Al instante

La antidemocrática consulta del Partido Liberal

Por Jorge Bustamante (razonpublica.com)

En medio de críticas por su costo, por la maniobra de un “Manifiesto” que excluyó a algunos precandidatos, y con la participación más baja de la historia, la consulta del 19 de noviembre fue otro signo inequívoco de la  crisis del Partido Liberal.

Consulta mediática…

El pasado 19 de noviembre se llevó a cabo la consulta para elegir el candidato presidencial del Partido Liberal en las elecciones de 2018.

La consulta se dio en medio de agudas divisiones políticas e ideológicas, de forcejeos de mecánica electoral, de obstrucciones y reclamos internos, de intervenciones externas y de una gran expectativa. También se produjo en medio de la gran atomización de precandidaturas y candidaturas, partidistas e independientes, con todo tipo de orientaciones.

La gran atención que recibió esta consulta se debió, entre otras razones, a que:

  • Fue la primera definición de candidato por voto popular para estas elecciones;
  • El Partido Liberal fue el más grande durante muchos años y el gran aliado del  presidente Santos en sus dos mandatos;
  • El proceso de negociación de paz y su culminación fue conducido por miembros del liberalismo;
  • Durante los dos gobiernos de Uribe el Partido fue perseguido y dividido en más de seis colectividades.

Además, en este período (2002-2010) el antagonismo entre Uribe y el expresidente  Gaviria, quien era el director del Partido Liberal en ese entonces, había llegado a niveles insospechados. Actualmente, Gaviria es uno de los grandes defensores del proceso de paz con las FARC y Uribe su más grande opositor, lo que explica parte de la polarización política del país alrededor de la consulta.

… y reducida

Partido Liberal.
Partido Liberal.
Foto: Cámara de Representantes

Inicialmente, en la consulta electoral del 19 de noviembre se iban a presentar varios partidos, entre ellos el Liberal con siete precandidatos: Juan Fernando Cristo, Edison Delgado, Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán, Sofía Gaviria, Vivian Morales y Luis Fernando Velasco. Esto le habría costado al país aproximadamente 85 mil millones de pesos.

Por estos costos, y por la imagen negativa de los partidos políticos de cerca del 85 por ciento, los demás partidos renunciaron a la consulta y solo el liberalismo decidió continuar, pese a la aguda oposición de Juan Manuel Galán quien, punteando en las encuestas, la propuso para el 11 de marzo de 2018, día de las elecciones para Senado y Cámara. Esta discrepancia con las directivas del Partido y otros precandidatos motivó su retiro de la misma.

Con cada consulta del Partido Liberal disminuye considerablemente la cantidad de electores.

Galán era un aspirante con opción de ganar, pero no encajaba en la compleja relojería política del partido. En primer lugar, por su débil compromiso con la paz. En segundo lugar, por los riesgos en la sucesión de la candidatura presidencial liberal del 2022, pues si perdía quedaría posicionado y les cerraría el espacio a futuros candidatos y si ganaba no garantizaba la “fila india”.

El retiro de los otros partidos de la consulta del 19 noviembre, la renuncia de otros dos precandidatos –Velasco y Delgado– y la exclusión de otros dos –Gaviria y Morales–, así como las dificultades fiscales, llevaron a que solo se dispusiera de 40 mil millones de pesos para la consulta. De este modo quedó anulada la posibilidad de realizarla en zonas rurales, indígenas y de negritudes, y en lugares con alta concentración de víctimas.

El lío de los precandidatos

El motivo del retiro del senador Velasco, al parecer, fueron las investigaciones judiciales que se llevaban a cabo en su contra. La de Delgado fueron sus malos resultados en las encuestas.

La exclusión de Sofía Gaviria y Vivian Morales fue consecuencia de la expedición del Manifiesto Liberal. Ambas tenían posibilidades de una votación considerable y de alto riesgo para la dirigencia del Partido, y por eso se inventaron ese artificio para excluirlas, pues firmar el Manifiesto era condición para inscribirse como precandidatas.

El senador Galán lo había firmado, pero para las senadoras Gaviria y Morales era imposible por las posiciones que habían asumido frente al Acuerdo de paz y su desarrollo legislativo.

El Manifiesto Liberal tiene ocho puntos y dos de ellos tienen nombre propio:

  • El punto 3, que exigía comprometerse “a rechazar todo tipo de acción dirigida a discriminar a cualquier persona por su género, su origen social, su convicción política, su orientación sexual, su raza, y otras distinciones que no sean razonables en la ley” y que obligaba, entre otras, a “acatar y promover el cumplimiento de las decisiones de la Corte Constitucional que han reconocido derechos de grupos sociales y comunidades tradicionalmente marginadas y discriminadas como las mujeres, las minorías étnicas y personas de orientación sexual diversa”.
  • El punto 8, que les exigía “procurar la convivencia pacífica y la construcción de una paz estable y duradera, para lo cual expresan su compromiso de apoyo sin condiciones a la implementación del acuerdo suscrito por el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc para terminar el conflicto armado. Así mismo, apoyarán cualquier otro acuerdo que se suscriba con otra organización guerrillera en condiciones similares, convencidos de que la salida negociada es lo que corresponde de mejor manera a los principios liberales y lo que resulta éticamente correcto”.

