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Grupo Editorial El Satélite (GES)

Los acuerdos para la paz en Colombia. Foto cubadebate.com

La pregunta diseñada para poner en consideración de la gente los acuerdos de La Habana entre el Gobierno y las Farc, está técnicamente diseñada y hábilmente ajustada al precepto de la Corte Constitucional en su sentencia C-379: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”.

1). Técnicamente diseñada porque se escogió precisamente el título de la ley estatutaria sobre el plebiscito que revisó y declaró exequible la Corte. Es decir, si la Corte no objetó el título de la ley, es porque eso es lo que se busca con el plebiscito: apoyar una política del gobierno para la “construcción de una paz estable y duradera”.

2). Hábilmente ajustada a la observación de la Corte en el sentido de que el plebiscito no es para refrendar el derecho fundamental a la paz, que ya tenemos todos los colombianos, sino sobre una política del presidente Santos plasmada en los acuerdos de La Habana. En la parte pertinente: para la “construcción de una paz estable y duradera”, no solo se reconoce que todos los colombianos tenemos el derecho fundamental a la paz, sino que el Presidente quiere que esa paz sea estable y duradera.

Y aquí es donde se abre la discusión que, como toda discusión, si es política, no tiene cuando acabar; y si es jurídica, se puede interpretar “según el color del cristal con que se mire”.

1). Del lado del gobierno, la defensa ya está hecha en el párrafo anterior, y se podría agregar un supuesto aclaratorio: “ustedes, colombianos, tienen constitucionalmente asegurado el derecho fundamental a la paz, y yo, como gobierno, voy a ser posible, mediante un acuerdo de paz con las Farc, que ese derecho fundamental sea más estable y duradero”.

2). Del lado de los opositores al alcance de los acuerdos Gobierno-Farc, se puede alegar, con razón, que la pregunta no es neutra; que está violando la sentencia C-379 y, por tanto, la constitución misma.

El profesor de Derecho y Gobierno de la Universidad de Durham, Reino Unido, Thom Brooks, consultado por la BBC, hace esta observación acerca de la importancia de la forma en que se formulan las preguntas de las consultas ciudadanas:

“El uso de un lenguaje neutro es importante porque si es sesgado no permite que se resuelva la cuestión. Si el lenguaje es neutro, entonces no es el sesgo el que gana el voto si no la libre elección de los votantes”.

Brooks cree que el lenguaje de la pregunta del plebiscito en Colombia es sesgada. Y considera que debería sacarse el fragmento que dice “paz estable y duradera”.

En el mismo sentido opina nuestro constitucionalista, Jaime Araujo Rentería, inclusivo un día antes de conocerse oficialmente la pregunta:

“Queda claro que la pregunta del plebiscito no puede ser, entonces, si se vota por la paz o no; ni ninguna otra expresión que directa o indirectamente se refiera a la paz, ya que estaría violando la sentencia de la Corte Constitucional C-379, y por lo mismo, sería inconstitucional, pudiendo la Corte exigir que se modifique la pregunta, ya que conserva la competencia para vigilar que su fallo se cumpla estrictamente como ella lo ordenó”.

La única instancia capaz de ponerle fin a la discusión política sería la misma Corte Constitucional… Pero, sinceramente, el argumento en pro es válido, y además, teniendo en cuenta los procedimientos de una demanda al respecto –que ya se instauró—debiéramos creer que un eventual fallo en contra de la pregunta podría salir una vez pasado el plebiscito: ¿ya para qué?

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