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Héctor Barajas: !Bienvenido a Estados Unidos!

Diario La Opinión, Los Angeles, California

Héctor Barajas, ahora ciudadano norteamericano. Foto La Opinión

Veterano deportado a México logra ingresar a San Diego juramentar como ciudadano americano

SAN DIEGO.- A Héctor Barajas, el veterano deportado a México, se le hizo realidad este viernes lo que por más de seis años pensó que era imposible, regresar y convertirse en ciudadano de los Estados Unidos.

Es el primer veterano deportado con el antecedente de haber cometido una falta que el propio gobernador Jerry Brown le perdonó y que logra la ciudadanía.

La verdad, pensé que esto no iba a pasar. Es algo impresionante pero tuve fe y no paré“, dijo Barajas después de prestar juramento como ciudadano de los Estados Unidos. Reconoció que la ceremonia en el edificio del Servicio de Migración y Ciudadanía (USCIS) en San Diego,  lo emocionó hasta las lágrimas.

 Pero la mañana no estuvo exenta de nerviosismo ya que en el cruce fronterizo de Tijuana, lo detuvieron durante una hora mientras revisaban que toda la documentación estuviera en orden.

Al lado de sus padres Margarita y Navidad, y su hija Liliana, prometió seguir en la lucha por la Casa de los Veteranos Deportados en Tijuana conocida como “El Búnker” y para que los deportados regresen a los Estados Unidos. Se calcula que hay más de 1,000 en México.

Voy a vivir entre Los Ángeles y Tijuana“, aseguró Barajas quien apenas el 3 de marzo cumplió 40 años.

Entre los abrazos de amigos, familiares y veteranos que acudieron a felicitarlo, pidió a los que han sido deportados que no pierdan la fe. “Hay que luchar, poner acción y las pilas para lograrlo”, exclamó.

Familiares y amigos acompañaron al veterano. / Foto: Araceli MArtínez-Ortega.

Barajas no cabía de la felicidad. Se reía solo. “No guardo ningún rencor”, aclaró.

A Barajas le costó más de seis años regresar a los Estados Unidos y hacerse ciudadano.

Nació en Fresnillo, Zacatecas, México pero fue traído por sus padres cuando tenía siete años a los Estados Unidos.

Cuando terminó la secundaria se enlistó en el ejército. Sirvió en la 83 Division Airbourne .

En 2001, dejó el Ejército y regresó a la vida civil en Los Ángeles. Ese mismo año cometió una falta por conducir en estado de ebriedad. Lo peor sobrevino en 2002 cuando se metió en líos con la justicia. Iba con unos amigos en un automóvil cuando uno de ellos disparó a otro vehículo. Nadie resultó herido pero de todos modos fue condenado a prisión por un año.

Al salir, le quitaron su residencia permanente y lo deportaron en 2004. En 2010 regresó a los Estados Unidos sin papeles pero una vez más, en 2011, fue deportado.

En 2013, en Tijuana fundó la Casa de Apoyo para los Veteranos Deportados conocida como “El Búnker” para ayudar a los militares deportados a México con servicio médico, y otros apoyos para integrarse a la patria desconocida a la que dejaron siendo niños

En abril de 2017, el gobernador de California le perdonó el crimen cometido pues dijo que desde que fue puesto en libertad había llevado una vida honesta y recta, una buena conducta moral dentro de la ley.Barajas solicitó la residencia en 2016.

“Estoy arrepentido y avergonzado del delito que cometí”, dijo frente a los reporteros.

Con la voz entrecortada por el sentimiento, a punto de llorar, Margarita, la madre de Barajas, confesó sentirse feliz. “Esto es algo que espere por muchos años. Es como si mi hijo volviera a nacer. Es un día grande para mi. Casi me da un infarto de la felicidad”, aceptó.

Los padres de Barajas, Natividad (i) y Margarita (d), emocionados porque su hijo volverá a casa. / Foto: Araceli Martínez-Ortega.

Y confesó que al principio después de la deportación de su hijo se le hacia imposible tenerlo de regreso en los Estados Unidos. “Poco a poco fuimos teniendo esperanzas. Aunque los primeros años fueron los más difíciles cuando tuvimos que ayudarlos a levantar la Casa para los Deportados. Pero a través de las noticias se dio a conocer lo que estaba pasando con los veteranos y vinieron los apoyos”, expreso la progenitora.

No menos emocionado, con los sentimientos a flor de piel, su padre Natividad admitió sentirse aún más feliz que el día en que su hijo Héctor nació. “De estos días, no hay todos los días“, exclamo feliz. Héctor es el hijo mayor de los Barajas. Y el único hijo varón ya que tienen dos hijas menores.

