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Historia de tres ciudades

Por Héctor Abad Faciolince, El Espectador, Bogotá

Foto elbellanita.co

En las áreas metropolitanas de Bogotá, Cali y Medellín vive un cuarto de la población del país.

Por su influencia política y económica estas tres ciudades acumulan un gran poder: en ellas se decide buena parte del destino de Colombia. No desconozco la importancia del campo, de las regiones ni de otras ciudades, pero hoy quiero concentrarme en estas tres y analizar (a un mes de las elecciones) las perspectivas de quiénes podrían ser sus gobernantes.
Empiezo por la capital. Hace una semana Alfredo Molano describió el desastre en que se ha convertido Bogotá.

La descripción de los síntomas de la ciudad enferma me pareció exacta; el diagnóstico, sin embargo, equivocado. Después de mostrar sus males, que deben y pueden atribuirse a 12 años de mal gobierno de alcaldes de izquierda, dice que el horror sería que llegara Peñalosa, precisamente aquel que gobernó bien a Bogotá (con Mockus) y le dio un rostro más amable y justo. Garzón, Moreno y Petro (los sucesores de Peñalosa y Mockus), han ido de mal en peor. La democracia electoral consiste en castigar a los malos gobernantes y dar una oportunidad a los buenos. Peñalosa y Bogotá se merecen una segunda oportunidad. Petro y el Polo, un castigo.

Sigo por Cali. Según una encuesta, el conocido empresario del chance (el Chontico Ortiz, dueño de Apuestas Azar) podría ganar las elecciones. Pocas actividades más distantes de la cultura ciudadana que los juegos de apuestas. A su lado pondría solamente los burdeles, la explotación sexual y las falsas universidades, como factores de decadencia urbana. Su antiguo amigo y mentor en la lotería, Angelino Garzón, lidera otras encuestas. Enfermo y desmejorado por los años, representa un modelo populista tan desgastado como él. A esta vieja guardia les disputa la Alcaldía un empresario atípico con ideas innovadoras, Maurice Armitage. De las tres propuestas de gobierno me parece que esta última es la mejor.

Llego a lo que más me duele, mi ciudad. En Medellín lidera las encuestas un candidato cuyo mayor mérito es tener invertidos los apellidos del expresidente Uribe Vélez: Vélez Uribe Juan Carlos. Su único atractivo, también, es ser amigo de Uribe y aparecer de gancho con él en todas las fotos de su millonaria estrategia electoral. No vive en Medellín hace un cuarto de siglo, hace su campaña desde el Club Campestre, no sabe dónde está parado y además es bobo. Lo malo es que sus contrincantes más cercanos también se embobaron: Alonso Salazar, Federico Gutiérrez y Eugenio Prieto.

Se embobaron porque los tres pertenecen a un proyecto que ha sido exitoso para Medellín (lo opuesto a Bogotá) en las tres últimas Alcaldías. Con la lógica democrática de que se premia lo bueno y se castiga lo malo, habría que premiar a un candidato de la alianza que hubo entre Fajardo y Aníbal Gaviria. Federico Gutiérrez era el candidato del fajardismo, pero Alonso (después de ser justamente rehabilitado) quiso reencaucharse y en vez de volver a ser el buen escritor que es, regresar a la Alcaldía. Como es fajardista purasangre, el fajardismo se bajó del bus de Federico y apoyó a Alonso. Y Prieto, por imposición de los caciques liberales de Bogotá (Serpa y César Gaviria) se unió al tenebroso Luis Pérez. Pérez lo traicionó y se fue con los de su calaña: Rico, Liliana Rendón y los Suárez de Bello. Así se creó la suicida división de tres buenos candidatos: Federico, Alonso y Prieto. Un suicidio del ego, como cuando Peñalosa se fue contra Gina Parody en Bogotá. Si quisieran seguir en el proyecto de hacer de Medellín una ciudad que deje de ser indigna, deberían tirar un dado y los tres apoyar al que gane.

La unión de Federico, Alonso y Prieto es necesaria para salvar a Medellín. Menos mal que en Antioquia los herederos de Fajardo van unidos y un ciudadano íntegro, Federico Restrepo, derrotará al nefasto Luis Pérez. Este lidera las encuestas, pero Restrepo crece cada día. Confío en que los perseguidos por Luis Pérez no nos tengamos que ir al exilio.

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