Al instante

Francia: hechos, enseñanzas y futuro

Por Jaime Araujo Rentería, ex magistrado de la Corte Constitucional, El Satélite

Macron, inicia su era al frente de Francia. Foto runrun.es

Francia inicia este lunes, 15 de mayo del 2017, un nuevo gobierno presidido por el centrista neoliberal, Emmanuel Macron.  

 

El resultado de esta última jornada electoral francesa, bien puede ser un verdadero parto de los montes, pues, los electores, tras dejar tendidos en el ruedo a los partidos tradicionales en la primera vuelta, en el balotaje, Francia ha quedado en manos de un confeso neoliberal que en su discurso de posesión, ayer domingo 14 de mayo, notifica que no cederá en sus propuestas privatizadoras:

 

(…) “Se liberará el trabajo, se alentará la iniciativa privada, se privilegiarán la creación y la innovación”; y, como no podía faltar la consabida demagogia, agrega a renglón seguido: (…) “y se fortalecerá la solidaridad nacional hacia quienes se sienten olvidados por los efectos de la globalización”, un imposible social dentro del modelo neoliberal, como ya lo tiene demostrado la historia.

 

Por todo lo que representa Francia a Europa y al mundo, la sociedad civil de Colombia, mirando los hechos del reciente debate presidencial francés, podría sacar importantes conclusiones, de cara a sus propias elecciones de congreso y presidencial del 2018.

 

Por ejemplo, la posibilidad de derrotar a quienes se creen amos y señores del poder político; desenmascarar la estrategia de la derecha vergonzante de mimetizarse bajo nombres como los de Centro Democrático, Partido de la Unidad Nacional (partido de la U); partidos del arco iris (verde, amarillo, rojo, azul, etc.); tomar nota de la inconformidad que existe contra el modelo económico y la clase política colombiana y de sus vicios, como la corrupción, tanto del gobierno anterior como del actual.

 

También puede observar que la democracia colombiana es mucho más restringida que la francesa, pues, ésta última permite que se presenten nuevos movimientos y nuevas personas al debate electoral, lo que nos obliga, como sociedad civil, a comprometernos en la lucha por la ampliación de la democracia política y económica, y que esta lucha no pasa por una reforma política que restringe cada vez más los derechos del pueblo soberano y elector, al proponer acabar el voto preferente en vez de ampliarlo a través del ‘panachaje’ (combinación de nombres de candidatos de listas diferentes).

 

Nuestra lucha política no pasa por un ‘fast track’, sino por una asamblea constituyente democrática y soberana, que diseñe las instituciones que hagan realidad una verdadera paz con justicia social.


Elecciones en Francia

 

Imagen navarrainformacion.es

Las recientes elecciones francesas nos mostraron varios hechos y nos dejan varias enseñanzas: la primera vuelta presidencial demostró que es posible derrotar el régimen que ha tenido el monopolio del poder político, como en el caso del partido republicano y del partido socialista francés, que no pudieron pasar a la segunda vuelta. Esta labor la realizaron el movimiento político en marcha y el frente nacional, encabezados respectivamente por Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

 

A diferencia de Colombia, donde es difícil que puedan participar partidos y movimientos políticos distintos a los partidos tradicionales, en el reciente debate francés aparecieron movimientos y partidos nuevos como Movimiento en Marcha, del propio Presidente electo o Francia Insumisa que tuvo incluso más votos que el Partido Socialista. Nuevos fueron también Francia Levántate, Resistimos, Nuevo Partido Anticapitalista, Unión Popular Republicana, Lucha Obrera y Solidaridad y Progreso.

 

Las cifras electorales del rancio pueblo francés nos muestran varios hechos relevantes:

 

1).- El potencial electoral registrado era de 47’568.588 votantes; de los cuales, sólo votaron en segunda vuelta 31’397.916 electores.

 

2).- Votaron en blanco 3’019.724 de personas, lo que representa el 8,51% del total.

 

3).- Votaron anulando su voto 1’049.532 de personas, lo que significa que el 2,96% rechazó a ambos candidatos.

 

4).- Por primera vez en estas elecciones, en virtud a una ley de 2014, se han contabilizado por separado los votos en blanco de los nulos, lo que supone un récord histórico en el país europeo.

 

5).- Si sumamos los votos en blanco más los votos nulos nos da cerca de 4’200.000 franceses, que representan cerca del 12% que acudieron a las urnas a mostrar su inconformismo y su oposición al orden de cosas existente en Francia.

