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ENTRETELONES: Alegría de leer

Por Rodrigo Pareja

Daniel Coronell y su obra "Recordar es morir". Foto iris.net.co

Los que ya peinamos algunas canas por aquello de la nieve de los años que empieza a platear las sienes – perdón por la metáfora tanguera — recordamos que nuestras primeras letras y lecturas las aprendimos con el que resultó ser el primer libro que acariciamos: Alegría de Leer.

Ese volumen escrito por el médico vallecaucano, Evangelista Quintana Rentería con ayuda de su esposa por allá en 1930, fue con sus coloridas páginas la fuente de los rudimentarios conocimientos que nos iban entregando la vida y sus diferentes circunstancias.

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En aquellos bucólicos años desprovistos de la maldad, la corrupción y la violencia que caracteriza a los actuales, repasar el librito — lo que era obligatorio hacer para leer de corrido, como urgían nuestros mayores — era un verdadero deleite, en contraste con la dificultad que a veces acarreaban otras materias.

Hace algunos días salió al mercado el libro, Recordar es morir, del periodista Daniel Coronel, y bien valdría la pena cambiarle el nombre por el de Alegría de Leer II, e incorporarlo a todos los pénsum no solo de primaria sino de secundaria, para que las nuevas generaciones aprovechen y en un solo texto aprendan a la vez lectura e historia.

El libro de Coronel es un texto de obligada lectura para desentrañar y entender lo que ha sido la vergonzosa historia de Colombia y la de sus principales protagonistas, en especial con lo que tiene que ver en lo que va corrido del presente siglo.

Si la máquina del tiempo existiera valdría la pena adelantar unas tres o cuatro décadas y conocer la versión que de este período hubieran plasmado autores anodinos como Henao y Arrubla y otros relatores de ese corte, con cuyas interpretaciones y textos sesgados se enseñaba antes la historia de esta nación.

Cuanta razón asiste al prologuista, Daniel Samper Pizano, al definir el volumen de Coronel como “una gran colonoscopia de la política colombiana”, perentoria sentencia que no necesita mayores explicaciones para adivinar el contenido del estupendo libro.

Aunque las columnas escogidas e incorporadas por el autor en Recordar es morir ya habían sido leídas en ediciones anteriores de la revista Semana, encontrarlas ahora compiladas y devorarlas de un tirón, es un verdadero regalo histórico-periodístico, pues además de su enorme valor como resultado de minuciosas investigaciones, constituyen por su redacción impecable un ejemplo para las nuevas generaciones de periodistas.

Justo es señalar también que el prólogo de Daniel Samper Pizano, breve como todo lo bueno al decir de Baltasar Gracián, resulta un apretado pero concluyente resumen, no solo del libro sino de la tarea que a lo largo de su ejercicio profesional ha desarrollado su tocayo Coronel, sin duda el columnista más creíble y leído del país, poquísimas veces desmentido por sus rotundas y concluyentes investigaciones periodísticas.

Por eso en su prólogo, Daniel Samper dice que la misión de Coronel “es destapar los abusos, única manera de poder corregirlos, así como el médico para recobrar la salud del paciente, debe diagnosticar primero la enfermedad. Por eso insisto en que este no es un libro de recuerdos. Es una gran colonoscopia de la política colombiana”.

Recordar es morir, aunque a muchos no les genere ninguna alegría leerlo, es un texto obligado para entender un poco mejor el pasado, el presente y lo que será, desafortunadamente si no cambian muchas cosas, el futuro del país.

Twitercito… Si el Carbono 14 permite calcular la edad de seres y cosas, cuándo crearán algún otro elemento para establecer la edad de algunas mentes como la del arcaico Alejandro Ordóñez

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