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La Bandera de EE. UU. en La Habana

Editorial El Nuevo Herald, Miami

Bandera gigante del Museo Nacional de Historia Americana, Washington, D. C.

Este viernes marca un día histórico en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

La bandera norteamericana se iza en el edificio que ahora es la sede de la embajada estadounidense –después de albergar a la Sección de Intereses por casi cuatro décadas– tras el anuncio del restablecimiento de relaciones entre ambas naciones, el pasado 17 de diciembre.

Este viernes se produce también la primera visita de un secretario de Estado norteamericano a Cuba desde hace 70 años. John Kerry presidirá la ceremonia de izado de la bandera en la embajada.

En una entrevista con el columnista Andrés Oppenheimer, publicada el jueves, Kerry afirmó que los derechos humanos estarían a la cabeza de su agenda cuando se reúna con el canciller cubano, Bruno Rodríguez, el mismo viernes, tras la ceremonia de inauguración de la embajada.

No habrá representantes de la oposición en el acto en la sede diplomática, pero Kerry dijo que se reuniría más tarde con los disidentes.

Al anunciar el cambio en la política hacia Cuba, el presidente Barack Obama expresó que la actitud de enemistad mantenida durante medio siglo no había dado resultados positivos, no había logrado cambios en la isla. La postura de la Casa Blanca que Kerry representa en su visita de este viernes subraya que un acercamiento entre ambos gobiernos producirá mejoras en Cuba, tanto en el marco político como en el económico.

No obstante, el régimen de La Habana hasta ahora no ha dado señales de una mayor tolerancia hacia la oposición. De hecho, los arrestos contra los manifestantes son frecuentes. Integrantes de las Damas de Blanco, por ejemplo, han sido detenidas durante 17 domingos consecutivos tras la caminata tradicional que realizan en el barrio habanero de Miramar. Y según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, más de 670 opositores pacíficos fueron detenidos solamente el mes pasado. Si la fórmula del acercamiento funciona y trae un alivio a la represión, probablemente será a largo plazo. Los viejos hábitos son difíciles de vencer.

De cualquier forma, al izarse este viernes la bandera norteamericana en La Habana, se consolida un proceso político que ha generado tantas esperanzas como dudas. Comienza un nuevo y hasta hace poco impensable capítulo en la relación de dos naciones enlazadas por la geografía y por la marcha de la historia.

 

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