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Hora de rectificaciones

Por Eduardo Sarmiento, Diario El Espectador, Bogotá

El gobierno y la economía en Colombia. Foto wp.presidencia.gov.co

 

La economía ha entrado en un estado crítico; las cifras más recientes señalan caídas de 5 y 2 % en la industria y el comercio. El sistema se encuentra en un estado de tasa de crecimiento de menos de 1 % y cada vez más cerca de la recesión. Al mismo tiempo, se observa que el déficit en cuenta corriente se encuentra en 3,7 % del PIB y el déficit fiscal en 4 %.

Las tres cifras revelan un sistema inconsistente que se salió de cauce y va a la deriva. Las proyecciones de los organismos oficiales, los centros de estudios cercanos, el FMI y las firmas calificadoras de riesgo se han vuelto una fuente de confusión. Por lo general, se presentan diciendo que la economía tocó fondo y que la tendencia se revertirá en los meses siguientes, y a los pocos días los hechos las obligan a rectificar y repetir el cuento.

No es fácil entender cómo en un período de reducción del déficit en cuenta corriente y aumento del déficit fiscal se desploma la producción. Al parecer, ambos elementos se lograron a cambio de introducir factores contractivos como la reducción de la inversión y el recorte del crédito privado. Se configuró un esquema de ingreso-gasto perverso. Los efectos directos sobre el gasto de la reducción del déficit en cuenta corriente y el aumento del déficit fiscal fueron compensados por los efectos indirectos de la colocación de títulos TES y la reducción de las importaciones.

Tal como se ha reiterado en esta columna, la economía se encuentra en un estado de ingreso nacional superior al gasto, definido como la suma del consumo, la inversión y el superávit de la balanza de pagos, que se autorrefuerza y tiene su manifestación más clara en la extinción de la liquidez representada en los índices negativos de la base monetaria, los medios de pago y el crédito. No se cumplen las condiciones clásicas de equilibrio del mercado monetario que inspiraron la independencia del banco central. El crecimiento económico cae en forma persistente y genera fuerzas que lo acentúan.

El descuadre se acrecienta por la caída de las cotizaciones internacionales de petróleo, que ha sido un desacierto persistente de los expertos gubernamentales. No se ha entendido que no es posible mantener el precio de un producto por encima de los costos sin un cartel organizado. Como era fácil de imaginar, luego de un proceso de gran inestabilidad de alzas y bajas, la cotización terminó en desplome.

Lo cierto es que la economía se ha quedado sin instrumentos. Mientras el déficit fiscal se mantenga en 4 % del PIB, la política de inflación objetivo de bajar la tasa de interés es inefectiva. Los bancos y los agentes privados prefieren mantener sus excedentes de liquidez en TES que entregarlos a sus competidores y al Banco de la República. Por su parte, la ampliación del déficit fiscal es infructuosa mientras se financie con TES, porque causa congestión al comprimir el crédito y la inversión privada.

Estamos ante el fracaso del sistema de cambio flexible, austeridad fiscal y autonomía monetaria. El escaso debate gira en torno de los responsables del error histórico, que no van más allá de increparse entre ellos y demandar más austeridad monetaria. A estas alturas no hay un diagnóstico sobre las causas estructurales del derrumbe.

El país debe entender que el déficit en cuenta corriente, el déficit fiscal y el crecimiento del producto revelan un cuadro inviable. La recuperación de la producción y la estabilidad de la balanza de pagos no se podrán conseguir con el procedimiento de inflación objetivo y déficit fiscal de 4 % del PIB financiado con títulos de ahorro. La solución de fondo requiere un sistema macroeconómico que intervenga el tipo de cambio, acepte la emisión coordinada para el déficit fiscal y sustituya la tasa de interés de referencia por el control directo del crédito y la tasa de colocación.

 

 

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