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La columna de Rodrigo: Del trapo rojo al rosa

Por Rodrigo Pareja

Cuando los partidos tradicionales en Colombia eran eso, colectividades respetables, consistentes, con dirigentes menos atraídos por el negocio y el interés personal que por los verdaderos objetivos trazados, podía hablarse a boca llena de liberalismo, conservatismo y hasta del partido comunista.

Acostumbra decirse que no hay mal que por bien no venga, precepto con cabal aplicación a partir de 1957 cuando para evitar que miles de colombianos siguieran matándose por el sectarismo que despertaban los trapos rojos y azul, se pactó el Frente Nacional.

Remedio aconsejable por entonces y que dio resultados – por lo menos en lo que hace a la cesación del derramamiento de sangre por culpa del fanatismo y la política – pero que con el tiempo obró como un mortal virus que poco a poco fue haciendo su labor de zapa hasta dejar a los partidos convertidos en negocios particulares o, en el mejor de los casos, en microempresas electorales.

Que lo digan si no algunos que se autoproclaman dirigentes , quienes con avidez digna de mejor causa corrieron presurosos sin el menor asomo de dignidad y mucho menos de liberalismo, a buscar cobijo en una pintoresca candidatura en la cual, ilusos ellos, iban a tener burocracia, contratos y empleos de segunda y de tercera para sus pendolistas de siempre.

Quienes crean que esta referencia es al senador Luis Fernando Duque y a los representantes Oscar Hurtado, Julián Bedoya y Jhon Jairo Roldán están en lo cierto, pues antes que corresponder con lealtad a su partido y su institucionalidad, prefirieron con una celeridad que asombra respaldar la aspiración de Gabriel Jaime Rico a la alcaldía de Medellín.

Nada importó que en esta mísera pero agridulce victoria alcanzada por los cuatro que hoy la celebran, haya sido sacrificado cual cordero pascual el ex gobernador y ex senador, Eugenio Prieto Soto, un hombre infinitamente superior a ellos, con recorrido y kilometraje suficientes para haberse convertido en uno de los mejores alcaldes de Medellín.

Ese partido liberal que enardecía y enorgullecía a la voz y mando de verdaderos caudillos, y pese al trapo rojo sectario que algunos le criticaban, está hoy postrado y en estado terminal en este departamento, mientras a su alrededor se siente un tufillo a podredumbre.

Qué tal el partido liberal en Antioquia en las manos y las mentes de estos cuatro jinetes del Apocalipsis ? El mayor deseo, para que su partido siga en caída libre hasta su derrumbamiento total, es que cada uno de ellos maneje como mejor pueda su escasa cauda y que ésta le permita regresar a las cómodas curules donde disfrutan hasta el hartazgo de privilegios y canonjías, pero desde las cuales nunca podrán dar ejemplo de nada y mucho menos de verdadero liberalismo.

Como solían decir las abuelas hace años, “ Dios no castiga ni con palo ni con rejo”, otra sentencia de cabal aplicación en esta nota, porque ahora asidos a una candidatura sin ninguna posibilidad de triunfo pese al alboroto que a veces suele armarse alrededor de ella, los cuatro deben estar pensando donde aterrizar, aunque sea de emergencia, para evitar la estrellada final que supone carecer de algún poder en la administración municipal.

A propósito de todo lo anterior sí que puede decirse que el agua viene sucia desde su nacimiento, porque quienes estaban llamados a poner las cosas en su sitio, la alta dirigencia liberal encabezada por Horacio Serpa y el veedor, Rodrigo Llano, se hicieron los locos y pasaron de agache omitiendo hacer cumplir, sin explicación ni justificación algunas, las normas sobre doble militancia, contribuyendo a que el trapo rojo esté convertido ahora en una ordinaria coleta rosa.

Ah… Y sobre la candidatura que los dejó colgados de la brocha, cabe preguntar si alguien que no fue capaz de manejar una empresita de 120 mil firmas, cómo pretende enfrentar una empresa de $57 billones de pesos ?

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