Para Morales, reconocida líder cristiana, era imposible moral y políticamente aceptar esas condiciones por su posición frente a los LGBTI y sus puntos de vista jurídicos sobre los desarrollos legislativos del Acuerdo con las FARC. La pregunta es por qué fue acogida con bombos y platillos en las listas para Senado del Partido Liberal en 2014 pero vetada como precandidata presidencial. Se podría responder que fue por razones ideológicas, pero la decisión se explica mejor por el hecho de que era una amenaza real para que los favoritos del Partido ganaran la candidatura, habida cuenta del apoyo de los cristianos.

Con Sofía Gaviria ocurrió algo parecido. Ella, como presidenta y representante de Asociación de Víctimas de las FARC, tampoco podía aceptar las condiciones del Manifiesto, sobre todo en lo que respecta al punto 8 y al trato que recibieron las víctimas durante la negociación y después de la firma del Acuerdo Final.

Las víctimas siguen en capitis diminutio dentro del desarrollo legislativo del Acuerdo de paz, y su organización y cuantía también eran un riesgo electoral para las preferencias de los dos grandes dirigentes del Partido Liberal:

  • El senador Horacio Serpa, director saliente e inspirador del Manifiesto Liberal, adepto a la precandidatura de Juan Fernando Cristo y
  • El expresidente Gaviria, director entrante y promotor de la candidatura de Humberto de la Calle.

Los tristes resultados

Elecciones de la consulta del Partido Liberal.
Elecciones de la consulta del Partido Liberal.
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

Tanto Cristo como de La Calle eran precandidatos bastante débiles, como lo registraron todas las encuestas. El primero tenía el apoyo de once senadores y 31 representantes del Partido esto es, del grueso de la maquinaria de la colectividad. El segundo tenía mayor aceptación y seguidores de otras colectividades que habían apoyado el proceso de paz, incluyendo a las FARC.

Pues bien, los resultados fueron deplorables si tenemos en cuenta la historia de los resultados de las consultas en el Partido Liberal.

Consulta Liberal 1990 – 2017  

Año

Ganador

Votación para el ganador

Votos totales

1990

César Gaviria

2.797.482

5.397.023

1994

Ernesto Samper

1.245.283

2.223.471

2006

Horacio Serpa

1.051.533

2.227.484

2009

Rafael Pardo

376.739

1.015.910

2017

Humberto de La Calle

362.229

735.957

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil. Incluye votos anulados y no marcados.

Como se puede observar, con cada consulta del Partido Liberal disminuye considerablemente la cantidad de electores. Considerando el crecimiento de la población o, en su defecto, el del Censo Electoral, la situación es sin duda preocupante porque el Partido ha perdido apoyo por razones como:

  • El proceso 8.000;
  • El haberse dedicado a la mecánica burocrática y de contratación administrativa;
  • Haber abandonado las banderas de equidad social, defensa y protección de los más débiles, custodia a toda prueba de lo ético y una lucha sin cuartel contra la corrupción;
  • Haber reformado los estatutos ilegalmente y dejando por fuera la representación de sindicatos, campesinos, estudiantes, empresarios, mujeres, juventudes, negritudes e indígenas;
  • Haber asumido –innecesariamente– toda la responsabilidad de un proceso de paz mal negociado y con una impopularidad del 70 por ciento y
  • Haber dejado avanzar candidaturas sin programa.
El número de votos que obtuvo cada uno de los precandidatos es inferior al número de firmas requeridas para inscribirse como candidato.

Así se llegó a los resultados de la última consulta, cuando el Partido Liberal obtuvo apenas 689 mil votos. Si descontamos los anulados y no marcados, encontramos que esta cifra equivale, en relación con el potencial electoral de Colombia (35.091.924 votos), a una participación del 1,96 por ciento. Esto a pesar de que se trataba de una consulta abierta o donde podían votar personas sin partido o de cualquier partido.

Lo más sorprendente es que el número de votos que obtuvo cada uno de los precandidatos es inferior al número de firmas requeridas para inscribirse como candidato: 386.000. Con estos resultados es explicable que los tres precandidatos excluidos de la consulta hayan pedido la renuncia del director del Partido y hayan decidido no reconocer al candidato ganador, Humberto de la Calle.

En conclusión, el Partido Liberal acabará embarcándose en las coaliciones más insospechadas, pero con esto no logrará esconder la urgencia de un replanteamiento programático, ideológico, estratégico y electoral antes de que se autodestruya o sea absorbido.

Una consulta como la del domingo pasado es antidemocrática, excluyente y hasta ilegal, además de suicida. Ahora, los otros candidatos deben estar vacilando ante la opción que tenían de unir fuerzas. Con la preocupante crisis de los partidos políticos puede pasar cualquier cosa.

 

* Politólogo y economista, exdirector de Planeación Distrital, exgerente de la ANDI en Bogotá, exgerente general de ISA, profesor universitario, consultor internacional, columnista de varios medios y exdirector nacional del Instituto de Pensamiento Liberal.

 

 

Ir a la barra de herramientas