Al instante

LA BARCA DE CALDERÓN: Aniversario del deceso de Rodrigo Marín Bernal

Por William Calderón Z.

Rodrigo Marín Bernal, ex ministro de Estado (q.e.p.d.) Foto colarte.com

Este miércoles 30 de diciembre se cumple el primer aniversario de la muerte de un líder sin tacha, absolutamente trasparente, que le sirvió con fervor a su patria y a su partido, el conservador, el mismo que guardó despreciable silencio en su triste partida. Nos referimos al ex ministro, ex embajador y ex senador Rodrigo Marín Bernal.

El Barquero –que tuvo la fortuna, el honor y el privilegio de formarse bajo su alero, en la política caldense– rescata para esta recordación una reseña correspondiente a un acto en el que le celebramos su penúltimo cumpleaños, en la capital del país. Nuestro querido personaje moriría dos días después de haber cumplido sus 81 años.
La Barca de entonces

Nos congregamos el 28 de diciembre, en “El Pórtico” –restaurante dal norte bogotano– los más cercanos amigos de Rodrigo Marin Bernal, para homenajearlo en la celebración de sus 80 años.

Su arribo al octavo piso estuvo precedido de acontecimientos que lo acompañaron de manera especial. En los años cincuenta, en sus mocedades, se convirtió en el motor de la juventud laureanista que se rebeló contra el régimen dictatorial del general Gustavo Rojas Pinilla, quien se dedicó a perseguir a quienes se oponían a su gobierno de facto.

El periódico “Afirmación”

Así se llamó el periódico anti-rojista que se imprimía inicialmente en la “Editorial zapata” (diagonal a la Catedral de Manizales) y cuando estaban a punto de ser descubiertos por la “gestapo” criolla, se trastearon (mimeógrafo en mano) a unos viejos caserones desocupados de la ciudad. Los panfletos atacaban las felonías del excluyente gobierno del departamento de Caldas encabezado por el general Sierra Ochoa y el coronel Cuervo Araoz, siguiendo órdenes del Palacio de San Carlos.

Los conspiradores

El brioso Marin denunciaba con su punzante pluma la existencia del llamado “Melgarcito” regional (una finca de recreo que los tiranos de la comarca tenían en la vereda manizaleña El Rosario). En su accionar conspirador contra charreteras y botas el futuro líder conservador compartía escondites con Mario Calderón Rivera, Emilio Echeverri Mejía, Hernando Yepes Arcila, Guillermo Escobar Alzate , Roberto Rivas Salazar y Héctor Jaramillo Gutiérrez, quienes le hacían eco a las proclamas del famoso “Escuadrón suicida” que desde Bogotá dirigían Belisario Betancur y Alfredo Araujo.

El destierro

Cuando los áulicos del gobierno golpista delataron a Marin Bernal por ser el inspirador de las denuncias contra los excesos de la camarilla local, le fue negado su acceso a la Universidad de Caldas y después de un carcelazo infame, escapó a Bogotá oculto en un camión carga. Encontró su primer refugio en las instalaciones del diario El Siglo cuando estaban en el entorno del templo de La Capuchina, donde trabajó como redactor. Cincuenta años después se convirtió en su director. Luego, buscó el apoyo de Rodrigo Ramírez Cardona, tocando las puertas de la Universidad Javeriana, en la que tampoco fue recibido. Finalmente, obtuvo su ingreso a la Universidad Nacional de Colombia, en la que coronó su carrera de abogado.

El regreso

Después del hundimiento de la dictadura, Marin regresó a su natal Caldas para impulsar el naciente Frente Nacional inspirado por Laureano Gomez y Alberto Lleras, enfrentando al MRL, disidencia Liberal lopista que comandaron Jaime Lopera Gutiérrez y Víctor Renán Barco. Recorrió el Viejo Caldas acompañando a Fernando Lodoño, Otto Morales, Hernán Jaramillo, Jorge Mario Eatsman, Ancizar López, Rodrigo Gómez, Luis Granada, Camilo Mejía, Guillermo Isaza, Arturo Montoya, Marino Jaramillo, Alberto Mendoza, Ramón Marín, Gilberto Arango, Julio César Uribe y José Restrepo. Ellos sentaron las bases de una convivencia pacífica que después llevó al hijo de don Jesús Antonio y doña Pastorcita a los altos destinos de la nación. Marín fue Contralor de Bogotá, cuatro veces ministro, senador y embajador y estuvo felizmente casado con doña Ana Cecilia Quiroz. Para ella, que rinde permanente homenaje a la memoria de su amado esposo, resulta inexplicable que la muerte de este gran valor humano no le haya merecido, al menos, una moción de pesar al llamado Directorio Nacional Conservador que él sí supo presidir y orientar en los tiempos del mandato de su copartidario Belisario Betancur.

Paz en la tumba de este arquetipo de la vieja política colombiana que ahora, por desgracia, no se nutre de valores como él.

Ir a la barra de herramientas