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¿Es realmente deseable una sociedad igualitaria?

Por Daniel Molina, Diario La Nación

El Muro de Berlín antes de 1989. Foto cdn.aarp.net

Abraham Lincoln dijo: “Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”. De allí que pusiera todo su empeño en llevar adelante su lucha contra la esclavitud. Buscaba lograr que millones de personas pudieran acceder a la libertad, que para él era la base que permitiría disminuir la desigualdad social.

La idea de igualdad va a ir tomando cuerpo durante casi dos siglos de continuo debate y fuertes cambios políticos: desde comienzos del siglo XVII hasta el 27 de agosto de 1789, cuando la Asamblea Nacional de Francia publica la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la que establece el principio de libertad, igualdad y fraternidad como ideal constitutivo de la vida contemporánea.

A pesar de que el ideal de igualdad hoy parece indiscutible es, por el contrario, uno de los ideales más debatidos durante los últimos siglos y aún no existe una formulación política que conforme a todos los contendientes.

Ya en el siglo XIX, la Revolución Francesa, que es considerada la cuna de la idea moderna de igualdad (aunque toma el concepto de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos), fue muy cuestionada. En Historia de dos ciudades, una de las más admirables novelas de Charles Dickens, se muestra que la vida en el París revolucionario era brutal.

Christopher Nolan se inspira en esa novela de Dickens para recrear el final de Batman en El caballero de la noche asciende. Allí, Ciudad Gótica se parece mucho a la París de Dickens y el discurso anarquista del revolucionario Bane semeja el relato del Terror de la Revolución Francesa. Slavoj Zizek ha visto en Bane al revolucionario que combate “la injusticia estructural”, y que por su extremado amor por los más desposeídos se ve arrastrado a una violencia enloquecida. Pero también se lo puede interpretar como un resentido extremo que no tolera que nadie se destaque ni posea más que los otros.

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos derecho al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”, así -en toda su contradicción- describe Dickens la época de la lucha por la igualdad.

Desde entonces, el mundo se ha divido entre los que sostienen que la desigualdad es inherente al ser humano y que es, además, motor de superación y mejora, y los que creen que debe ser suprimida, porque es incluso más perniciosa que la miseria.

La Revolución Rusa se propuso acabar con la desigualdad. Pero hace ya más de un cuarto de siglo que cayó el Muro de Berlín y nadie quiere volver a vivir en un sistema como el soviético. Los idealistas de izquierda dicen que el sistema soviético fue la forma perversa del socialismo. Sin embargo, nadie ha podido explicar aún cómo sería su forma virtuosa.

El autor es crítico cultural. @rayovirtual

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