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ENTRETELONES: El Dios de la tierra

Por Rodrigo Pareja

Foto viendotv.blogspot.com

 

Una madre humilde a la que le mataron sus cinco hijos, no precisamente por manejarse bien, solía decir para justificar su tragedia que Dios era el amo de los cielos, y el dinero que en forma equivocada trataron de conseguir sus hijos y por lo cual murieron, era el dios de la tierra.

Lógica simple pero tal vez llena de verdad, o por lo menos así lo han seguido creyendo los canales privados de televisión, que en aras de obtener ese estiércol del demonio que predomina en todos los comportamientos terrenales, son capaces de hacerle creer a sus televidentes que es de noche cuando es de día y viceversa.

Amparados en un abusivo y auto asignado, “esto es un programa de ficción”, uno de esos canales pretende por ejemplo erigir en máximo ejemplo para los colombianos a un drogadicto y sindicado de homicidio, a quien la suerte convirtió para algunos miles de sus conciudadanos en un ídolo con pies de barro.

Drogas, alcohol, mujeres, libertinaje, hijos acá, aquí, allá y acullá, la imagen perfecta del machista en un país donde el abuso del hombre contra la mujer tiene uno de los más altos índices del mundo, es lo que el canal de las tres letras quiere implantar como algo digno de ser imitado, eso sí, siempre y cuando la millonaria pauta comercial permita hacer la siesta entre los seis minutos de bazofia y los diez minutos de engañosos anuncios.

Quien esto escribe no es docto en televisión pero sí tiene gran experiencia en el manejo de la bienhechora tecla silenciadora, la más importante del control porque permite liberarse de la insoportable publicidad. Su ignorancia no le impide, sin embargo, expresar opinión sobre la insufrible basura que regurgitan día y noche los canales de las tres letras y el del molusco, con la que agreden un día sí y otro también a unos indefensos televidentes.

Prevalido de la misma “ficción” auto adjudicada para evadir cualquier responsabilidad y echar por la calle del medio de manera alegre y descuidada, el canal del baboso animal se toma inauditas libertades para inventar falsedades del tamaño de una catedral, símil utilizable por tratarse del último folletín con el cual embobaron a algunos televidentes y dejaron a la Madre Laura, primera santa colombiana llevada a los altares, prácticamente en cueros.

Foto luminotv.com

Foto luminotv.com

Claro está que como en los concursos de mentirosos que suelen realizarse en festivales pueblerinos, hay que reconocerle a Caracol y sus despistados libretistas una gran capacidad para inventar situaciones, locaciones, vestuarios y toda clase de hechos o actuaciones inverosímiles, concebidas y vividas sólo en su calenturienta imaginación.

Indios maquillados estrambóticamente que de un cuadro a otro aparecían sin pintura alguna; sitios ignotos en los que según el libreto ningún ser humano había estado jamás pero en el que al llegar Laura y sus acompañantes encontraban toda clase de personas, animales y hasta capillas; viajes que duraban hasta ocho días por tupidas selvas pero que en otros capítulos se realizaban entre dos o tres comerciales; envejecimiento ficticio pero lógico de algunas intérpretes y “eterna juventud” para otras que, inclusive, terminaron el culebrón más jóvenes que como lo habían empezado.

Según lo mostrado, y si el caso de la santificación de Laura pudiera tener alguna reversa, la Santa Sede estaría ya estaría haciendo gestiones para dejar sin efecto su ascenso a los altares y su devolución al vulgar campo terrenal en el cual, de acuerdo con Caracol, transcurrió su existencia.

En este último sancocho televisivo Caracol sí tuvo un gran descubrimiento que, en caso de dedicarse a explotarlo a escala mundial, podría renunciar sin ningún problema financiero a esas insufribles tandas de comerciales con las que agobian a sus televidentes, seguro de que compensaría todas sus utilidades.

Se trata del material con el que confeccionaron los uniformes de las religiosas, capaces de soportar esos interminables recorridos por selvas, montañas y pantanos sin mancharse ni romperse, sin arrugarse ni dar muestra alguna de fragilidad u ordinariez.

Tela como esa, ni la de los astronautas, pero en tratándose de embobar y engatusar televidentes en aras de amasar más y más dinero, así sea a costa de la imbecilidad de muchos, todo vale.

