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“Haciendo ‘lobby’ permanente”

Por Cecilia Orozco Tascón, El Espectador, Bogotá

Consejo Superior de la Judicatura (grandesmedios.com)

ALGO BUENO DEBE TENER la reforma de equilibrio de poderes: hay tanta coordinación en los ataques contra ella, unos, de los sectores más retardatarios del país; otros, de los pescadores de río revuelto; y unos terceros, de quienes se han beneficiado de la ausencia de control legal de sus actos, que aún no siendo perfecta —como no lo es—, vale la pena apoyarla en aspectos puntuales, sobre todo en cuanto toca a la Rama Judicial.

Se entiende que los magistrados dominantes de las altas cortes, interesados en ocultar el origen de sus fortunas inexplicables, tengan miedo de un órgano nuevo que los vigile como Dios y el principio de igualdad ante la ley mandan. Ese órgano, el denominado tribunal de aforados, no les gusta a los voceros del Palacio de Justicia porque estará integrado, de acuerdo con lo aprobado hasta ahora en el Senado, por jueces independientes que serán elegidos de listas originadas en convocatorias públicas, y no de nombres puestos arbitrariamente por los investigados ¡Qué tal uno escogiendo a su juez!

No lo admiten porque sería incorrecto hacerlo, pero está claro que prefieren conservar la inoperancia de la Comisión de Acusación, integrada por representantes sin formación académica ni autonomía de criterio. Lo había advertido el valiente Néstor Raúl Correa, uno de los pocos togados que valdría la pena rescatar, después de la reforma, para que continúe adelantando su labor moralizadora en los recintos judiciales, contaminados, entre otros, por los candidatos del expresidente Uribe, hoy crítico del frankenstein que procreó ¡Si su máximo exponente en las cortes es Jorge Pretelt!

Nadie recuerda que en febrero pasado el magistrado Correa reveló que el agonizante Consejo Superior de la Judicatura votó 8 contra 1, “hacer lobby permanente” en el Congreso para impedir su desaparición. “No está bien que nos paremos en los pasillos a esperar congresistas”, les dijo Correa a sus compañeros, pero lo miraron con desprecio. No sólo eso: lo desmintieron, mal encarados, a través de ese otro exponente de la “pulcritud” judicial, Wilson Ruiz. Dicho y hecho: Ruiz y compañía se la han pasado dando vueltas alrededor del Capitolio, sin ningún pudor, mientras pueden acercarse a los parlamentarios para que los sostengan en sus puestos, quietecitos con su poder, sus salarios, sus viáticos interminables, sus componendas. Entre tanto, terminan de postular y elegir a sus amigotes en las vacantes que hay en todos los tribunales, antes de que la reforma les jorobe el paseo.

Otras cortes, en particular el Consejo de Estado, han tomado un camino similar equivocando por completo su estrategia porque sepultaron argumentos válidos que probablemente tienen, en una montaña de lambonería y acuerdos por debajo de la mesa que hasta ahora no han fructificado. De manera incomprensible, el Consejo de Estado se dejó representar por un magistrado saliente, obviamente uribista, Marco Antonio Velilla, tan temido como repudiado por muchos de sus colegas, por sus tratos y mañas. Repito: algo bueno debe tener la reforma al equilibrio de poderes si tiene preocupados a los togados que más sospechas despiertan en la opinión.

Entre paréntesis.- Los “magistrados” de cuestionable actuación y origen político, no judicial: Henry Villarraga, Pedro Sanabria, Ovidio Claros, Angelino Lizcano, entre otros, llegaron a la rama en 2008, por postulación de Uribe. Fue la misma época en que el mandatario puso a sus más cercanos funcionarios a perseguir a la Corte Suprema porque ésta juzgaba a sus aliados y a su primo Mario Uribe. Ahora, siete años después, cuando sus subalternos pararon en la cárcel por cuenta de las órdenes que él les impartía, viene con la misma cantinela de que “esas personas probas… que lucharon contra el terrorismo y defendiendo la seguridad nacional, están en la cárcel unas, otras en riesgo y algunas en el exilio, por ¡la penetración política en la justicia!”. Cínico.

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