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Gozar Leyendo

Por Darío Jaramillo Agudelo

Gozar Leyendo es un correo periódico enviado por Luna Libros.
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Apuntes

Alessandro Manzoni.- Alessandro Manzoni (Milán, 1785-1873) es un protagonista central de la literatura italiana del siglo XIX. Poe pensaba que “es un plato para paladares robustos”. Y Goethe señaló que “Manzoni nos ayuda a desarrollar buenas ideas”. También Chateaubriand lo admiraba y Verdi compuso su hermosísima Misa de réquiem en honor a Manzoni, autor de Los novios, la más representativa novela italiana del XIX.

Los novios de Alessandro Manzoni (Editorial Porrúa).- La torpeza y la cobardía de un cura de una aldea cercana al lago de Como desatan el culebrón que cuenta Los novios de Alessandro Manzoni, la más divulgada, si no la más importante novela italiana del siglo XIX. La historia transcurre en Milán en el siglo XVII. La receta es la misma de las telenovelas. Con respecto a su época él innova en cuanto a que los protagonistas no son ricos o nobles, sino un artesano y una campesina; y está el malo de la película, un noble de provincia, señor de vidas y haciendas; pero también figura un cardenal santo por todos los lados. Acaso la única diferencia con nuestro soap opera es que, cuando todo está perdido, de súbito, Manzoni nos deleita con un milagro que arregla la situación. Súper efecto dramático. ¿Hay final feliz? No se los cuento, aunque, si de verdad se parece a nuestras telenovelas vene-bra-col-mexicanas, debería haber un happy end. Pero no lo aclaro. Léanla. Es entretenidísima.
Las confesiones de un italiano de Ippolito Nievo (Acantilado)-. Nacido en 1831, el escritor italiano Ippolito Nievo vivió apenas treinta años. De su corta vida destinó apenas nueve meses para escribir las mil cien páginas, sí, mil cien páginas de su obra fundamental, Las confesiones de un italiano, que Claudio Magris considera “una de las poquísimas novelas italianas (como Los novios, con la que puede rivalizar) que está a la altura de las grandes novelas europeas del siglo XIX”. Un personaje imaginario, Carlo Altoviti, escribe sus memorias cuando es ya un octogenario (curioso: un joven de treinta imposta su pluma para hablar en primera persona como un ochentón). Altoviti/Nievo narra la historia italiana, particularmente veneciana, desde los tiempos de la revolución francesa, pasando por las invasiones napoleónicas y austríacas a su amada península y rematando ya pasada la segunda mitad del siglo XIX: éste es el telón de fondo que le sirve a Carlo para contar su vida. La gran transformación de la sociedad durante ese período es la demolición de los privilegios de la nobleza, en aras de la igualdad, y la instauración del capitalismo que confiere el poder a quien tenga el dinero. Nievo lo profetizó (¿o lo corroboró?): “mucho me temo que tengamos de aquí a unos años soberbiamente asentada una aristocracia del dinero, que hará deseable la de la sangre. (…) Si los hombres han reconocido la inutilidad de los derechos fundados únicamente en los méritos de los bisabuelos y de los tatarabuelos, no tardará la monstruosidad de un poder que no se apoya en mérito alguno ni presente ni pasado, sino tan solo en el derecho del dinero, que es una y misma cosa con el de la fuerza”. Altoviti cuenta su vida en medio de ese agitado contexto. Llega a ser rico, llega a ser pobre, llega a estar preso, estará enamorado de una mujer de una manera apasionada y romántica, verá subir y bajar a unos y otros, y contará cada cosa con sabiduría y con gracia, manteniendo al lector atado a la lectura sin que resienta la casi inacabable narración. Excelente.
La prueba del tres con Las confesiones de un italiano.- Es una ley física, o casi: en todas las novelas del siglo XIX hay, al menos, una de tres cosas: adulterio, ludopatía y el desmayo de las mujeres. En Las confesiones de un italiano están las tres; de ellas, la más notable es la ludopatía de la condesa. Ah, la condesa, que sale de su castillo donde vive rodeada de servidores, aristócrata en decadencia, va a instalarse en Venecia durante algún tiempo, se vuelve adicta a las apuestas y contribuye con esa adicción a la ya iniciada decadencia de la familia, que con el empujoncito que le dan las deudas de la arrogante condesa acelera el paso cuesta abajo en su rodada.

Una revelación final, procedente de Las confesiones de un italiano.- En el número 14 de Gozar Leyendo traje a colación un enigma que plantea David Markson en Esto no es una novela: “la cuestión, que al parecer nunca se resolverá, de si el pie tullido de Byron era el izquierdo o el derecho”. Pues Las confesiones de un italiano revela la respuesta. Cuando Altoviti vive en Londres se encuentra con un médico italiano, amigo suyo desde mucho antes, que le cuenta: “¿Conoce a Lord Byron, el poeta?… Pues quería darme diez mil guineas si conseguía alargar en una pulgada la pierna derecha de la que renquea”. Cojos cojonudos.
Diccionadario

“La palabra es un fenómeno como la electricidad, rezumada por todo y viva, con una vida expandida y corriente, pintoresca y diferenciada en sus fenómenos pero identificada como fuerza viva y torrencial” (Ramón Gómez de la Serna).

Tomado de Diccionadario (Editorial Pre-Textos):
Gallena: cruce de gallo con ballena.
Babogado: cruce de babosa y abogado.
Capello: cruce de pequeña iglesia con camelopardálido.
Pinoceronte: cruce de rinoceronte con conífera.
Gusano: lo contrario de güenfermo.

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