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Feliz cumpleaños, Cardenal Pimiento Rodríguez

Por Guillermo Romero Salamanca

El Cardenal Pimiento Rodríguez. Foto elcolombiano.com

Desde hace 19 años, el noveno Cardenal, monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez, que ha tenido Colombia, vive en el Foyer de Charité San Pablo a unos 20 minutos de Bucaramanga, relativamente cerca de su natal Zapatoca.

Cuando era niño, este hijo de don Agustín Pimiento y de doña Salomé Rodríguez de Pimiento, lo llamaban como Horacio, pero luego cuando ingresó al Seminario de San Gil, sus compañeros le recortaron su nombre y sólo le dejaron los dos primeros: José de Jesús y el Horacio, pasó al olvido.

Cuando tenía 17 años descubrió su vocación sacerdotal. Empezó a estudiar Filosofía en San Gil, terminó Teología en el Seminario Mayor de Bogotá y el 14 de diciembre de 1941, con 22 años edad, fue ordenado sacerdote por monseñor Ismael Perdomo Borrero, arzobispo de Bogotá de la época.

Pronto comenzó a ejercer trabajos de dirección para la Iglesia como párroco, capellán, síndico y profesor, vicario y coordinador de Acción Social y de Acción Católica. A los 36 años –después de 14 años como sacerdote—fue nombrado como Obispo auxiliar de Pasto el 14 de junio de 1955 por el papa Pío XII.

El papa Juan XXIII lo trasladó a Montería y luego el papa Pablo VI lo mandó para Garzón y Neiva.

Durante esos años, participó activamente en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II y luego fue Delegado participante para las II y III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizadas en Medellín y Puebla.

En julio de 1972 fue elegido Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, cargo que desempeñó hasta 1978. En 1973 fue asesor de la Nunciatura en los diálogos sobre el Concordato con Colombia.

El 22 de Mayo de 1975 Pablo VI lo nombró Arzobispo de Manizales,  donde ejerció su ministerio pastoral durante 21 años.

Es quizá en esta época donde sus declaraciones causaron escozor entre las personas que no le entendían su mensaje. Alegó con el presidente Belisario Betancur por el nombramiento de una gobernadora que no daba “buen ejemplo a la ciudadanía” y les solicitó a las muchachas que no usaran minifaldas, “porque eran cuerpos del Espíritu Santo” y con esas prendas podrían escandalizar o crear malos pensamientos.

No obstante emprendió grandes obras para Manizales como el Centro de Evangelización y Catequesis de la Arquidiócesis, la Casa Juvenil y la Casa de orientación a la Juventud, el reforzamiento estructural de las torres de la Catedral de Manizales averiadas por el terremoto de 1979, y la remodelación del Seminario Menor en 1979.

Su participación como trabajador en búsqueda de las ayudas  solidarias a los damnificados por la erupción de volcán Nevado del Ruiz en noviembre de 1985 fue perseverante, al promover unas 100 soluciones de vivienda localizadas en el Municipio de Chinchiná, en las veredas de Papayal, Los Cuervos y La Guayana de Villamaría, y las aldeas agrícolas La Paz y el Encanto.

En  1995, con 75 años de edad presentó su dimisión como arzobispo de Manizales al papa Juan Pablo II, quien la aceptó el 15 de octubre de 1996.

“En el Ángelus del domingo 4 de enero de 2015 el papa Francisco anunció la celebración de un consistorio público para la creación de 20 nuevos cardenales provenientes de diversos países, que se llevó a cabo el 14 de febrero del mismo año en la Basílica de San Pedro; cinco de ellos, cardenales no electores en un eventual cónclave –por superar los 80 años de edad– entre los cuales se encuentra monseñor Pimiento, de 95 años”, informó la Conferencia Episcopal Colombiana.

El 28 de febrero de 2015, monseñor Pimiento recibió de manos del cardenal Arzobispo de Bogotá Rubén Salazar Gómez el birrete, el anillo cardenalicio y el pergamino con el Título otorgado por el papa, en una ceremonia presidida por el Primado de Colombia y el Nuncio Apostólico en Colombia Monseñor Ettore Balestrero, que se realizó en la Catedral Primada de Colombia.

Ahora como Cardenal de Colombia, siendo el de mayor edad en el mundo, se dedica a descansar en el Foyer de Charité, a dar consejos cuando lo solicitan y a caminar unos minutos en la mañana. Quizá a su amor por el deporte –trotó durante muchos años en Manizales, donde le veían en sudadera y tenis ejercitándose—y por su interés por el yoga católico, le han mantenido en vida.  “Cuando me pude parar en la cabeza, dejé esa práctica, porque me parecía peligrosa”, comentó.

Manizales lo recuerda con cariño y el país extraña sus prístinas enseñanzas.

 

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