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Habemus Fiscal

Por María Isabel Rueda, Diario El Tiempo, Bogotá

Néstor Humberto Martínez, Fiscal General de la Nación. Foto eltiempo.com

 

El virrey Enrique Santiago no puede seguir faltándoles el respeto a nuestras instituciones.

El Partido Liberal hizo todo lo posible para que no lo ternaran; y alrededor del fogón de la Casa de Nariño se incubó un grupo que lo odiaba, al punto de lograr que hasta la noche anterior a hacerse pública, la terna para Fiscal, Martínez no estuviera incluido. Fue un milagro cómo se salvó. Y claro, del Presidente para abajo debe haber muchos muy arrepentidos.

Ya en la Corte Suprema, ganó su escogencia con los votos de los magistrados malos, pero también con los de los buenos. A Bustos no le alcanzaron, y el grupo rival del magistrado tuvo que entrar a apoyar a Martínez.

Después de someterse y sobrevivir a todo este zarandeo, empezaron a buscarle impedimentos para anularlo como Fiscal: que porque como abogado había manejado los procesos más importantes del país, entonces no podría ser independiente. Con ese prejuicio, hay que cambiar inmediatamente las condiciones alternativas que exige la Constitución para ser fiscal, y aclarar hacia el futuro que solo los abogados sin clientes, o sea los fracasados, pueden cumplir con este requisito. Abogado con clientes no sirve.

Luego lo acusaron de que con Santos no se iba a meter porque fue su ministro. Colombia, a lo ‘fast track’, construyó los expedientes de Odebrecht que involucran a las dos campañas de Santos, y el país mira expectante cuál será la suerte del hombre clave en la monetización de estos recursos: Roberto Prieto.

A eso súmenle el desplome del imperio de los ‘Ñoños’, base estructural del partido de Gobierno y de la reelección.

Pero entonces salieron a decir que como el Fiscal es de Cambio Radical, toleraría la podredumbre de ciertos sectores de ese partido. Ahí están los gobernadores de La Guajira, el alcalde de Riohacha, el de Girardot y los 14 concejales de Cambio en Piedecuesta imputados. Y arranca la feria del destape de la compra y venta de POT en Cundinamarca, que estará de alquilar balcón.

A eso hay que sumarle la independencia con la que Martínez está ajustando la reglamentación del proceso de paz con las Farc. De no ser por él, entre la reparación de las víctimas, las Farc habrían metido un exprimidor de limones, una sal de frutas Lúa y una escoba.

El virrey ya no está asesorando a un grupo guerrillero, sino a un partido político, por lo que como ciudadana le exijo respeto

Estar así de alerta para proteger a las víctimas y a la ciudadanía en general le ha ocasionado al Fiscal que el virrey Enrique Santiago, asesor de las Farc llegado de España, salga a acusar al Fiscal General de la República de Colombia de obstructor de la reconciliación. El virrey ya no está asesorando a un grupo guerrillero, sino a un partido político, por lo que como ciudadana le exijo respeto por nuestras instituciones y sus cabezas.

Ya cansados los críticos con la evidencia de que nada de lo anterior ha parado la labor del Fiscal, le quitan a él el mérito, y se lo dan a EE. UU., en el desenmascaramiento de la corrupción de los magistrados de la Corte que vendían sus fallos. Es claro que Martínez se equivocó de manera grave nombrando a Moreno como fiscal anticorrupción. Pero, a partir de esa equivocación, el Fiscal sacó entereza para ir hasta el fondo y logró construir un caso muy sólido con la ayuda de los gringos que ha estremecido los cimientos de la justicia colombiana, que involucra de manera primordial a los protagonistas de su elección como Fiscal. Sí. A Bustos y al resto de la banda.

Internamente, no le ha temblado la mano para sacar a 62 funcionarios de la Fiscalía por corrupción. Ni para hurgar en los carteles judiciales del Meta o de los tribunales de Cundinamarca y de Cúcuta. Ah, y tampoco a doña Jesucita, en Cartago. Y al cierre de esta semana dio una extraordinaria exhibición de eso que se llama “el deber de la ingratitud”, principio que observan las más fuertes democracias del mundo, consistente en que el elegido rompe todo vínculo con quien lo nominó y votó por él, y se consagra a la preservación de los valores propios de su cargo. Martínez se atrevió a meter preso por sobornos a uno de los más consentidos funcionarios de la organización de su antiguo cliente y buen amigo Luis Carlos Sarmiento, a un costo sentimental y personal que debió ser gigantesco.

Por sus actos los conoceréis. Néstor Humberto Martínez está resultando un gran fiscal. Y de segunda de a bordo tiene a una vicefiscal-maravilla. Debemos rodearlos, porque abrieron demasiados frentes al tiempo. Y eso que todavía les falta jalar el tapete de los cupos indicativos.
Entre tanto… Que el socio oculto de Maduro en Colombia sea tan amigo de Piedad Córdoba y del cuñado de Petro solo es una coincidencia.

 

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