 

6).- Si a lo anterior le agregamos que 12’101.416 de personas se abstuvieron de ir a las urnas, lo que representa un 25,44% del potencial, veremos claro el hecho de que cerca del 37% de los franceses rechazaron por igual, no sólo a los partidos tradicionales sino también a los candidatos que pasaron a la segunda vuelta.

 

Esto nos enseña que el inconformismo que existe contra el modelo económico y la clase política no solo es propio de los llamados países del Tercer Mundo; Nos enseña esto, también, que algo huele mal en todo el mundo; que si sumamos los votos de los abstencionistas, más los votos en blanco y los nulos, nos da una cifra superior a los 16 millones de votos, superior en 6 millones a la votación que obtuvo Marine le Pen, y muy cercana a los 20 millones de votos de Emmanuel Macron.

 

Tal vez, los franceses sabían ya que el movimiento político de Macron, ¡En Marche!, que basó su propuesta política en superar las diferencias tradicionales entre la izquierda y la derecha, era un recurso más de la derecha vergonzante que se mimetiza y se coloca aparentemente por encima de las diferencias ideológicas y de cosmovisiones del mundo, pero que en la práctica y en los hechos ejecuta la ideología y el programa de la derecha; a diferencia de la derecha que asume su posición ideológica, como en el caso de marine le Pen. Es decir, la alta abstención, sumada al voto en blanco y nulo puede indicar que los franceses sabían que en realidad estaban escogiendo entre la derecha descarnada de Marine le Pen y la derecha vergonzante de Emmanuel Macron.

 

Algo parecido se nos está dibujando en Colombia de cara a las elecciones del 2018. Ya sabemos, por boca de un avanzado peón del CD, mediante la prueba irrefutable de la confesión, que el partido del expresidente Uribe no tiene nada de “centro democrático” sino que es un partido de derecha.

 

Paradójicamente, muchos de los miembros de la clase obrera francesa, prefirieron votar por Marine le Pen que por Emmanuel Macron; prefirieron darle el beneficio de la duda a le Pen, que no ha sido gobernante, pues tienen la certeza, porque ya lo sufrieron como gobernante, como ministro de economía a Macron, que éste es enemigo de sus derechos. Esto es lo que explica también que, inclusive, antes de posesionarse le han hecho manifestaciones en su contra tanto en París como en Nantes.

 

La bandera de Europa tampoco emociona a todo el pueblo francés; como no emociona a todo el pueblo italiano, ni emocionaba a todo el pueblo de la Gran Bretaña… La razón es muy simple: es que el pueblo europeo ha descubierto que la Unión Europea no es manejada por el pueblo de Europa sino por unos tecnoburócratas desde Bruselas, para quienes son más importantes las cosas que las personas; los negocios que los derechos de los europeos; que existe un déficit de democracia en el manejo de la unión europea; que el ciudadano no puede decidir sobre los asuntos que le competen, porque los tecnoburócratas deciden por ellos.

 

Las esperanzas sobre un gobierno de Macron no son entonces de todos los franceses, y si a esto le agregamos la forma cómo funciona el sistema político, y más exactamente el modelo de gobierno francés, denominado semipresidencial o semiparlamentario, nos daremos cuenta de que el triunfo de su Presidencia no es necesariamente el triunfo de su gobierno, y que es posible que le toque cohabitar con un gobierno que no sea el suyo.

 

Si Francia, como tradicionalmente creemos es un faro de la democracia mundial, resulta interesante echar una mirada crítica a las características de este gobierno, para saber las dificultades que le puedan esperar al nuevo Presidente.

 

1. Gobierno parlamentario

 

Son características del gobierno parlamentario las siguientes:

 

a) Los miembros del gobierno o del gabinete son simultáneamente miembros del parlamento. La razón de ser de este principio es que de esta manera el parlamento puede ejercer un mayor control sobre sus propios miembros, someterlos a preguntas, pidiéndoles cuentas y exigiéndoles responsabilidad política.

 

b) El gabinete o el gobierno están constituidos por el jefe o los jefes del partido mayoritario o la coalición de partidos mayoritarios en el parlamento.

c) El gabinete o el gobierno tienen una estructura piramidal, en la cúspide de la cual se encuentra el primer ministro o presidente del Consejo, reconocido como líder y quien ostenta una supremacía sobre sus colegas de gabinete.

 

d) El gabinete o gobierno permanecerá en el poder mientras cuente con el apoyo de la mayoría parlamentaria, y lo perderá cuando deje de tener la mayoría en el parlamento, o su apoyo. Existe una permanente relación fiduciaria entre parlamento y gobierno, pues, éste último no puede gobernar sin la confianza del parlamento, y, a contrario sensu, podrá gobernar todo el tiempo que mantenga la confianza del parlamento.