Entretelones

EL DIOS DE LA TIERRA

Por Rodrigo Pareja

(Medellín, martes 8 de septiembre de 2015)

Una madre humilde a la que le mataron sus cinco hijos, no precisamente por manejarse bien, solía decir para justificar su tragedia que Dios era el amo de los cielos, y el dinero que en forma equivocada trataron de conseguir sus hijos y por lo cual murieron, era el dios de la tierra.

Lógica simple pero tal vez llena de verdad, o por lo menos así lo han seguido creyendo los canales privados de televisión, que en aras de obtener ese estiércol del demonio que predomina en todos los comportamientos terrenales, son capaces de hacerle creer a sus televidentes que es de noche cuando es de día y viceversa.

Amparados en un abusivo y auto asignado, “esto es un programa de ficción”, uno de esos canales pretende por ejemplo erigir en máximo ejemplo para los colombianos a un drogadicto y sindicado de homicidio, a quien la suerte convirtió para algunos miles de sus conciudadanos en un ídolo con pies de barro.

Drogas, alcohol, mujeres, libertinaje, hijos acá, aquí, allá y acullá, la imagen perfecta del machista en un país donde el abuso del hombre contra la mujer tiene uno de los más altos índices del mundo, es lo que el canal de las tres letras quiere implantar como algo digno de ser imitado, eso sí, siempre y cuando la millonaria pauta comercial permita hacer la siesta entre los seis minutos de bazofia y los diez minutos de engañosos anuncios.

Quien esto escribe no es docto en televisión pero sí tiene gran experiencia en el manejo de la bienhechora tecla silenciadora, la más importante del control porque permite liberarse de la insoportable publicidad. Su ignorancia no le impide, sin embargo, expresar opinión sobre la insufrible basura que regurgitan día y noche los canales de las tres letras y el del molusco, con la que agreden un día sí y otro también a unos indefensos televidentes.

Prevalido de la misma “ficción” auto adjudicada para evadir cualquier responsabilidad y echar por la calle del medio de manera alegre y descuidada, el canal del baboso animal se toma inauditas libertades para inventar falsedades del tamaño de una catedral, símil utilizable por tratarse del último folletín con el cual embobaron a algunos televidentes y dejaron a la Madre Laura, primera santa colombiana llevada a los altares, prácticamente en cueros.

Claro está que como en los concursos de mentirosos que suelen realizarse en festivales pueblerinos, hay que reconocerle a Caracol y sus despistados libretistas una gran capacidad para inventar situaciones, locaciones, vestuarios y toda clase de hechos o actuaciones inverosímiles, concebidas y vividas sólo en su calenturienta imaginación.

Indios maquillados estrambóticamente que de un cuadro a otro aparecían sin pintura alguna; sitios ignotos en los que según el libreto ningún ser humano había estado jamás pero en el que al llegar Laura y sus acompañantes encontraban toda clase de personas, animales y hasta capillas; viajes que duraban hasta ocho días por tupidas selvas pero que en otros capítulos se realizaban entre dos o tres comerciales; envejecimiento ficticio pero lógico de algunas intérpretes y “eterna juventud” para otras que, inclusive, terminaron el culebrón más jóvenes que como lo habían empezado.

Según lo mostrado, y si el caso de la santificación de Laura pudiera tener alguna reversa, la Santa Sede estaría ya estaría haciendo gestiones para dejar sin efecto su ascenso a los altares y su devolución al vulgar campo terrenal en el cual, de acuerdo con Caracol, transcurrió su existencia.

En este último sancocho televisivo Caracol sí tuvo un gran descubrimiento que, en caso de dedicarse a explotarlo a escala mundial, podría renunciar sin ningún problema financiero a esas insufribles tandas de comerciales con las que agobian a sus televidentes, seguro de que compensaría todas sus utilidades.

Se trata del material con el que confeccionaron los uniformes de las religiosas, capaces de soportar esos interminables recorridos por selvas, montañas y pantanos sin mancharse ni romperse, sin arrugarse ni dar muestra alguna de fragilidad u ordinariez.

Tela como esa, ni la de los astronautas, pero en tratándose de embobar y engatusar televidentes en aras de amasar más y más dinero, así sea a costa de la imbecilidad de muchos, todo vale.

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