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ENTRETELONES: Justicia injusta

Por Rodrigo Pareja

Imagen desmotivaciones.es

 

En las últimas semanas pasó a figurar en las primeras planas de los diarios y ante la opinión el raro vocablo oxímoron, el cual, según la Real Academia es “combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido”.

Don Google, el sabio virtual que casi todo lo conoce, trae a guisa de ejemplo los siguientes: hielo abrasador; un silencio ensordecedor; la docta ignorancia; la música callada; calma tensa y copia original, entre otros.

Para contribuir por algún tiempo más con el mantenimiento mediático del escaso voquible, la columna Entretelones propone incorporar como ejemplo el que aparece en el título, que sería de cabal aplicación por los hispano hablantes, sobre todo los de este país tan dado a padecer y dejar pasar tantas cosas extrañas.

Oxímoron a la colombiana, no tanto por su forma verbal como sí en la práctica, es comprobar que la ley y muchas otras determinaciones gubernamentales no guardan el mismo equilibrio ni se aplican de manera similar a todos los ciudadanos, sea cual sea la infracción y el quebrantamiento de las distintas normas.

Por ejemplo no puede usted robarse una chocolatina en un supermercado, así tenga hambre, porque puede estar seguro que lo espera una inmunda celda en la que convivirá – si a eso se le puede llamar vivir en comunidad – con los más variados especímenes que han hecho dentro de la delincuencia las más peligrosas y sangrientas actividades.

Prefiera más bien, usted que viste de saco y corbata y merodea por los rumbosos salones donde anida la decadente aristocracia, engañar con mil subterfugios a inocentes y confiados colombianos, rápeles miles de millones de pesos y disfrute y duerma tranquilo.

Puede estar seguro que cuando lo descubran, si es que llegan a hacerlo, aparecerá el juez que se apiade de usted y lo mande a temperar – casa por cárcel – a una confortable y lujosa residencia campestre que de cárcel tiene lo que el autor de estas líneas sabe de física cuántica.

Ahora bien, si por casualidad es descubierto usted en esos tejemanejes, alegue hasta el cansancio que es cabeza de familia y que su esposa y sus hijos lo necesitan en casa, sobre todo por el buen ejemplo que puede darles. No importa que los otros ciento cincuenta mil presos que hay en el país sean solteros. Allá ellos. La cuestión es que a usted la justicia injusta le solucione el problema.

Tampoco se le vaya a ocurrir decir que está como un roble. Sostenga siempre que padece de cuanta enfermedad ha sido descubierta y que por razones de salud necesita también regresar a su hogar para recibir el cuidado correspondiente. Qué importa que en las demás cárceles colombianas agonicen y mueran diariamente decenas de presos por falta de una pastilla, una inyección y la debida atención que cualquier ser humano requiere. Allá ellos con su justicia injusta.

Otra advertencia fundamental es que jamás permita que lo secuestren y mucho menos que lo asesinen. En estos casos sí que opera la justicia injusta que tienen los colombianos. Hay secuestrados y muertos de primera, segunda, tercera y cuarta categoría, y existen hasta los que no clasifican en ninguna de las anteriores.

En forma genérica y farisea se dice que todas las vidas tienen el mismo valor, al menos en teoría, pero eso aquí en Colombia no ocurre. Hay recompensas desde cinco millones de pesos hasta cien o más, de acuerdo con el apellido el cargo y el gusto de quienes las ofrecen, bien por el rescate de la víctima o por la información que permita dar con los responsables de los asesinatos.

En calzas prietas, o más coloquialmente, metida en la verraca, debe mantenerse la diosa Temis para conseguir que el fiel de la balanza que ella porta y representa la equidad y la justicia, no incline uno de los platillos hacia algún lado, aunque a veces los fajos de billetes pesan demasiado.

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