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Hipótesis en torno a la corrupción

Por Jaime Lopera

Informalidad laboral y transgresión a las nomas. Imagen vanguardia.com

La contracultura de los outsiders

Comencemos por decir que la búsqueda de respuestas a la corrupción es inagotable. Siempre habrá una manera de abordarla desde muchos puntos de vista y desde diversas disciplinas profesionales Le pedimos prestados a la antropología algunos conceptos para ilustrar el tema a la luz de ciertos fenómenos sociales y con el propósito de adelantar las siguientes hipótesis:

  1. Los colombianos nos distinguimos por dos particularidades sobre las cuales ya hay un consenso general: somos transgresores y somos rebuscadores.
  2. La transgresión viene desde tiempos coloniales y se materializa en todas aquellas conductas que buscan sacarle el cuerpo a las normas legales. “Se obedece pero no se cumple” es una sentencia que llegó con los conquistadores (con Quesada, en particular) para burlarse de la Corona española y quedarse como una costumbre entre nosotros.
  3. Veamos unos cuantos ejemplos actuales. Somos informales en el campo laboral (el 53 por ciento de las pequeñas y medianas empresas abominan la formalidad para evitar los pagos de seguridad social); no nos gusta pagar impuestos (solo 1 de cada 8 personas pagan imporrenta); nos complace el uso del dinero en metálico (50 por ciento de la oferta monetaria es en efectivo) —que, por cierto, ayuda al fomento de la economía subterránea; apelamos con frecuencia a los créditos gota-a-gota para esquivar el crédito formal; nos agrada el chance y la lotería semanal; y la minería ilegal es por supuesto clandestina.
  4. Y por si fuera poco, somos afanosos consumidores en el supermercado de la justicia donde se compran sentencias en una góndola y una casa por cárcel en la de enseguida –como lo hemos visto recientemente con toda la desvergüenza posible.
  5. El rebusque, por su parte, es una condición un poco más limpia que la transgresión, pero limita con ella por muchas partes. La creatividad nacional es muy abundante tanto para hacer cosas bien hechas (v.g., los deportes) como para redondear toda clase de infracciones con astucia e ingeniosidad.
  6. Si aceptamos que la mayoría del pueblo es Transgresor y Rebuscador, ese es en efecto el contexto de la cultura colombiana en la actualidad.
  7. “La cultura…quiere significar la manera total de vivir de un pueblo, el legado social que el individuo recibe de su grupo”[1]. Otra definición común trata de los saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo.
  8. Una tribu de indígenas posee su propia cultura (sus saberes, sus alimentos, sus plantas, sus cacharros, sus ritos de parentesco, su lenguaje, sus signos) la cual es por lo general diferente a la cultura de la tribu vecina. Del mismo modo, la enorme tribu de los infractores tiene sus propios saberes, su propia fisonomía y su propia dinámica social.
  9. Aceptada esta premisa (que los colombianos somos transgresores y rebuscadores) lo que sigue es afirmar que las personas que carecen de estas dos condiciones son (¿somos?) unos outsiders en este país: una tribu de renegados, de forasteros, unos extraños a esa cultura predominante en nuestra nación.
  10. Es decir, los “forasteros y renegados” (en el seno de esa cultura transgresora) son aquellas personas que piensan, sienten y actúan de manera coherente en torno a unos valores de respeto, convivencia, tolerancia, integridad, ciudadanía, participación, meritocracia, justicia, equidad, etc. y que por lo tanto van a contracorriente de la cultura dominante de la trasgresión y el rebusque que practica la mayoría.
  11. En su momento histórico, los hippies, rockeros, punks o grafiteros fueron señales visibles de una oposición al statu quo. Hoy por hoy los celosos cumplidores de las reglas de convivencia, de democracia, de justicia, de equidad, hacen parte de unas nuevas tribus que están en contra de los nuevos valores culturales de transgresión y rebusque dominantes. En una palabra, ellas son un grupo social marginal, son (¿somos?) una contracultura. En otras palabras, ¿es el statu quo, del que suele hablarse, una cultura naturalmente transgresora?

 

Agosto 2017

[1] C. Kluckhohon, Antropología. Fondo de Cultura Económica, México, 1949; página 29

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