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En la muerte del embajador ante la Santa Sede

Por Oscar Domínguez Giraldo

El embajador Guillermo León Escobar (Q.E.P.D.) con el papa Francisco. Foto cloudfront.net

La cancillería reportó  la muerte del embajador ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar. El diplomático quindiano era sociólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana, filósofo y teólogo de la Universidad de Bonn. Era escritor y un vaticanólogo de primera fila. En dos periodos, bajo los gobiernos de Alvaro Uribe y Juan Manuel Santos, fue embajador por espacio de 12 años. Comparto dos mensajes que le envié en su oportunidad. Paz sobre la tumba de un colombiano de hartos quilates. od

 Embajador Guillermo León Escobar, salud.
Permítame felicitarlo por regresar al cargo de embajador que le embolataron en tiempos de mi paisano Uribe. No han debido cambiar a una persona como usted que no solo se conoce al dedillo los recovecos vaticanos sino que le hacen vale en toda las pizerías de la eterna ciudad.

No lo felicito para endosarle mi hoja de vida porque aunque el italiano no me es ajeno del todo porque sé decir “Io sono” y pare de contar, no aguanto una misa con triquitraque. No soy apto ni para cargarle la maleta.

Pero sí puedo contar para la posteridad que una vez asistí a un desayuno en el Metropolitan Club, de Bogotá, y que usted fue la estrella. Hasta le escribí unas líneas que le repito, no para que me invite a su nueva posesión en Ciudad del Vaticano con gastos pagos, incluida lasaña y vinillo de ese que alegra el corazón del hombre como se lee en la Biblia, el libro Gordo de Dios, sino para desempolvar mi archivo epistolar.

Felicidades y no le deseo éxitos porque los tendrá en cantidades. Eso sí, mis saludos al Che Francisco, cuando le vaya a prestar, perdón, presentar las credenciales. Felicidades, d

 

 

Señor embajador:

Lo escuché ayer en el Metropolitan en el desayuno convocado por las pontificias Bolivariana, de Medellín, y Sabana, de Bogotá, de donde es egresada mi hija periodista. Esta vez, de lejos,  se me pareció no solo a Pavarotti, sino a Humberto Eco, sin el sombrero. Ah, y a mi viejo amigo Luis David Obando.

Todavía ignoro por qué me invitaron a un desayuno en el que “hurgamos” en el pensamiento del Papa que usted no disfrutó de cerca porque lo cambiaron por dos paisanos míos: Juan Gómez y César Mauricio.

Lo imagino “defenestrado”, mostrándole al heredero de sus euros y de su cargo, los recovecos de la capilla Sixtina, y los lugares donde venden las mejores y más caras y/o baratas lasañas en Ciudad del Vaticano.

Para el desayuno, este pecho había tomado asiento cerca de la salida para volarse en caso de somnolencia. Es lo que suelo hacer. Al final, casi no me sacan de allí.

Todo por culpa, no tanto del Evangelio según Benedicto, sino según el Evangelio según san Carlos Alberto (Villa), y san Guillermo (Escobar) (usted). Las intervenciones de los dos sacaron la cara por la madrugadora cita.

Enseñanza para mí: más vale economía en mano que teología volando.

Lo digo porque el doctor Escobar aterrizó, y de qué forma, la Encíclica del pontífice  alemán que vive con dos gatos.

(No he leído la Encíclica “Caritas in veritate” y usted me acobardó todavía más al hablar de que está escrita en círculos concéntricos o algo así. Y eso para un viejo lector de Emilio Salgari y de Julio Verne, es una gran limitante).

Con todo el latín que olvidé de mi paso por el seminario de los Agustinos recoletos, creo que me habría alcanzado para leerla y entenderle en esa lengua muerta… de la risa. Porque sigue vigente. Tal vez en latín me entre más fácil. Con decirle que ya empezábamos a traducir a Cicerón y a Horacio, no precisamente el de Santander.

El doctor Carlos se pasó con su charla. Mejor dicho, como que se anticipó a la Encíclica con su empresa y con la Fundación El Cinco. (También, aunque en menor grado, ocurrió con el doctor Lizarralde, gerente de Indupalma, quien vino, desayunó, habló y se fue sin decir adiós).