La única hija de Héctor Barajas, Liliana vive en Los Ángeles y es estudiante de secundaria. Nació después de que fue deportado.

“Ella lo que más anhela es que su papá la abrace, la apapache, y que la lleve y la traiga a la escuela. Eso es lo que más ha extrañado”, dijo Margarita, la madre de Héctor Barajas.

Después de la ceremonia de juramentación, Héctor Barajas se fue con su familia a agradecer a la Catedral Episcopal San Paulo y a disfrutar de un almuerzo con mole.

Barajas en su juramentación de ciudadanía. / Foto: Suministrada

Antes de irse, agradeció a todos los que lo ayudaron, los abogados de la Asociación Americana de Libertades Civiles (ACLU), los legisladores, al ex asambleísta y veterano Nathan Barajas quien ha hecho suyo la lucha de los veteranos deportados y al congresista Mark Takano.

Por la tarde, planeaba regresar a Los Ángeles con sus padres y familiares que lo acompañaron a la ceremonia de juramentación.

“Lo que más anhelo es comerme una enchiladas. Mi mamá las hace muy buenas”, dijo sonriente. Pero reafirmó que no se lo olvidará de lo que ha sufrido.

Unión de fuerzas

Nathan Fletcher, ex asambleísta, veterano de los Cuerpos de Combate de la Marina, y presidente de la Coalición “Honorablemente Dados de Baja, Honorablemente Deportado” dijo que trágicamente nos hemos acostumbrado a ver familias separadas por la deportación.

“Pero hoy es diferente. Hoy le damos la bienvenida a casa a Héctor Barajas, un hombre que prestó juramento por el país y estuvo dispuesto a dar su vida. Aunque hasta años más tarde, les hemos cumplido la promesa de la ciudadanía”, dijo.

La Coalición Honorablemente Dados de Baja, Honorablemente Deportados que dirige fue lanzada en 2016 con el solo propósito de provocar un cambio en las políticas para ayudar a los veteranos deportados.

Este grupo fue instrumental para asegurar los perdones que despejaron el camino para el regreso de Marco Chávez y Héctor Barajas”, señaló.  Y feliz como todos los ex combatientes asistentes a la ceremonia de juramentación, Fletcher platicó que tiene muchas cosas en común con Barajas porque en sus misiones militares hasta saltaron de los mismos lugares en paracaidas. Barajas fue paracaidista del ejército.

El congresista Mark Takano no podía también estar más entusiasmado. “¡Bienvenido hermano!, le dijo a Barajas.

Pero admitió que es mucho lo que se puede hacer por los veteranos como declarar una moratoria para evitar su deportación. Resaltó que “la ciudadanía debe ser automática. Ningún veterano debería ser abandonado. Ellos merecen lealtad desde el momento que se ponen un uniforme para defendernos. ¡Ellos son estadounidenses!”, exclamó.

La directora de ACLU San Diego, Norma Chávez-Peterson dijo que todos los veteranos deberían ser ciudadanos y estar en sus casas con sus familias.

“Hoy es un día de celebración pero también es importante reconocer el tremendo trabajo de mucha gente y de quienes crearon la Casa de Veteranos”, indicó.

Y elogió a los abogados pro bono pues dijo que sin su trabajo, no hubiera sido posible obtener la ciudadanía para Barajas. Fue el abogado James Erselius de la firma Latham & Watkins quien representó a Barajas sin cobro alguno junto con la ACLU. “Héctor es un testimonio de perseverancia“, enfatizó.

Tres veteranos regresan

Héctor Barajas es el tercer veterano nacido en México que ha regresado a los Estados Unidos pero el primero en regresar como ciudadano.

El primer fue Daniel Torres y el segundo Marco Antonio Chávez, ambos veteranos de la Marina.

En diciembre de 2017, Chávez regresó al país después de haber sido deportado en 1998 tras cumplir una condena de diez meses en prisión por una falta de crueldad animal. Fue el primer veterano en regresar con el estatus de residente permanente.

Daniel Aarón Torres se autodeportó a Tijuana después de haber servido por cuatro años en la Marina de los Estados Unidos. La decisión la tomó al sentir que sus opciones se cerraban cuando el Departamento de Defensa lo dio de baja por ser indocumentado. Su buen récord lo salvó de ser perseguido legalmente.

En abril de 2016, a los 30 años de edad, después de vivir cinco años en Tijuana,  adquirió la ciudadanía y se convirtió en el primer ex combatiente de origen mexicano desterrado en regresar a Estados Unidos con el apoyo de la ACLU.

 

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