono celular. Probablemente cada vez más. En otras palabras: no solo de inflación y empleo viven los seres humanos. Ni aquí, ni en Suiza ni en la India. Por eso la cultura cada vez se cuela más en el lenguaje y en las promesas de los políticos. Y tanto en el lenguaje utilizado como en los programas prometidos se notan las diferencias.

Un largo proceso acompaña desde hace años a las relaciones entre política y cultura en todo el mundo. Trump, por ejemplo, le ofreció la presidencia del poderoso National Endowment for the Arts a Rambo. Solo que Sylvester Stallone, más inteligente que él, no le aceptó tan “alta distinción”. Macron asistió a los funerales de alguien mucho más famoso (y sobre todo más querido) que él: el rockero Johnny Hallyday, y el presidente chino Xin Jinping, quien es lo más cercano a un tótem, suele ser aplaudido por los miles de integrantes de la Asamblea Nacional Popular –todos comunistas– con una fervorosa devoción religiosa.

Pero ese no es el único perfil de las relaciones entre cultura y política. Los programas para obtener la presidencia de una república o la alcaldía de un pueblo contemplan cada vez más las propuestas de la cultura. Comencemos por ahora con las de la República, aunque serían mucho más jugosas, delirantes o sensatas las que se oyen caminando por los municipios de este país.

Los programas presidenciales de cultura

Campaña presidencial de Humberto de la Calle.
Campaña presidencial de Humberto de la Calle.
Foto: Facebook – Humberto de la Calle

A la semifinal de las elecciones presidenciales de Colombia llegaron, como casi todo el mundo sabe, seis candidaturas. He revisado cada uno de sus programas de gobierno observando minuciosamente sus planteamientos explícitos sobre cultura. Todos los tienen. Unos barrocos, otros minimalistas, unos detallados en exceso y otros simplificados en demasía:

  • Iván Duque, quien trabajó en el área de Cultura del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington y promovió en el Congreso la Ley de Economía Naranja, es curiosamente parco en este tema que conoce bastante bien y sobre el cual podría haber hecho una propuesta mucho más arriesgada e integral.

Entre sus ocho propuestas culturales tan solo una se refiere a la promoción del talento en la música y otras artes, aunque subraya la importancia de aumentar la oferta cultural y su vinculación con las tecnologías. El acceso temprano a la lectura, las bibliotecas itinerantes y la diseminación de contenidos locales por redes sociales y dispositivos móviles son otros de sus planteamientos.

Ya es hora de modificar el diccionario cultural o por lo menos de agregarle nuevos conceptos.

  • Como se dice en el argot popular, a Sergio Fajardo “no le quitan lo bailao”. Sus experiencias en la Alcaldía de Medellín y en la Gobernación de Antioquia muestran que la cultura está estrechamente relacionada con su concepto de gobierno.

Elevó considerablemente el presupuesto de cultura, creó parques, bibliotecas, el Parque Explora, el Jardín Botánico, la Casa de la Lectura Infantil y las aulas ciudadanas para la ciencia y la cultura e incidió en la transformación de la cultura ciudadana en una ciudad que lo necesitaba. La nueva página en la historia de Colombia es, según su programa, la combinación entre educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura.

  • Humberto de la Calle es el único candidato de quien se recuerda su pasado nadaísta y por tanto sus orígenes literarios. Es relativamente parco al hablar de cultura a pesar de ser el candidato del Partido Liberal, que construyó el proyecto cultural más importante del siglo pasado durante los recordados tiempos de la República Liberal, tal como lo ha documentado brillantemente el historiador Renán Silva.

Propone fundamentalmente crear los Centros de Participación Ciudadana, Humana y Equitativa (PARCHE) donde los jóvenes tendrían la oportunidad de encontrarse y acrecentar su acceso a la oferta cultural de alto nivel y a actividades culturales.

