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Evocación de Bonett Locarno

Por Oscar Domínguez Giraldo

Imagen colombia.com

        

El general Manuel José Bonett Locarno, comandante de las Fuerzas Militares, comparte con sus paisanos García Márquez y Jaime Bateman Cayón un nobel en mamagallismo. A veces, Bonett llama a México al Nobel de literatura para “echarle fresco a la lengua”, un eufemismo costeño  por hablar paja. Según las reglas de juego, Gabo responde y asume los costos telefónicos porque el general sí tiene quién le pague esas llamadas.

Menos mal que su fortuna le ha alcanzado para educar a sus hijos Manuel José, María Cristina, María del Pilar, Andrés, Rafael, Carolina y María del Rosario. Cuando se produzca el retiro -y el día

no está lejano-  aspira a tener con qué vivir bien con su mujer, María Helena Valenzuela.

 Sea cual sea su futuro, seguirá conjugando el verbo hablar, su deporte preferido, al lado del béisbol.

En su natal Ciénaga, Magdalena, son tan aficionados a arreglar el país a punta de lengua que tienen apodo propio: los culosungos. El mote –explica mi general- les viene del  hecho de que cuando se levantan después de tertuliar largo y tendido, el pantalón burgués de lino fino, o el de proletario dril de los cienagueros, queda impregnado de “sungo” , residuo salitroso que viene del mar.  Ese “sungo”, claro, se queda en las cuatro pudendas letras que tienen los cienagueros en el sitio donde la espalda pierde su sacro nombre.

El general habla. Es su forma de existir. Su profesión debería ser la de conversador, cuentista, o fabulista. Es un escritor y político extraviado entre charreteras. El mismo confiesa que es incapaz de hablar corto. Nunca tiene tiempo para ello.

 A los periodistas nacionales y extranjeros les gusta más hablar con el general que con su superior, el presidente Samper. Por ser Bonett quien es, porque es una especie de intelectual puro

metido entre los sables. Además, le pueden hacer las mismas preguntas: si va a dar golpe de estado o si se va a sentar a la mesa con  los guerrilleros para buscar la paz.

 

La paz de tres soles      

Para Bonett, antes de sentarse a hablar sobre paz, hay que mirar primero el tipo de país que queremos. Y  definir una  agenda.

Su propuesta de paz nació cuando era Inspector General del Ejército. El documento les pareció tan explosivo a sus colegas “cháfaros” que se abstuvieron de hacerlo público.

Pero alguien se enteró, le hizo bulla y las fotocopias circularon  de mano en mano:  personajes tan encumbrados como García Márquez, el Secretario General de la OEA, César Gaviria, el

expresidente español Felipe González, el “cacao” Augusto López, presidente de Bavaria, y el ministro de defensa, Gilberto Echeverri, tienen su fotocopia.

 

El general es un best seller de un libro no escrito sobre la paz.

Bonett hace la guerra pero ha sacado tiempo para pensar en la paz. A él la guerra le pasó cerca, cuando las Farc le estallaron un carro bomba a su paso. Está vivo de milagro.

El atentado no le alteró un ápice su estruendoso sentido del humor que lo lleva de pronto a imitar la voz de sus colegas de mando.

          

De acuerdo con la costumbre, su cuarto de hora militar le durará hasta el siete de agosto. Yéndole muy bien, el nuevo presidente le prorrogaría el reinado hasta diciembre. Los Bonett

Valenzuela están preparados.

 

MAL DE SAN VITO

Está equidistante de los aspirantes Horacio Serpa y de Andrés Pastrana. A Serpa lo conoció al dedillo cuando ambos trabajaron en Barranca. Con Pastrana tiene celular directo.

El general nacido el 25 de junio -ojo para los regalos- seguramente pondrá su talento y su talante al servicio de alguna causa política futura. No se matricula en ningún partido. Lo haría porque sufre de un mal de San Vito ideológico que lo lleva a estar siempre pensando pensamientos en favor del país. En esa futura campaña se colocará así sea como el hombre que maneja el sonido.

Habla como escribe y escribe como un pichón de nobel de Aracataca.

Hace poco fue invitado junto con otras personalidades a escribir sobre fútbol para el libro “Juego Limpio” en que el comparaba este deporte con su ideal de paz. No se le quedó corto a nadie.

