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En recuerdo del “Ché”

Por Gloria Gaitán, Grupo Editorial El Satélite

Ernesto "Ché" Guevara Imagen cubanet.org

Nota de la dirección:

Culpa nuestra no haber abierto esta correspondencia a tiempo de la ilustre internauta en la RED-GES, doña Gloria Gaitán. Su publicación, hasta hoy, no altera sin embargo el valioso mensaje político inmerso en la opinión de la columnista
 
 HACE 50 AÑOS
 

 
En un día como hoy, 9 de octubre, cuando se cumplen 50 años de aquel nefasto momento cuando miembros del Ejército Boliviano le dispararon a quema ropa a un combatiente prisionero, como era el Che Guevara en ese momento, no puedo menos que pensar que yo también habría podido ser asesinada al lado suyo.
 
Quiero relatar someramente estos hechos como material de reflexión para los compañeros revolucionarios que, en Colombia y en toda Nuestramérica, se plantean, como yo, el dilema de que, en la coyuntura actual, el camino de la guerrilla está prácticamente vetado para lograr el cambio, pero también lo están las vías electorales. ¿Qué hacer? Tal vez estas reflexiones, que hago públicas en recuerdo del Che, puedan servir de materia prima en la búsqueda de un camino que lleve al pueblo a la derrota de las oligarquías nacionales y del yugo que quieren imponernos Estados Unidos y la Unión Europea.
 
El inolvidable amigo, comandante cubano Manuel Piñeiro Losada, Barba Roja – como era su apodo –, una de las más destacadas personalidades de la Revolución Cubana, tutor de quienes nos acercábamos a Cuba en búsqueda de apoyo para nuestras luchas locales, me pidió un día que viajara a la isla porque debía hablar personalmente conmigo. Su mensaje era del Che, anunciándome Piñeiro que en ese momento ya se encontraba en las montañas de Colombia y que quería que yo me uniera a él como guerrillera.
 
De inmediato le dije que no, que mi orientador en materia de tácticas y estrategias de lucha política era Juan de la Cruz Varela, quien me había convencido de que “el foquismo[1]” era contrario al principio según el cual la lucha debe originarse en el pueblo y no en figuras connotadas cuyo único papel, según Juan de la Cruz, era que los reflectores del Estado y del Ejército se enfocaran con toda intensidad sobre la guerrilla, liquidándola en breve tiempo.
 
Recuerdo lo enfurecida que me puse cuando supe que me habían mentido y que el Che estaba en Bolivia y no en Colombia. Pero también vuelve a mí ese sentimiento de culpa, propio de quienes hemos sido educados en el catolicismo, por no haber acompañado al Che a la guerrilla. Sé que hice bien y que Juan de la Cruz me salvó la vida, pero no puedo menos que sentir remordimiento por una decisión que estoy de acuerdo en no haber tomado. ¿Contradictorio? No. Es el eterno combate interno entre el romanticismo y la razón.
 
Estoy convencida, desde entonces, que lo más importante para un revolucionario es reflexionar y meditar honda y detenidamente sobre las tácticas de lucha y el momento de emprender una u otra vía. Creo que ahora en Colombia, más que nunca, debe ser el tema que nos ocupe.
 
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