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En memoria de Gilberto Echeverri Mejia y sus compañeros asesinados por las Farc‏

Por Oscar Domínguez G.

Gilberto Echeverri Mejía y el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria, poco antes del secuestro a manos de las FARC. Foto caicedo-antioquia.gov.co

Trece años se cumplen hoy 5 de mayo del asesinato del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, de su asesor de paz, el ex ministro Gilberto Echeverri y de ocho militares más que los acompañaban en el momento del intento de rescate por unidades del Ejército. Fueron asesinados a quemarropa por sus captores de las Farc y rematados con varios tiros de gracia en el suelo. “Bitácora desde el cautiverio”, libro editado por EAFIT, recoge el diario que escribió durante el secuestro. No se lo pierdan. En memoria de estos ilustres colombianos caídos reproduzco la entrevista que le hice a Echeverri Mejía cuando era ministro de Defensa del gobierno Samper y se la jugaba por la paz, entrega que finalmente le costó la vida. Incluyo otra entrevista a su esposa, doña Marta Inés,cuando se cumplieron diez años del asesinato de Echeverri y sus compañeros.od

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Yo, Gilberto Echeverri

Conocí a Gilberto Echeverri Mejía desde la época en que fue ministro de desarrollo del presidente Turbay. Lo volví a encontrar – y a entrevistar- como último ministro de Defensa del presidente Samper.

Calidad Echeverri Mejía, el Ratón, fue un liberal de Ríonegro que no vacilaba en declarar su amor por Medellín, la esquina, el café, los amigos, los tangos, el fútbol. Y su familia, claro, en primera instancia.

En un debate en el congreso graduó a los alzados en armas de “señores guerrilleros”. Sus palabras provocaron admiración entre dos oficiales que estaban cerca. Echeverri paró la oreja y les oyó decir: “Ese ministro usa un lenguaje que de pronto ayuda”. No sabía que los “señores guerrilleros” le darían la aureola de mártir.

Cuando se encontraba en misión oficial en Washington, fue noticia mundial la propuesta del general Bonnet, comandante de las Fuerzas Militares, de que las mujeres, modernas Lisístratas, les cortaran los servicios sexuales a los guerrilleros. Contaba Echeverri que el general McCaffrey, zar antidrogas, enterado de la propuesta, expresó su desacuerdo: “Por el contrario, a los guerrilleros hay que ponerlos a hacer el amor para dejarlos exahustos”.

Echeverri fue un hombre ancheta, todoterreno, como se definía. Brilló tanto en el sector público con el privado. Se “abstuvo” de ser rico. Prefirió servir, ser útil. Los negocios personales siempre los dejó para mañana. Se fue sin un lapsus en su prontuario vital.

Gilberto Echeverri Mejía (q.e.p.d.) Foto colarte.com

Gilberto Echeverri Mejía (q.e.p.d.)
Foto colarte.com

Nunca se enfermó de importancia. La solemnidad tampoco fue su fuerte. Qué alegría que haya vivido un hombre de sus calidades. De su desbordante alegría. De su integridad. Echeverri era una fiesta permanente.

En política varios “no” rotundos equivalen a un sí estruendoso. Después de decirle no al regreso la nómina, Echeverri dejó de vender celulares, cayó en la tentación de servirle a la patria, aplazó la escritura de un libro sobre la historia económica que el país no conoce y aceptó ser ministro de Defensa del presidente Samper.

Por razones pragmáticas, al festivo abuelo Echeverri le tocó gerenciar un proceso que tarde o temprano – decía- sentaría a manteles al gobierno y a los grupos alzados en armas.

La vez que lo entrevisté en la descomunal mesa de su despacho, teniendo en sus espaldas, en la pared, un Cristo “manco” de ambas manos, sólo había flores de navidad, y una gran tarjeta de una agencia de publicidad de Medellín cuyo texto decía: “Soy capaz de hacer la paz”.

“Como mantengo tanto qué hacer entonces no tengo tiempo de estresarme”, comentó Echeverri Mejía, antes de darle órdenes a su asistente de la Marina, incluida la solicitud de un avión, y de pedirle a la señora del tinto que nos sirviera frutas en vez de café.