Este lancero-artillero que se dejó tramar cuando apenas tenía 16 años y se metió a la vida militar, no tiene pelos en la lengua. Ni en la  pluma. La franqueza es de apellido Bonett.

 Fue fugaz editorialista de una revista de las fuerzas armadas que jamás circuló porque su nota parecía redactada por un golpista.

LA HUELGA SEXUAL

          

No es la primera vez que propone fórmulas para lograr la paz.

Hace algunos meses, por RCN, reencauchó a  Lisístrata, titulo de una tragedia de Aristófanes. En la obra, la mujer plantea que a los actores de la guerra, para hacerlos entrar en razón, las mujeres deberían decretarles una dieta  sexual. La propuesta fue noticia mundial.

Lisístrata se lo planteó así a sus colegas atenienses y espartanas: “Si en lugar de condescender, nos rehusamos, la paz es un hecho”.

Y agrega: “Tenemos que hacer el ayuno del palito… Ningún hombre se acercará a mí con su arma enhiesta… Yo nunca al marido le habré de dar su gusto”, decía Lisístrata en tono uribista ante el escéptico auditorio femenino.

Retrecheras al principio, las mujeres de los guerreros finalmente accedieron y la paz se hizo.

El entonces ministro de Defensa, Gilberto Echeverri,  de paso por Washington le contó la propuesta Lisístrata-Bonett al general Mc Caffrey, a la sazón zar antidrogas, quien se opuso. El gringo sugirió esta variante: poner a los guerrilleros a hacer el amor hasta agotarlos.

El asunto no funcionó al contrario de lo que le sucedió a Lisístrata, pero la idea de que hay que hacer la paz, sigue ahí.

          

El general encargado de hacer la guerra piensa mucho en la paz donde se encuentre. Inclusive cuando en la mañana se toma un tinto con su esposa. Es el único momento del día que pueden compartir. Por eso alargan el café. Es su forma de ser culosungo de tierra fría, con su “dulce enemiga”.

Después, el general que tiene mucho quién lo entreviste,  sale por esos caminos de la patria a echar su rollo, a llamar a su madre Albertina, o a echar carreta con su hermano Pedro. Hablar, siempre

hablar.

 

JULIO 16 DE 1998

 

NOTICIA DE ONAN (y no es paja)

          

General Bonnet Locarno
Imagen hoydiariodelmagdalena.com

El Ejército de Colombia, a través del comandante de las Fuerzas Militares, general de cuatro soles, Manuel José Bonett, y la Iglesia Casa Sobre la Roca, por intermedio de su pontífice máximo, el pastor Darío Silva, reivindicaron con distinta semántica la honra del bíblico Onán y asumieron su defensa ante la calumnia de Freud quien lo responsabilizó de haber inventado el juguetico solitario del “yo con yo”.

          

El diccionario de la Real Academia, en su edición proletaria, página 1477, hermana a onanismo con masturbación.

          

La aclaración del cienaguero Bonett cobra importancia por cuanto la hizo después de que le llovió otro sol de general a los tres que ya tenía, si incluimos el que sale para todos.

 

          

Bonett, convertido en bíblico cazador de gazapos, o Argos a cero  metros sobre el nivel del charco, controvirtió lo dicho en una columna mía en el sentido de que Onán fue el inventor del pasatiempo más antiguo de la humanidad como que se remonta a los tiempos en que Adán tenía las costillas intactas, estaba solo, y no le quedaba otra opción que jugar al yo con yo.

 

          

En nota al arriba firmante, Bonett expresa: “Sobre lo del bíblico Onán, tengo mis reservas, ya que hasta donde sé, el pobre no realizaba con asiduidad el supuesto acto solitario que se le endilga -mire le Biblia en la parte pertinente-; él sólo interrumpía en el momento del clímax la relación ya que era mortal enemigo del embarazo”.

          

El pastor Darío Silva, el exturbayista más grande del mundo, consultado para dirimir el pleito contestó: “No me tilde de militarista, pero tiene razón el general Bonett: ‘Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se  llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar  descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Johová lo que hacía, y a él también le quitó la vida’. (Génesis 38:8-10).

 

 

 

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