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Gerencia del talento humano

Por Eligio Palacio Roldán

Talento colectivo Imagen xavierforcadell.com.

 

La Real Academia de la Lengua define talento como Inteligencia – capacidad de entender y como aptitud – capacidad para el desempeño de algo. Humano como lo dicho de un ser, que tiene la naturaleza del hombre, del ser racional.

¿Cómo gestionar la capacidad de entender, la capacidad para el desempeño de los humanos para obtener los mejores resultados, en el ámbito laboral? La respuesta pareciera difícil en estos tiempos del menor esfuerzo, de búsqueda de dinero fácil, de corrupción. Sin embargo, es bastante simple: se reduce a la aplicación de un refrán popular: “El ojo del amo engorda el Caballo”.

Cuando llego a esta simple conclusión muchos estarán pensando que estoy diciendo lo obvio. Que dadas las características del ser humano inmerso en la cultura facilista de hoy no queda sino una opción: vigilar, vigilar y vigilar. Pero de eso no se trata. Es más, este método inhibe o crea bandos al interior de los grupos e induce a la deslealtad y la trampa. Además es muy poco lo que puedes hacer para controlar, un empleado del siglo XXI, dadas las posibilidades informáticas que facilitan el escapismo del puesto de trabajo. También, claro, la posibilidad de que te roben información.

Más de ocho años liderando grupos de trabajo, de entre 25 y 30 personas y por algunas temporadas de cerca de un centenar de seres humanos, me permiten concluir que el sentido del refrán está en estar ahí: en cada proceso, en el día a día, tratando de generar entusiasmo por lo que se hace. Participando de las pequeñas grandes victorias, de las inmensas mínimas derrotas. Haciéndolas propias, sufriendo por ellas. Inyectando entusiasmo a pesar de la adversidad. Estando presente en cada proceso.

Al interior de los grupos de trabajo se debe, se tiene que, generar confianza. Confianza para ser honestos, para ser sinceros, para suministrar la información, para cuidar la información, para “hacer las cosas bien desde el principio”. Para no mentir. Para tener mente clara y estrategias firmes a la hora de afrontar las dificultades.

 

Me decía uno de mis jefes, en una oportunidad, que yo era un jefe tropelero. El término me sonó como a regaño pero cuando él me lo aclaró estuve completamente de acuerdo. “A usted le gusta estar con su tropa, en el campo de batalla”, dijo. Eso es verdad. Solo así se logra conocer el personal a cargo, descubrir fortalezas, debilidades, amenazas y a partir de allí generar oportunidades de crecimiento personal que confluyen, a su vez, en crecimiento profesional, lealtad y productividad y, obvio, en el cumplimiento de las metas empresariales.

Nunca he visto resultados en una actitud vigilante per se. Tampoco, en ir sacando “las manzanas podridas”. Siempre las habrá y de ellas también hay que sacar lo mejor, así sea poco. En muchas ocasiones, esos elementos han sido generadores de grandes transformaciones en los grupos de trabajo que he dirigido.

Al interior de los grupos, también, es necesario tener elementos disidentes. Personas que te cuestionen, que te contradigan, que te permitan tener otra mirada para de alguna manera tratar de ser objetivo.

Hay que saber escuchar, saber digerir y saber hacer con cada uno de los elementos al interior de una organización.

Imagen innova.com.do

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ANTES DEL FIN

Alguna vez, hace muchos años, inquieto sobre mi desconocimiento sobre la teoría de la Calidad Total, indagué al fundador de la Ingeniería Industrial en Colombia, Dr Jorge Forcadas Feliú, profesor de Calidad. “La Calidad Total, es otra teoría más, el secreto está en hacer las cosas bien desde el principio. No hay otro”. Dijo el inolvidable Maestro, en medio de bocanadas de humo y el olor característico del tabaco fumado en pipa.

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