El “Ratón” Echeverri mandaba con el criterio de su paisano el Brujo Simón González, ex presidente de Incolda: “Hay que mandar de tal forma que nadie se dé cuenta de que uno es el jefe”. Fuimos al grano:

CUANDO NO ES SI

– ¿Qué diferencias hay entre el Gilberto Echeverri, exministro de Desarrollo que se sentía como “un ratón enjaulado” y el actual ministro de Defensa?

– Son dos universos, dos plataformas diferentes. Yo era Ministro de Desarrollo en un país distinto, en la época de máximo empleo en la historia de los últimos 40 años de Colombia, en el gobierno del doctor Turbay. Teníamos unos retos. Yo tuve muchos enfrentamientos por puestos, porque los congresistas querían pedirme puestos que yo no tenía. Aquí en el ministerio no me piden puestos porque sólo tengo puestos para soldados. Entonces sí, necesito soldados; me pueden mandar los hijos de ellos y los recomendados para mandarlos al ejército. Pero son dos colombias. Yo no estoy aquí como estaba hace 20 años en el gobierno, cumpliendo una función vital para proyectarme hacia el futuro. Aquí estoy ya después de cerrar un ciclo de mi vida, cuando me quería retirar en julio para escribir la historia económica de Colombia, aquélla que no han contado y de la cual mi hija me dice: Papá no la vaya a publicar porque nos quedamos sin puesto.

Cuando el presidente Samper me llamó yo andaba en otra cosa, estaba vendiendo celulares, contento. Muy estresante esa guerra de precios, esas peleas privadas que se dan, pero aquí apareció el reto por la patria. Yo dije no, un domingo; no, un lunes; no, un martes y mi mujer desde el primer momento me dijo: Apenas te hablen de la patria te vas a entregar. Lo mismo me dijo César Gaviria cuando llamé a preguntarle y casi lo mismo el expresidente López cuando llamé a consultarle.

EL ESTILO ES ECHEVERRI

Foto elcolombiano.com

Foto elcolombiano.com

Y aquí estoy, en un mundo que no es el mío, normalmente, pero que hoy me siento muy comprometido con él, impregnado. Convivo con los muchachos de las Fuerzas Militares y con los generales, me entiendo muy bien. Tenemos un equipo con el que trabajamos muy bueno, muy rico como decimos en Medellín. A veces tenemos reuniones con 30 ó 40 generales, con la junta asesora, con los comandantes de fuerza y yo me siento en confianza y no me siento inhibido ante ningún comandante ni ante ningún coronel, ni general, ni mayor. Me arrimo a ellos al estilo mío, usted sabe, simple. A veces, mientras ellos se me cuadran, yo les doy la mano. No he podido aprender a esperar a que terminen el saludo militar para darles la mano.

Pero tenemos metas y retos comunes; nos sentimos construyendo una cosa importante, me apoyan en mi tema de la paz. Lógicamente, ellos no van a negociar, ni quieren negociar, pero saben expresar a través de mí lo que desean y lo que sienten. Vemos que administrativamente estamos apoyándolos en muchas cosas. Hay resultados ya muy positivos de la política paisa de compras, hay delegaciones para facilitar que los procesos caminen; antes el ministro tenía que firmar todos los contratos. Desde junio-julio se hicieron delegaciones a los Comandantes de Fuerza. Eso ha producido un cambio en la estrategia de comportamiento en cuanto a la política de compras de equipos, porque hoy en día un Comandante de Fuerza que tiene una disponibilidad, sabe que tiene unas necesidades, pone todo el corazón en escoger lo mejor de lo mejor, hace toda la auditoría de la compra; nunca se escapan a las presiones de los vendedores, cada vendedor quiere ganarse un negocio y eso se da en todo el mundo. Los generales hoy saben que tienen que firmar unos contratos y eso les da una responsabilidad.

Eso ha logrado que la parte operativa y la parte administrativa – que antes eran como dos piñones sueltos- engranen, porque el mismo comandante de las fuerzas obliga a que coordinen esos dos piñones.

