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Jorge “Polilla” perdió pero ganó

Por Guillermo Romero Salamanca

Jorge "Polilla" Da Silva. Archivo GRS

No le dicen, ni Jorge, ni Orosmán, ni Da Silva, ni Echeverrito. Simplemente lo llaman como “polilla”. Este 11 de diciembre su familia y los hinchas de América de Cali le prenderán 56 velitas sobre la torta más esperada en diciembre.

Perdió en la semifinal con Millonarios, un gol lo sacó, pero resultó ganador en el fútbol colombiano al resucitar a un equipo que ya alistaba maletas para la B.

Los titulares deportivos del 4 de septiembre del 2017 lo anunciaron como el remplazo de Hernán Torres en el América de Cali y los seguidores del equipo escarlata que tiene en su pecho a un demonio con un tridente, se ilusionaron porque con “polilla” podrían salir de la tentación de retornar al averno donde estuvieron por cinco interminables años.

El hecho es que el nuevo director técnico le dio un nuevo aire y el olor a azufre se desvaneció totalmente con sus ideas, el esfuerzo de sus jugadores y otro tipo de ayudas. Llegó incluso a la semifinal de la Liga pelando contra uno de sus más grandes enemigos: “Millonarios”.

Jorge Orosmán nació el 11 de diciembre de 1961 en Montevideo, Uruguay y comenzó su carrera deportiva a los 14 años. Después de su paso por varios equipos nacionales, llegó en 1982 a España donde anotó 5 goles en los 16 partidos que participó.

Luego de una ingrata etapa por Atlético Madrid llegó en 1987 al River Plate y en 1989 fue fichado por América de Cali, donde traveseó entre 1989 y 1994, con un total de 173 partidos e hizo 65 dianas.

Polilla, porque así ya se le llamaba por los narradores del balón pie, tuvo su mejor año con los escarlatas en 1991 cuando golpeó las redes internas de los arcos en 20 oportunidades. Y fue campeón de ese club en 1990 y 1992.

En su vida como jugador participó en 429 partidos y se llevó los aplausos en 149 ocasiones.

“Polilla” y sus aciertos como técnico del América.
Foto archivo GRS

Uno de sus grandes retos, desde luego, ha sido llegar al equipo caleño, donde había mucha expectativa. No se quería el descenso a la B. Incluso el Papa Francisco, en su diálogo ante 22 mil jóvenes en la plaza de Bolívar les manifestaba que tuvieran un encuentro con las personas, incluso para hablar de un partido entre el Nacional y el América.

Pero es que los resultados no se daban, Hernán Torres había sido el héroe de ascenderlo a la Liga, pero ya sus jugadores y él mismo no tenían ni idea de cómo mantenerlo en la A. En septiembre claudicó el técnico y se dio a conocer el nombre de Jorge Da Silva. Los sabios comentaristas deportivos de la capital azucarera de Colombia sostenían que de pronto vendría a jugar al estilo uruguayo: pelotazos, fuerza y cabezazos en el área.

Al América le quedaban 9 fecha, con partidos difíciles. Debía jugar con las matemáticas. Sus seguidores soportaban todos los memes y mensajes de celular de los verdes. Era un titubeo constante. Pero fecha a fecha fue sacando al equipo.

Total, Polilla sacó a los demonios del Tártaro.

Polilla se paraba al borde de la cancha, vestido siempre de saco y animaba a sus jugadores hasta llevarlos a la semifinal. Por alegar con un árbitro lo mandaron a dirigir en los altos de los estadios  y pagar una multa de $1.475.434 por “protestar decisiones arbitrales”.

En este cumpleaños de Jorge Da Silva se cumplirá con la frase que dijera Confusio, “Por mirar la pequeñez de un gusano podemos perder la grandeza de un eclipse” o para hacerlo más colombiano, sería ejemplarizar la máxima de Maturana, “perder es ganar un poco”.

Feliz cumpleaños Polilla.

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