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ENTRETELONES: Desaparecieron a los testigos

Por Rodrigo Pareja

Desaparecidos en Colombia. Imagen fronterainformativa.wordpress.com

 

Obviamente no se mencionarán en estas líneas nombres de personas, pero para avanzar en la nota es necesario advertir – como en una gran cantidad de películas — que cualquier parecido con la realidad que se vive en Colombia es mera coincidencia.

El más reciente dato oficial sobre desaparecidos en el país, suministrada por la Fiscalía General de la Nación, menciona la escalofriante cifra de 117.646 personas, ya sea por cuenta de la guerrilla, el paramilitarismo o la delincuencia común.

Lo que le faltó a la Fiscalía al revelar el dato, que como tantos otros relacionados con el socorrido y útil “conflicto armado” pasó inadvertido y no causó ninguna reacción, fue explicar la calidad, profesión o condición de esos que de un momento a otro dejaron de existir sin que nadie sepa con exactitud que pasó con ellos.

Porque lo cierto es que en ese gran número de seres ahora invisibles deben estar los testigos, “desaparecidos” como por arte de magia por habilidosos y mediáticos abogados, quienes empeñados en defender sus clientes a cualquier precio — sean estos inocentes o culpables – se limitan a tildarlos de “falsos” pretendiendo así, cómodamente, dar por concluido cualquier investigación o juicio que se adelante.

Lo anterior no equivale ni es esa la intención, negar la existencia de falsos testigos en muchos de los más sonados casos que ha enfrentado en los últimos tiempos la justicia colombiana. Como se anotó antes no hay que mencionar nombres para evitar cualquier sesgo que alguien quiera darle a lo escrito, pero tampoco se puede hacer tabla rasa con todos y descalificarlos así no más.

En todos los procesos a lo largo de la historia siempre ha existido el dilema de culpable o inocente, situación dirimida por el acusado y el defensor, y también a veces se ha dado la preclusión por vencimiento de los términos legales.

En Colombia la moda ahora es apelar al fácil expediente del “testigo falso” para desvirtuar cualquier tipo de acusación o sindicación por graves que sean, y por eso se afirma en el título y en estas líneas que la figura del testigo ha desaparecido, porque en este caso – según los defensores de la tesis – si es válido y posible generalizar.

Según esta argucia de muchos defensores, ningún testigo es fiable, todos son falsos cuando no desequilibrados, y en consecuencia su cliente es inocente a priori, con el agravante de que se le encima a muchos el calificativo de “persecución política”, otra rentable frase para dinamitar y dejar por el suelo cualquier investigación que se pretenda.

En el caso de las instituciones, en cambio, no se generaliza y lo común es que tanto gobernantes como medios de comunicación y la opinión ciudadana, acepten que una sola manzana no es capaz de podrir a las del resto del costal.

En cambio con lo del “testigo falso” y con la “persecución política”, se ha pretendido en los últimos tiempos – para peor – propinar otro contundente golpe a la ya desprestigiada y poco confiable justicia colombiana, escenario todos los días de maniobras sin cuento y de procederes que la dejan por el suelo ante los ciudadanos.

Basta repasar la vergonzosa relación de los últimos casos en el seno de las grandes Cortes – otrora asiento digno ocupado con dignidad – y hoy mero cupo político y manzanillo defendido a capa y espada por togados que nunca hubieran podido ascender a ellos por sus propias calidades o cualidades.

Quienes se supone están llamados a representarla en estos andurriales sin que hasta el momento hayan hecho su misión con honra y decoro, deben tener a la pobre diosa Temis en el bamboleo más impresionante con su balanza, tratando de enmendar, algo imposible, lo que a diario hacen todos los actores del espectro judicial, incluidos jueces, magistrados y abogados.

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