MINISTROS DE TRES SOLES

– ¿El cambio de ministro de defensa militar a civil no afectó en su amor propio al estamento militar que veía en la “chanfa” que usted tiene ahora la coronación de su carrera?

– Yo creo que cualquiera de los generales retirados de Colombia puede ser ministro de defensa después, o cuando el presidente lo quiera. Pero creo que ellos han entendido que yo no he venido aquí por ambiciones, como escalera para subir a otra parte, que quiero servir, que como ser humano me puedo equivocar. Pero hay acoplamiento a medida que van mejorando el conocimiento interno de la gestión. La relación es mejor, más ajustada, más positiva y yo me siento orgulloso de hacer parte de las gentes del Ministerio de Defensa.

EL ARTE DE COMPRAR BALAS

– Calumniándolo de pronto, ministro, el hecho de que usted no distinga una bala de la sota de bastos ¿no ha interferido en ese diálogo suyo con el Alto Mando?

– Coger una bala y distinguir si es de 38 largo, 38 corto, 9 milímetros, si es para ametralladora… no es mi oficio. Pero yo si sé cuánto vale una bala y sé cómo la puedo comprar. Cuando llegue el concepto técnico – para eso están los militares-, ellos me dicen si es una buena o una mala bala. De acuerdo con la calificación que los militares hacen yo compro una bala buena por un mejor precio y le aplico la “política paisa” (de “barequiar” o pedir rebaja).

Aquí ya se han sentado vendedores con contratos ganados prácticamente, por licitación, con todas las de la ley. Pero es que la Ley 80 abre una puerta nueva que dice: Mire, después de que termine la licitación usted puede llamar a los finalistas para que hagan una nueva rebaja.

Aquí se han sentado israelitas, franceses, norteamericanos, alemanes, españoles, a pegar el último envión y eso ha significado, más o menos, 40 millones dólares adicionales en rebajas en estos 6 meses.

GANDHI NO, GERENTE SI

– ¿Nunca viviremos sin estos caballeros que venden armas?

– No soy un Bertrand Russell, pero sí aspiraría que el mundo fuera diferente, pero esa parte genética del hombre malo, del otro yo, suya y mía, existe. ¿Se acuerda del doctor Jekill y su otro yo? Todos tenemos un otro yo, y la sociedad tiene un otro yo. Los fabricantes de armas, que dicen: No queremos las minas, queremos la paz, queremos los derechos humanos, pero no, yo voy a seguir vendiendo minas.

– ¿En el oficio de “Gandhi paisa” (buscando la paz), cómo le ha ido?

– Yo no sé si soy un “Gandhi paisa”, Lo que si sé es que aquí estoy en una dualidad. Cuando el presidente Samper dijo que me necesitaba, yo le dije: Tengo dos metas: una dejar una estrategia de paz y otra muy importante, dar mi aporte administrativo al ministerio de defensa, darles a ellos la concepción de la gerencia.

Aquí se ha hecho gerencia. Por ejemplo, el año entrante el Ministerio de Defensa será el primer ministerio en Colombia que tendrá un presupuesto por programas. Y eso es bien importante porque podemos seguir los gastos, cómo van a ser.

ADMONICION A LOS GUERRILLEROS

– ¿Se puede empezar a hablar de la “frente en alto” a pesar de “Monitas Retrecheras” y de todas esas cosas?

– La gente que yo tengo, como comandantes, generales de división y de brigada, es gente transparente, sin acusaciones, sin nada. En los procesos de delegaciones (los militares) están teniendo una responsabilidad que es buena, que es sana, que puede que no sea perfecta, siempre donde hay hombres, hay algunos que fallan. Recuerde a Cristo con un Judas, pero vamos para adelante.

