Al instante

ENTRETELONES: Los tres chiflados

Por Rodrigo Pareja

Fotocomposición blogspot.com

Con el debido respeto por los hermanos Howard, por Larry Fine y por otros que compartieron con ellos el exitoso nombre de Los Tres Chiflados en las primeras décadas del siglo veinte, hay que reseñar ahora que al cabo de las quinientas, otros personajes han resuelto unirse — tal vez sin quererlo o de pronto queriéndolo – para recrear malamente lo que fue una época insuperable en el cine humorístico.

Claro que su advenimiento es regocijante en esta época de máximo estrés, de violencia verbal y física, de corruptelas sin fin, de división, de odios y enfrentamientos irreconciliables, y de la decadencia brutal de la que antes se denominó majestad: la justicia.

Los tres nuevos actores de la mal actuada parodia han conseguido cada uno desde su órbita — o peor aún girando sobre sí mismos porque los tres se creen soles – llevar al país al estado de lamentable insania que padece Colombia en estos tiempos.

Sin consideración alguna por los inmortales genios del celuloide que tanta alegría, distracción y regocijo llevaron a millones de habitantes en el mundo con sus ocurrencias, los imitadores modernos hacen con sus actuaciones, teatrales algunas, estrambóticas otras, acarrear todo lo contrario: más odio, más venganza, más división y más tragedia.

Con el anterior contexto ya habrán adivinado los lectores que esta moderna y nefasta versión siglo XXI tiene como protagonistas estelares, para mencionarlos de menor a mayor importancia, al Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, al ex presidente de la república, Andrés Pastrana Borrero y al también ex mandatario de los colombianos, Alvaro Uribe Vélez.

Quién haya dicho, dice o diga en el futuro mayor cantidad de mentiras, incoherencias, desatinos y necedades, será tarea que deberán establecer y juzgar las nuevas generaciones, pero que cada uno de ellos está luchando por obtener el primer lugar en estas olimpiadas de la imbecilidad, es ya un asunto sabido y comprobado.

Para entrar en materia debe añorarse que cuando en Colombia había Procurador, Mario Aramburo Restrepo, por ejemplo, éste no tenía aspiraciones presidenciales y mucho menos, abusaba de su poder en forma sesgada y ladina para aplastar adversarios y conseguir adeptos que le ayudaran en su causa.

Tampoco invadía descaradamente otras esferas que no le competían, y mucho menos pretendía imponerles a sus conciudadanos retrógradas tesis en materia de comportamiento o instrucción sexual, de libre personalidad o de aborto, y eso que para entonces no regía aún la más libérrima Constitución del 91. Ah… y tampoco incineraba libros por considerarlos nocivos.

El segundo personaje resulta risible ahora cuando advierte que se va a entregar el territorio colombiano a las Farc, cuando él mismo en 1998 decidió otorgarle a esa guerrilla 47.000 (Cuarenta y siete mil kilómetros cuadrados) en el llamado despeje de la zona del Caguán. Y más risible aún cuando arremete contra los congresistas conservadores y les advierte que a él no lo representan ni representan al partido. Cuándo, cómo, y quién le dijo a este mal recordado ex presidente que haber veraneado en la Casa de Nariño cuatro años le otorgaba semejantes calidades ?

Y del último ni hablar. Ahora critica todo lo que él mismo en su búsqueda de la paz hizo cuando ejercía la presidencia, pero no por malo sino porque el protagonista es Santos, a quien ahora odia porque no se convirtió el 7 de agosto de 2010 en el títere que él aspiraba a manejar con su cordel.

Se duele porque lleguen cinco o diez especímenes más al Congreso en representación de la Farc, pero omite decir que en su gobierno, acaso con su conocimiento y consentimiento, el legislativo recibió en sus cómodas curules a quienes en un sesenta o setenta por ciento eran aliados y voceros de los paramilitares, a cuyos jefes después extraditó para que pagaran en Estados Unidos por narcotráfico pero no por las masacres y crímenes de lesa humanidad que habían cometido en Colombia.

Ocultar la verdad sobre el paramilitarismo en el país salió barato, no tanto como los $18 mil millones de pesos anuales que cuesta cuidar a Uribe Vélez y a sus allegados.

Ir a la barra de herramientas