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La crisis de una negociación y la falta de decisión

Por Ariel Avila, Diario El País, Madrid

Para ayer martes 8 de enero estaba prevista la reanudación en Quito de los diálogos de paz entre el ELN y el Gobierno de Iván Duque. Foto El Comercio

Al Gobierno de Iván Duque no le interesa el proceso de paz con el ELN

Han pasado dos años desde la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y la exguerrilla de las FARC. A pesar de múltiples dificultades, lo neurálgico del acuerdo va saliendo adelante. Sin embargo, Colombia aún no cierra su ciclo de décadas de violencia política, el país no ha logrado trazar su punto cero. El problema es que aún subsiste una guerrilla: el ELN o Ejército de Liberación Nacional.

El Gobierno de Juan Manuel Santos dejó adelantadas las conversaciones: una agenda definida y el avance en algunas temáticas de dicha agenda. Sin embargo, el actual mandatario, Iván Duque, quien asumió la presidencia el pasado 7 de agosto, congeló las negociaciones. En campaña, a sus bases les prometió que acabaría con las negociaciones y que solo estaría la salida militar. Una vez asumió la presidencia, manifestó que haría una evaluación de treinta días para tomar una decisión. En sus viajes internacionales, descubrió que la comunidad internacional apoya el proceso de paz y pide que se continúe con esa agenda, entonces, allá prometió continuar con el esfuerzo. Además, el nuevo presidente ha entendido que cerca de la mitad del país le apuesta a las negociaciones. Igualmente, un cese bilateral al fuego demostró los beneficios increíbles de lograr un acuerdo de paz. También el acuerdo con las FARC ha reducido de forma fuerte la violencia asociada al conflicto.

En fin, pasaron los treinta días y no tomó ninguna decisión, viajó a Europa y le dijo a la comunidad internacional que mantendrá los esfuerzos de paz, pero con algunas condiciones. Cuando le habla a sus bases, no hace más que despotricar de las negociaciones y culpar de todo al ELN, que efectivamente ha tenido su cuota en la crisis que atraviesa el diálogo. Pero no le cumple ni a unos, ni a otros, hace algo totalmente diferente o cumple un poco a cada parte.

A solo días de terminar el mandato de Juan Manuel Santos, en La Habana, el ELN y Gobierno habían cerrado prácticamente el acuerdo para un cese al fuego bilateral indefinido. Solo faltaba la firma. Sin embargo, el ahora expresidente Santos dudó un par de días en firmar el acuerdo. Cuando tomó la decisión, el ELN dijo que no. Todo parece indicar que Angelino Garzón, exvicepresidente, muy cercano al uribismo, habló con uno de los guerrilleros de ELN, quien permanece libre en Colombia bajo la figura de Gestor de Paz. Allí, los convenció de no firmar nada con Santos y les trasmitió un supuesto mensaje del Iván Duque. El ELN pensando en el nuevo Gobierno aceptó, y al final no se firmó el acuerdo.

Una vez posesionado el nuevo Gobierno, públicamente el Comisionado de Paz, Miguel Ceballos, pidió la liberación de secuestrados para poder reanudar la mesa. En privado, vía llamada telefónica, le habría manifestado a Pablo Beltrán, jefe negociador del ELN, que liberaran nueve policías y militares y que con eso se podría reanudar la mesa, pensado en que en las siguientes semanas salieran los demás secuestrados. El ELN, efectivamente, en dos entregas, liberó los militares y policías, en los departamentos de Chocó y Arauca. En ese momento, el Gobierno incumplió y no abrió la mesa. Pidió el cese de acciones militares de forma unilateral y las demás liberaciones.

En los últimos días de diciembre de 2018 el ELN anunció un cese al fuego unilateral, algo así como una tregua navideña. La tregua se cumplió en un 100%, fue un éxito. Sin embargo, el Gobierno no reanudó la mesa. De hecho, en las últimas horas el Comisionado de Paz nuevamente puso otra condición, esta vez dijo que mientras el ELN esté en la frontera entre Colombia y Venezuela será imposible reabrir las negociones.

Al Gobierno sencillamente no le interesa el proceso de paz, cada cierto tiempo mueve sus líneas. Es casi imposible llegar a un acuerdo sobre los mínimos para reabrir las conversaciones. Sin embargo, a cada parte le dice lo que quiere escuchar y su política, como en casi todo, es irse por la mitad y no tomar ninguna decisión de fondo. Mientras tanto, en varias regiones el país se incendia.

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