El otro tema hablado con el presidente era el de la paz. Me dijo: ¿Usted qué va hacer por la paz? Lo dije en mi discurso (de posesión), algunos ni lo entendieron, me criticaron pero hoy, después de 8 meses, mi discusión sigue siendo válida. Más aun, es la guía del proceso de paz, no es una propuesta de paz. Yo dije: Queremos un ejército fuerte, organizado, motivado. ¿Usted no se ha dado cuenta que no ha vuelto a haber ataques a las petroleras? Que disminuyó no quiere decir que no se vayan a dar, van a darse. ¿Usted no se ha dado cuenta de que la matazón de policías, que eran trece o catorce, dos veces a la semana en pueblos aislados, se ha reducido verticalmente? ¿Usted no se ha dado cuenta, porque no es su oficio, que la gente de la aviación, que la gente de la armada, del ejército y la policía, han modernizado sus equipos? Ya hay equipos nuevos y hay un ejército con una concepción diferente. Eso no quiere decir que esté arreglado todo, no hemos arreglado sino un diez por ciento. Hay mucho por arreglar, pero lo que es importante es que se ha desatado un proceso de inteligencia, de la buena inteligencia, para organizar administrativamente las fuerzas.

Entonces la primera condición para hacer la paz, es que haya una fuerza pública que le diga a la guerrilla: Señores, ustedes puede que hayan avanzado mucho en los últimos años, especialmente por el apoyo del narcotráfico que les ha dado la plata, pero ustedes ya no van a ganar esta guerra. Piénsenlo dos veces, señores guerrilleros. Para que se sienten y hagan la paz…

SEGUNDA PATRIA BOBA

Pensando siempre en Colombia Foto partidoliberalcolombiano.com

Pensando siempre en Colombia
Foto partidoliberalcolombiano.com

– ¿Cómo salir de esa patria boba de la que usted hablaba hace poco en la que nadie gana ni pierde la guerra?

– Es verdad. Antes la guerrilla decía que estaba ganando la guerra. Álvaro Uribe Vélez, Gobernador de Antioquia, por nuestra solicitud, le pidió a García Márquez: Hable con Fidel Castro a ver si nos puede ayudar en un proceso de paz en Antioquia. Dos meses después, en enero o febrero, por la misma vía de García Márquez, Uribe Vélez recibió la información de que le habían dicho al presidente Castro que ellos no negociaban la paz porque estaban ganando la guerra. Yo creo que hoy, después de haber sentido lo que han sentido, la guerrilla es otra. Lo que yo quiero decirle es que se ha fortalecido la fuerza pública y que con ésta fortalecida se le está notificando a la guerrilla: ¡Hermanos, ustedes no están en posición de ganar la guerra, no sigamos en la patria boba, vayámonos en un camino hacia la paz, con lógica y con inteligencia, porque la paz no es como creen algunos periodistas, amigos suyos, que me dicen: ¿Cuándo se van a sentar a negociar la paz? Usted se sienta, negocia la paz y en tres meses vuelve a tener guerra. Hay que corregir las causas de la guerra.

– ¿Pero se puede hacer la paz con la guerrilla actual, con los actuales directivos o habrá que esperar rostros nuevos en los cargos oficiales de la guerrilla?

– La paz es un proceso que si se deja así, va a ser muy largo; en Guatemala se demoró 10 años, ojalá aquí con las experiencias de ellos lo recortamos a 5, pero serán por lo menos 3 gobiernos, éste y los dos que le sucedan, para llegar a un acuerdo de paz que madure.

Habla doña Marta Inés Pérez de Echeverri:

 

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Martha Inés Pérez de Echeverri Foto xoomcplips.com

Gilberto era la línea recta

La primera vez que se conocieron ella tenía 8 años. Siguieron viéndose. A sus quince coincidieron en una fiesta. Vinieron los boleros, el flechazo, el amor, el noviazgo… y 41 años de matrimonio.

Doña Marta Inés Pérez cuenta que la última vez que habló con su esposo, Gilberto Echeverri Mejía, fue el 20 de abril, hace trece años, “cuando Guillermo (Gaviria, entonces gobernador de Antioquia, del cual Echeverri era asesor de paz) lo llamó varias veces para que fueran a Santa de Antioquia a acompañarlo a la marcha por la paz y a la celebración de la misa en el municipio de Caicedo. Cuando salió de la casa me dijo: ‘Yo no quiero ir pues no me parece que debamos ir a Caicedo. Me voy a convencer a Guillermo de que termine la caminata con la celebración de la misa en Santa Fe. Vieja, me voy por lealtad con mi jefe’”.