Me tramó la propuesta del doctor Villa de aportar un cinco % del salario y/o del tiempo para ejercer la solidaridad. Queda claro que cristianismo, cualquier religión, sin solidaridad, es como un ajiaco de pollo sin pollo, pura paja. Palabras, palabras, palabras… O se ejerce la responsabilidad social desde cualquier trinchera, o tenemos de lo que tenían las “pezas” de las que hablaba su pragmático abuelo.

¿Y qué tal eso de permitirles a los trabajadores que laboren con horario libre, o sea, cumpliendo su jornada, en cualquier momento entre las 9 de la mañana y las cinco o seis de la tarde para que su gente pueda atender sus asuntos personales? El que pida más…

También se pasó con su conferencia, doctor Escobar. Provocaba sacar pareja. Nos dio una muy buena cartilla. Le aprovecharon sus 9 años visitando a toda hora la Sixtina.

Gracias por los antecedentes que nos dio sobre los orígenes de la encíclica aunque por momentos me pareció que se olvidó de mencionar una: el Evangelio. De pronto se la puede agregar para la próxima. Muy lúcida y lucida su conferencia. Como sus columnas en El Nuevo Siglo y de pronto en El Espectador.-

Creo que no le quito más tiempo, odominguezg.

 

Una respuesta del embajador

 

Y esta la respuesta que me dio a una pregunta que le hice para una columna:

 

Respecto a su pregunta la sastrería del papa y de la mayoría de cardenales es Gammarelli y la competencia es Barbicone. De los sombreros, el que es rojo y blanco como de Armiño se llama Camauro se usaba en invierno. Lo uso Juan XXIII y este Papa . El otro, si usted lo mira bien, se parece a la representación del paneta Saturno y así se llama, y es de color rojo .

Sobre los zapatos. Por lo común son rojos, caminan sobre la sangre de los mártires o conducen al martirio. Los papas de tradición franciscana los usan de color café como es el hábito de la orden. Juan Pablo II rara vez usó los rojos. Casi siempre fueron negros. Por lo general en privado usan las sandalias o campagus . Las medías se llaman como en la época romana ” caliges “. Recuerde que de ahí viene el nombre de calígula pero entonces era el juego completo de sandalia y media; es el mismo asunto de las ” calzas ” que era como el enterizo de los niños porque de ahí se han derivado calzado, calzón, calzoncillo y el viejo nombre de calzas para las medias. Creo que fue Tirso de Molina el de Don Gil de las Calzas verdes equivalente hoy día al o que llaman los jóvenes Chicles o legis

un saludo

Guillermo León Escobar Herrán

Comunicado del Gobierno colombiano sobre el fallecimiento de Guillermo León Escobar

El Ministerio de Relaciones Exteriores en nombre del Gobierno expresa su profunda tristeza por el fallecimiento de Guillermo León Escobar Herrán, nuestro Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Colombia ante la Santa Sede.

El Embajador Escobar sociólogo de la Universidad Pontificia de Medellín, filósofo y teólogo de la Universidad de Bonn, Alemania, nos representó ante el Vaticano de 1998 a 2007 y desde diciembre de 2014.

Por su cercanía con la Iglesia y por su conocimiento del Vaticano, el embajador Guillermo León fue seleccionado por varios presidentes colombianos para ocupar este cargo de gran responsabilidad y trascendencia para Colombia, especialmente en este esfuerzo de paz y reconciliación.

Durante 20 años fue asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano, consultor en el Pontificio Consejo de la Familia y el Pontificio Consejo para los Laicos. Benedicto XVI, lo nombró perito pontificio para la reunión internacional de la iglesia de América en Aparecida.

Su partida deja un gran vacío. Su conocimiento, su generosidad, su optimismo, su permanente gratitud, sus palabras sabias, su visión amplia, su búsqueda de unidad en medio de la diversidad de opiniones, su convicción del respeto hacia los demás, y de solidaridad hacia las necesidades del otro, serán siempre un referente para continuar trabajando por el futuro de nuestro país.

Siempre exaltó su origen quindiano y lo despedimos con inmenso pesar en esta Navidad con el mensaje que hace un año envió a su departamento: “Hay que pensar en iniciativas que involucren generosidad y solidaridad, porque esta última es la única virtud con la que uno se enriquece dando, por lo que ojalá el Quindío se enriquezca de solidaridad porque hay muchas necesidades”.

Bogotá 17 de diciembre de 2017

 

 

 

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