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Ineludible convocatoria de Constituyente

Por Jorge Eliecer Castellanos M.*

Capitolio Nacional, Bogotá Foto blogspot.com

 Se nos vino encima la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Los últimos hechos de corrupción que judicializan senadores y magistrados de la Corte Suprema, entre otros, están precipitando tal convocatoria.

Parece para los entendidos que procuran el cambio del marco constitucional que, primero, hay que cambiar la ley de leyes, antes que las costumbres políticas y los dirigentes.

Hace pocas horas, la Senadora Vivian Morales, informó que se dispone a presentar esta iniciativa al estudio y aprobación del Congreso Nacional.

Ciertamente, la denominada asamblea o convención constituyente o constitucional es una reunión nacional de representantes populares que asumen el objetivo específico de dictar las reglas que, en el futuro, regirán la relación entre gobernantes, gobernados, el funcionamiento, distribución del poder y fundamento de su sistema político y social. Ese ejercicio soberano se conoce como poder constituyente y opera por el poder constituido.

Ahora bien, esta asamblea o congreso constituyente es un organismo de representantes colegiado que tiene como función redactar la nueva constitución, dotado para ello de plenos poderes o poder constituyente al que deben someterse todas las instituciones públicas. A menudo se define en algunos textos de ciencias políticas y sociales, como la “reunión de personas, que simbolizan el pueblo ejerciendo su autoridad de mandatario, que tienen a su cargo ejercer la facultad de legislar, para editar una nueva ley fundamental y las nuevas líneas de la organización de un Estado, que modificarán los prototipos ya existentes”.

Así las cosas, la asamblea constituyente se constituye en un mecanismo popular y democrático, para la configuración de un nuevo modelo de legislación constitucional y de organización estatal.

Es más, no se trata de generar enmiendas constitucionales propias de las funciones de los parlamentos, sino de transformaciones radicales, orientadas al cambio de sus estructuras básicas.

Hoy por hoy, se pueden encontrar dos tipos de asambleas constituyentes:

Primeramente, Asamblea constituyente no institucionalizada que es aquella asamblea nacida espontáneamente, sin regulación previa; verbigracia, la asamblea de las provincias del Alto Perú de 1825 que dio origen a la República de Bolivia.

En segundo lugar, la Asamblea constituyente institucionalizada, que justamente es aquella que se encuentra contemplada y regulada por la propia Constitución. Es una organización temporal, electiva, representativa, democrática, pluralista y para reformar el texto constitucional. Tal es la situación del cuerpo previsto en el art. 30 de la Constitución de la República Argentina para toda reforma -total o parcial- del texto de la Ley Suprema. Se forma únicamente para tal objetivo y se disuelve una vez aprobado o rechazado el cambio propuesto.

Históricamente, aparece como primigenio origen de este tipo de cuerpo reformatorio, la Asamblea Nacional Constituyente francesa de 1789.

Luego apareció la Asamblea del Año XIII, convocada por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata a fin de declarar la Independencia y sancionar una nueva Constitución, objetivos no cumplidos.

Posteriormente, se da cuenta del Congreso Constituyente de Santa Fe, reunido en esa ciudad argentina con motivo de la sanción de la Constitución de 1853, y las convocadas con posterioridad -en dicha ciudad- a fin de reformar el texto de la Carta Magna: 1860, 1866, 1898, 1949 -anulada-, 1957, 1994 (téngase en cuenta que, en este país, la única manera de reformar el texto constitucional es mediante una declaración de necesidad de la reforma votada por los dos tercios de cada Cámara del Congreso Nacional, seguida de la convocatoria a la citada Convención, cuyos miembros son elegidos por el pueblo).

Asimismo, prosiguió el Congreso Constituyente de México que aprobó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, la Asamblea constituyente de la República italiana de 1946, la Asamblea Nacional Constituyente de Costa Rica de 1871, la Asamblea Nacional Constituyente de Costa Rica de 1949, la Asamblea Constituyente de 1978, Perú, la Asamblea Constituyente de El Salvador de 1982 que aprobó la Constitución Política de 1983, la Asamblea Constituyente de Colombia que aprobó la Constitución Política de 1991, el Congreso Constituyente Democrático que aprobó la Constitución de la República del Perú de 1993, la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela de 1999 que aprobó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 y la  Asamblea Constituyente de Bolivia que aprobó la Constitución Política del Estado de 2007.

De igual forma sesionaron después, la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador de 2007, las Cortes Constituyentes españolas que aprobaron la Constitución de 1812, la Constitución de 1837, la Constitución de 1845, la Constitución de 1869, el Proyecto de Constitución Federal de 1873, la Constitución de 1876, la Constitución de 1931 y la Constitución de 1978.

Se recuerda correlativamente, a la Asamblea constituyente de Panamá del 9 de octubre de 1941, época en la cual Ricardo Adolfo De La Guardia, da golpe de estado, apoyado por el Coronel Remón, a Arnulfo Arias y elimina constitución. Luego en 1945 convoca constituyente, que disuelve la Asamblea, y pasa a emitir la constitución de 1946, ponderada como la mejor de América Latina en su momento. Esa constitución es derogada por el golpe militar del 11 de Octubre de 1968 y da pie a la constitución actual de 1972, aprobada mediante la Asamblea de los 505.

Vale relacionar, rápidamente, también a la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela de 1999, y la actual Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela de 2017 que esta sesionado en Caracas.

La manera de mayor alcance político es avocar las grandes reformas a través de la convocatoria de una Constituyente, empero, se hace reingeniería a las instituciones, a las normas y que ¿pasa con los dirigentes?

Acaso, ¿solo atendemos la consecuencia de la corrupción en las instituciones y nos olvidamos de las causas y reelegimos, como siempre, a sus habituales protagonistas?

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