Las Farc, que no saben de lealtades, lo secuestraron y lo asesinaron trece meses después en un frustrado operativo militar de rescate. También sacrificaron al gobernador Guillermo Gaviria y a un grupo de militares.

Para doña Marta Inés, “Tejito” en la semántica familiar, “son todas personas que dieron su vida por la patria y por lograr la paz que tanto necesita Colombia. Ojalá que la memoria no se pierda con los años y no se olviden de tantas personas que han sacrificado injustamente. Ojalá que no solo los recuerden con cariño, sino como ejemplo para las nuevas generaciones”.

Está de acuerdo con el proceso de negociaciones que se adelanta con las Farc en La Habana. “Espero que muchos de sus pensamientos estén plasmados en estas conversaciones. Lo que sí creo es que su sacrificio desató este proceso”.

Desde las montañas

Durante el cautiverio, la radio remplazó esa larga conversación entre dos que es el matrimonio. Ella le enviaba conmovedores mensajes que los colombianos recordamos. En su voz, Echeverri descifraba el estado de ánimo de quien apodaba “Vieja” o “La Cabra”. Sus palabras eran el maná del cautivo como lo recuerda en su libro “Bitácora desde el cautiverio” (Editorial EAFIT).

Gilberto Echeverri Mejía, su última imagen viva transmitida por sus secuestradores de las FARC. Foto colombia.com

Gilberto Echeverri Mejía, su última imagen aún con vida, transmitida por sus secuestradores de las FARC.
Foto colombia.com

“Es un libro que recoge su pensamiento. Además, un ejemplo para todas las familias y personas en este tiempo en el que los valores se han perdido y las familias se están desbaratando. Es un ejemplo de vida”, dice doña Marta Inés.

A lo largo del libro el autor prolonga desde las selvas de Colombia su amor por el país, su afán de conjugar hasta el final el verbo servir. No se quedó con nada para él. “Estaba feliz trabajando en Occel hasta que lo llamó el presidente Samper quien le insistió mucho y al fin aceptó. Decía que él le tenía que retribuir a Colombia todo lo que este le había dado y que no iba a ser ministro de guerra sino de paz”, asegura.

La Bitácora es un libro en busca de lectores. Difícil encontrar un testimonio tan lleno de alegría de vivir y servir. Hay entrega, optimismo, dolor y frustración. No tiene presa (página) mala. Critica la dirigencia criolla reacia al cambio.

Saca tiempo para agradecer – y criticar- a la radio la manera, muchas veces ligera, como informa sobre las aproximaciones gobierno-guerrilla.

“Toto” para su familia, el festivo y mamagallista “Ratón” Echeverri para los periodistas, era obsesivo en la búsqueda de la reconciliación. “Su interés era dejarles a los niños una Colombia en paz, en donde todos cupiéramos y tuviéramos oportunidades. Le dolía la pobreza y los niños sin futuro. Eso no lo dejaba dormir”.

Un ladrillo para la educación

En el campamento donde fueron asesinados, los militares encontraron otro libro de puño, letra y corazón del exdirector del Sena: ”Un sistema educativo para construir desarrollo y un país justo, equilibrado y en paz”.

Se trata de un libro rojo editado por la Secretaría de Educación para la Cultura. Incluía instrucciones a tres funcionarios del PLANEA: Pacho, Angelita, Beatriz. “El ladrillo”, como lo denominó el propio autor, es para “enmendarlo, corregirlo, adicionarlo, reestructurarlo… o tirarlo a la basura”.

En la nota introductoria les decía que “trabajo en condiciones muy difíciles. En nuestra caleta vivimos trece personas. Ello equivale a trece radios en diferentes emisoras. Unos son carpinteros, otros escriben, cantan leen, hacen gimnasio u otros ejercicios”.

