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Fandiño, un ritual de muerte

Por Carlos Alberto Ospina M.

Iván Fandiño comenzando la faena que le costó la vida. Foto elmundo.es

La muerte es la única que elige el cuándo, dónde y cómo terminan los sueños y las aspiraciones de alguien. Por fuera del cualquier debate en el ámbito de los “mascotistas” y los defensores de animales, el fallecimiento de un ser humano siempre será deplorable.

Algunos, sucumben debido a la picadura de una culebra, varios niños perecen al año o resultan con imborrables cicatrices físicas y sicológicas a causa de las letales mordeduras de perros, y otros, como el torero, Iván Fandiño, caen a los pies de un toro bravo.

Fandiño recibiendo las cornadas de su último toro.
Foto rtve.es

A los 36 años de edad, en la localidad francesa de Aire-Sur-l’Adour, Iván Fandiño, recibió una mortal cornada en el costado derecho, cuando se disponía a ejecutar un quite al astado de Juan del Álamo. La mala fortuna de quedar cruzado y dudar al momento de iniciar el segundo capotazo por Chicuelinas, hizo que se quedara y tropezara en la cara del toro de la ganadería de Baltasar Ibán. Después del traspié, en el piso, el pitón del astado le rompió la vena cava, produciendo un derrame interno con más de 3 litros y medio de sangre en el abdomen. El ritual de la vida y de la muerte, demostró, una vez más, que los animales de lidia son sui géneris, puesto que tienen un instinto natural de agresión, defensa y ataque. Contrario a lo que se pretende vender, este bovino, no se puede domesticar, ni acariciar, y mucho menos, ser un “miembro de la familia”. Al igual que sucede con otras especies, la conservación del Bos Taurus, hace parte del extraño y ambiguo equilibrio de la naturaleza. Lo que no es excepcional, es saber que los toros de lidia, en fracción de segundos, poseen la capacidad de destruir el hígado, el riñón y los pulmones, y ocasionar una herida de cinco centímetros de diámetro y 15 de profundidad, tal como le sucedió el pasado 17 de junio de 2017 al diestro español, Iván Fandiño Barros, en la plaza francesa de Aire-Sur-l’Adour.

Fandiño nació lejos del togado artístico de Sevilla, en Orduña, País Vasco. En los doce años de alternativa, triunfo en las principales ferias del mundo taurino. Salvo, Cali y Duitama, las demás plazas de Colombia le fueron esquivas al éxito rotundo, entre éstas la sexagenaria Plaza de Manizales. Los jóvenes taurinos de Medellín, le guardarán luto y eterna gratitud debido a su disposición y clases prácticas con el objetivo de enseñarles las técnicas básicas del toreo de pie.

Ivan Fandiño y el auxilio de su escuadra y colegas minutos antes de su muerte este 17 de junio.
Foto diariodenavarra..es

¡Cada cual decide a Quién o Qué llorar!, pero entre seres humanos, la desaparición de alguien, arruga el corazón y aprieta el alma de dolor. Cayetana García, el día de hoy es viuda, y su pequeña hija de 2 años, huérfana de padre. Fandiño, el torero, no pudo burlar el destino inexorable de la muerte. E, Iván, el hombre de familia, no volverá a besar a su mujer ni verá crecer a su pequeña niña. Quizás, ellas, imaginen que está abriendo la puerta grande del cielo.

 

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