  • Gustavo Petro hace énfasis en cinco propuestas básicas en su programa de gobierno: salud para la vida, educación pública, economía productiva, política transparente y justicia independiente. En la de educación promete “una gran movilización cultural y deportiva para liberar las fuerzas de la creatividad, la música, el arte y la memoria”, una propuesta que suena demasiado abstracta, general e ideológica.
  • Germán Vargas Lleras tiene un programa más amplio que pone los acentos en temas culturales fundamentales, pero son muchos y necesitaría un crecimiento importante –y poco viable– de la inversión en cultura.

Insiste en la reestructuración del Ministerio de Cultura y del Sistema Nacional de Cultura después de veinte años de haber sido creados y cuando hacen agua por algunos de sus flancos principales. También se compromete con aumentar la inversión en concertación y estímulos, en duplicar los ingresos de las industrias culturales y creativas, en rehabilitar 300 espacios culturales y 150 equipamientos y en duplicar el acceso a bienes y servicios culturales.

  • Aunque no se encuentra un programa específico de cultura, Piedad Córdoba dice: “También heredé de ambos (sus padres), docentes, el gusto por el estudio y la formación, una sed de conocimiento que aún me acompaña y una enorme voracidad lectora. Y, sobre todo, me legaron un profundo amor por Colombia, por sus gentes y sus paisajes; sus costumbres, su diversidad y su cultura”.

¿Y qué nos dicen los programas?

Campaña presidencial de Iván Duque.
Campaña presidencial de Iván Duque.
Foto: Facebook – Iván Duque

La revisión de las propuestas en cultura de los candidatos a la Presidencia deja varias conclusiones:

  1. Ya es hora de modificar el diccionario cultural o por lo menos de agregarle nuevos conceptos. En general se nota un continuismo cultural que pide renovación.
  2. Llama la atención el énfasis en los jóvenes y la cultura, aunque con una idea de concentración espacial (los “centros”) que plantea muchas dudas: tal es el caso de la propuesta de los Sacúdete de Duque y los Parche de Humberto de la Calle, que son lugares para el encuentro de los jóvenes y para el acceso y el intercambio cultural. Todo ello sucede mientras los jóvenes se toman el espacio público, transitan por los mundos de la tecnología o participan en experiencias sobresalientes como el Colegio de Cuerpo en Cartagena o los colectivos audiovisuales como Ojo al Sanchoco en Ciudad Bolívar o Mejoda en Cali.
  3. Plantear la relación de la cultura con la economía, la salud, la ciencia y la educación es un gran acierto. El único problema es que lo que ya es una convicción creciente en la cultura aún es una perplejidad en los otros campos de la gestión pública.
  4. Los programas empiezan a aproximarse, aunque tímidamente, a lo que hay de cultura en Internet, redes sociales, aplicaciones o videojuegos, y sobre todo a la necesidad de promover la creación y circulación de contenidos digitales locales. Una parte importante del dinamismo cultural contemporáneo ya está sucediendo en el nuevo entorno tecnológico, como la lectura en la red, la fotografía, la descarga de video, el acceso a Netflix o la escucha de música en iTunes o Spotify.
  5. Los candidatos incluyen propuestas que se han implementado con éxito en otros países y ciudades del mundo, como los distritos culturales urbanos y el subsidio al consumo cultural a través de los bonos culturales.

A pesar de lo anterior, faltan proyectos culturales que partan de lo territorial, una nueva visión del patrimonio y un acercamiento más sugestivo a las artes y la creatividad, a sus convergencias y a la experimentación. Igualmente, hace falta una conexión de las industrias culturales con lo público y no solamente con los mercados, así como procesos de participación cultural más profundos y democráticos.

A estas alturas no sabemos si, como en el caso de la Cenicienta que salió corriendo de la fiesta al filo de la medianoche, habrá algún príncipe que le calce con acierto la zapatilla perdida a la cultura.

 

*Investigador y autor de numerosos estudios sobre comunicación y cultura, miembro de las Juntas Directivas de la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo, de Fundalectura y de Fotomuseo.

 

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