 

e) El parlamento y el gobierno deben ejercer un control político reciproco. El máximo control político del parlamento sobre el gobierno es el voto de censura dado por la mayoría del parlamento al gobierno o lo que es lo mismo, la negativa a conceder el voto de confianza pedido por el gobierno al parlamento Ambos casos traen como consecuencia la dimisión del gobierno y un cambio de gabinete o a la disolución anticipada del parlamento y la convocatoria a nuevas elecciones, donde el árbitro supremo será el electorado, ya que si la mayoría gubernamental es nuevamente elegida se supone que el electorado apoya la política del gobierno actual. A su vez, el máximo control político del gobierno sobre el parlamento, es el derecho de disolución anticipada del parlamento que posee el gobierno.

 

2. Gobierno presidencial

 

El elemento fundamental para diferenciar la forma de gobierno presidencial de la parlamentaria está en la recíproca independencia del órgano ejecutivo del legislativo, es decir, del Presidente y del Congreso. No existe una relación fiduciaria permanente entre el legislativo y el ejecutivo como existe en el régimen parlamentario, de tal manera que el presidente puede gobernar sin la confianza del congreso, y no está obligado a dar cuentas de su política al congreso; no existe una responsabilidad política del Presidente que se haga efectiva por medio del voto de censura, permaneciendo en su cargo por todo el periodo por el que fue elegido.

 

En contraprestación a esta inamovilidad del presidente, el congreso no puede ser disuelto por el presidente y permanece en sus funciones por todo el periodo para el que fue elegido. Normalmente el cargo de miembro del congreso es incompatible con otro cargo gubernamental, excluyendo la identidad de miembro del legislativo y del gobierno en una misma persona, típico de los regímenes parlamentarios. Se diferencia también del régimen parlamentario en que el presidente es jefe de Estado y jefe de Gobierno al mismo tiempo.

 

3. Gobierno semiparlamentario o semipresidencial

 

Existe una forma de gobierno que es una mezcla de instituciones de los gobiernos presidenciales y parlamentarios y que por lo mismo se denomina semiparlamentario o semipresidencial.

 

De la forma parlamentaria arriba descrita, conserva la dualidad del ejecutivo (Jefe de Estado y Jefe de Gobierno); la necesidad para el gobierno de mantener la relación de fiducia con el parlamento; la mayoría en el parlamento tiene la posibilidad de conformar el gobierno y el gobierno la posibilidad de disolver el parlamento anticipadamente, etc. De la forma presidencial tiene la elección del Jefe de Estado, vía directa sobre base nacional y no por el parlamento y le otorga al Jefe del Estado importantes poderes de dirección política que son desconocidos a los Jefes de Estado en los ordenamientos parlamentarios clásicos. El papel del Primer Ministro, en situación de “cohabitación”, trae la extensión de las competencias del Primer Ministro a costa del Presidente de la República.

 

En tres ocasiones (1986, 1993, 1997)*, los electores impusieron esta situación en la parte medular del Estado. En efecto eligieron una mayoría parlamentaria opuesta al Presidente de la República, quien por ello se encontró en una situación “apremiante, desde el punto de vista político”, pues, se vio obligado a respetar la decisión de los electores y nombrar entonces a un Primer Ministro proveniente de la nueva mayoría. A esto se le conoce como periodo de “cohabitación”.

 

En esos casos, el Jefe de Estado garantiza la representación de Francia en el extranjero y conserva ciertas prerrogativas por lo que se refiere a la defensa y a la orientación de la política extranjera (esto es lo que comúnmente se llama su ámbito reservado). El Primer Ministro garantiza, por lo que a él se refiere, la administración de los asuntos interiores independientemente del Presidente.

 

La reforma constitucional aprobada por referéndum el 24 de septiembre de 2000, que redujo el mandato presidencial a cinco años (un quinquenio), lo hace coincidir con el de los diputados, elecciones que se efectúan con un mes de intervalo. Esta reforma limitó así la posibilidad de una cohabitación, pero no la excluye.

 

* Los tres periodos de cohabitación son: 1986-1988: Jacques Chirac, Primer Ministro del Presidente François Mitterrand. 1993-1995: Édouard Balladur, Primer Ministro del Presidente François Mitterrand. 1997-2002: Lionel Jospin, Primer Ministro del Presidente Jacques Chirac.

 

Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on FacebookPrint this page