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En Colombia todo sucede sin que pase nada

Por Octavio Quintero, El Satélite

El presidente Juan Manuel Santos, los negociadores de la paz y Roy Barreras que aparece en radio, prensa televisión y en la sopa. Foto noticias24.com

 

Tal vez el inmolado Álvaro Gómez Hurtado hubiera empezado diciendo, con relación a los resultados del plebiscito de ayer: “Hemos derrotado al régimen; ahora hay que tumbarlo”.

Y en efecto, quedaron derrotados los dos protagonistas principales del encuentro: Santos y Uribe cuyos votos sumados apenas vienen a ser un lánguido 37 por ciento del potencial electoral.

Junto a ellos, otro peso pesado de la política colombiana, el expresidente César Gaviria, jefe de campaña del SÍ, cuyos alaridos retumbaron en pobres escenarios políticos, como testimonio de un pasado que ya no existe.

Ellos tres (Santos-Uribe-Gaviria), rodeados por Pastrana (no), Belisario y Samper (si) y Vargas Lleras (si y no), más todos los partidos políticos, hasta del Polo, con todo el poder del establecimiento, sobre todo el poder económico, enunciado por el mismo Presidente en simpático símil de “votos para acá-presupuesto para allá”, no pudieron derrotar a la sociedad civil.

Y faltan más actores caídos en ese juego plebiscitario que se le planteó a Colombia como una encerrona entre paz o guerra: las empresas encuestadoras y los tradicionales medios de comunicación social…

Y, como colofón del desastre, la propia iglesia católica cuyo papa, el querido Francisco, se dejó manipular con una declaración sobre su probable visita a Colombia el año entrante de la que, medios como Semana.com lo pusieron de decir que solo vendría si ganaba el SÍ.

¿Puede creer alguien que semejante naufragio se arregla con solo cambiarle el mascarón de proa al barco?

Es lo que se desprende de las declaraciones escritas del presidente Santos y el expresidente Uribe tras la derrota de ayer. Esto no es conquistando una paz parcial y seguramente efímera con las Farc-Ep; ni siquiera agregándole el ELN o acabando con el narcotráfico y toda la peste antisocial que pulula alrededor del gran negocio de la droga…

Esto es, para decirlo en punto aparte y resaltado, con JUSTICIA SOCIAL, sea lo que esto signifique o le diga a la sociedad civil que la reclama:

Para nosotros, ¿qué es esto? Es todo lo que le desconoce, usurpa o niega a la sociedad civil ese régimen que ayer quedó derrotado: salud, educación, empleo, vivienda, respeto humano, integración social y descentralización administrativa. La justicia social también es igualdad de oportunidades y de derechos humanos; y es equidad y es moral y ética en la administración pública y privada, que todo esto resulta esencial e imprescindible para que los individuos en particular, dentro de un colectivo que llamamos sociedad civil, puedan desarrollar su máximo potencial y aspirar a una paz estable y duradera.

Si los derrotados ayer tuvieran vergüenza debieran renunciar los que están al mando del gobierno nacional, y dar un paso al costado los “inmortales” expresidentes que, en Colombia, vienen a ser como los peces que cuando mueren flotan.

Pero no, seguramente que nada de esto pasará. Eso lo comprendió años atrás Gómez Hurtado cuando dijo: “hay que tumbar el régimen”; y cayó primero él, como atrás había caído Gaitán, y en medio de ellos, muchos otros y hacia adelante ¿cuántos más? Y no es porque existan las Farc; es porque existe un régimen con gran injusticia social que produce estos movimientos armados, unos, y desarmados otros, como la inmensa mayoría de la sociedad civil que los viene derrotando jornada tras jornada electoral, pero que ayer fue de manera vergonzosa.

Fin de folio.- Si no se lee correctamente el resultado del plebiscito, seguiré diciendo con Bertolt Brecht: “Al fin ha muerto el bastardo, pero no os alegréis con su derrota, porque la perra que lo parió, nuevamente está en celo”

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