Convertido en improvisado carpintero, el ingeniero eléctrico de la Pontificia Bolivariana con estudios complementarios en Europa y Japón, con la ayuda de sus compañeros de cautiverio talló un ajedrez para su nieta Camila, destinataria de muchos de sus textos, como éste en el que le dice: “No haber asumido el riesgo de buscar la paz, habría sido un fracaso”.

En la introducción al libro rojo, el autor enfatiza que “los colombianos somos unos seres con una personalidad compleja y muy difícil de comprender. No nos gusta aceptar la realidad, aun cuando tenemos la inteligencia para entender qué nos pasa y por qué. Pero como la solución es dura y nos exige conceder a los demás muchas cosas, recurrimos a toda clase de fórmulas para no asumir el costo”.

La alegría de vivir

Echeverri, ejecutivo de lavar y planchar, era una fiesta, la encarnación de la alegría de vivir. La patria empezaba en su familia: su esposa, sus hijos Lina María (Mona), Jorge Ignacio (Pirry) y Carlos Arturo (Mono), sus nietos Camila, Simón y Tomás. (Se tenía confianza para poner apodos. A quien escribe estas líneas le decía Groucho, por sus bigotes).

¿Un día sin él?, le pregunto a doña Marta Inés: “Muy duro, lo recuerdo en todo momento, me hace mucha falta para todo. Ese es una herida abierta en el corazón que no sana”.

Las últimas horas antes del secuestro las dedicaron Echeverri y Gaviria a analizar los pasos siguientes para llevar la paz a Antioquia. Foto elespectador.com

Las últimas horas antes del secuestro las dedicaron Echeverri y Gaviria a analizar los pasos siguientes para llevar la paz a Antioquia.
Foto elespectador.com

¿Un día con él? “Se levantaba muy temprano a leer, estudiar y contestar correspondencia y llamadas telefónicas. Luego oía noticias y se iba antes de la siete de la mañana para el trabajo. Regresaba a almorzar y a descansar unos quince minutos. Y volvía a trabajar. Llegaba en la noche y no volvía a salir. Conversábamos, veía tv, oía radio. Hablábamos mucho con los hijos”.

Doña Marta Inés se refiere a Echeverri “como un hombre inteligente, sensato, con muchos valores, con sentido práctico, trabajador al máximo, muy alegre y con mucho sentido del humor. Como hombre era recto y leal; como novio, afectuoso y cumplido; como marido, amoroso; como padre, fuerte pero cariñoso; como abuelo, alcahueta y contemplador; como funcionario público, honrado y trabajador”.

Indago si era muy parecido el Echeverri de casa al Echeverri público. La respuesta es afirmativa: “Era una persona totalmente trasparente. Además su trabajo lo hacía con mucha responsabilidad y era muy respetuoso del otro. Así era en la casa. Se cuidaba mucho de no ofender, pero era muy estricto en todas sus cosas. Era una línea recta”.

La vida sin el Toto Echeverri

Le pregunto cómo es la vida sin su esposo: “De mucha soledad. Lo siento cuando regreso a casa los domingos desde Ríonegro y me encuentro totalmente sola, en las tardes y las noches; cuando conversábamos de todo lo nuestro y de nuestros hijos y nietos, de lo que pensábamos y de nuestro futuro, de su trabajo, de la paz de Colombia, de todos nuestros planes para cuando se retirara. La falta de apoyo para todas las cosas buenas y malas de la vida. Esto fue una verdadera tragedia. Los que lo mataron aún no se han dado cuenta del daño tan inmenso que nos hicieron, algo irreparable. Me partieron el corazón. Vivir sin él, sin su alegría y sin su apoyo incondicional ha sido muy difícil. Fueron 41 de matrimonio y dos almas unidas para siempre. El volver a empezar ha sido demasiado duro, super difícil y muy traumático no sólo para mí sino también para nuestros hijos y nietos. No entiendo cómo pudieron pasar todas estas cosas. El secuestro fue un calvario para todos y especialmente para él. Nos arrebataron lo que más queríamos y nos dejaron huérfanos. Es un dolor en el alma que no pasa, y que día a día se acrecienta más. Siempre lo tengo presente en todo y le pido que me ayude”.
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