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En Bogotá y en Colombia vuelve a aumentar la pobreza

Jorge Iván González* (razonpublica.com)

Tras varios años de descenso sostenido, la pobreza está otra vez en aumento, y esto se debe al mal manejo de la bonanza minera, a la devaluación del 2016, a la creciente concentración del ingreso y a la descoordinación entre Gobierno y Distrito.

Los números son los números

Los informes recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) han llamado la atención sobre el aumento de la pobreza en la región. El panorama social está cambiando de manera sustantiva, y las condiciones de vida se están empeorando en casi todos los países.

Esto vale también para Colombia en su conjunto y para la ciudad de Bogotá: la pobreza ha dejado de disminuir, como lo había hecho durante la última década.

Por eso se necesitan medidas urgentes, y ello obliga a replantear la orientación de la economía, y a reenfocar las políticas y estrategias del Gobierno nacional y de la administración de la ciudad.

Tanto en Colombia como en Bogotá, esta nueva tendencia indica que se están produciendo transformaciones significativas en la economía, y que los cambios empiezan a tener una incidencia negativa sobre las condiciones de vida de la gente.

La incidencia de la pobreza medida por ingresos (personas cuyos ingresos no alcanzan para adquirir la canasta mínima), está comenzando a aumentar. Como se observa en la Gráfica 1, para Colombia en su conjunto, el porcentaje de personas con ingresos inferiores a esa “línea de pobreza” (LP) llegó a su punto mínimo en el 2015, cuando la incidencia fue de 27,8 por ciento. Entre el 2015 y el 2016 el porcentaje aumentó a 28 por ciento. Aunque la diferencia parece ser pequeña, el hecho relevante y preocupante es que se haya detenido la tendencia positiva de los años anteriores.

Grafica 1. Porcentaje personas por debajo de la línea de pobreza (LP)

Porcentaje personas por debajo de la línea de pobreza

Fuente: DANE

En Bogotá también está aumentando la pobreza. El punto mínimo se registró en 2014, cuando el índice llegó a 10,1 por ciento, y a partir de entonces la tendencia ha sido creciente: 10,4 por ciento en el 2015 y 11,6 por ciento en el 2016. Este proceso ascendente no se veía desde el 2003.

Los hechos anteriores muestran que los logros que se han conseguido en la lucha contra la pobreza son frágiles, y que los avances se pueden echar para atrás de manera significativa.

La pobreza extrema – que afecta a aquellas personas cuyos ingresos no alcanzan ni siquiera para comprar la canasta de alimentos básica- también comenzó a subir (Grafica2). Estas personas son las más vulnerables porque padecen de  hambre y de desnutrición.

Para el país como un todo, la pobreza extrema aumentó su incidencia de 7,9 por ciento en el 2015 a 8,5 por ciento en el 2016. Y en Bogotá pasó de 1,6 por ciento en el 2013 a 2,3 por ciento en el 2016.

 

Gráfica 2. Porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza extrema

Porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza extrema

Fuente: DANE

El que se estén revirtiendo los logros que se habían alcanzado en materia de pobreza es   sencillamente inaceptable.  El asunto, como suele suceder con los problemas importantes, ha estado por fuera de la preocupación de los numerosos candidatos que pretenden llegar a la presidencia. Sería muy interesante que propusieran soluciones para un problema que literalmente afecta de manera grave a tantos conciudadanos.

Las razones

Pobreza en Bogotá.
Pobreza en Bogotá.
Foto: Angélica Zambrano @Anyelik

Más allá de la indignación que debería causar el aumento de la pobreza, es conveniente examinar las posibles causas de este fenómeno. Propongo cuatro explicaciones

  • la política macro económica,
  • la devaluación del peso,
  • la aguda concentración del ingreso y de la riqueza, y
  • la falta de coordinación entre las políticas nacionales y distritales.

Medidas macroeconómicas desatinadas

El mayor error de la política económica de los últimos años fue desperdiciar la bonanza energético-minera, y haber sumido al país en los horrores de la “enfermedad holandesa” (pérdida de competitividad de la agricultura y la industria nacionales como resultado del abaratamiento de las importaciones que resulta del ingreso masivo de divisas – si no se toman los correctivos adecuados).

Durante los últimos diez años se destruyó el aparato productivo industrial y agropecuario. Se descuidó el mercado interno, y el país se convirtió en un gigantesco Sanandresito. Gracias a la revaluación del peso, durante diez años los colombianos nos sentimos ricos y las importaciones aumentaron de manera significativa. Las advertencias sobre los peligros de la enfermedad holandesa fueron del todo ignoradas, y el Gobierno siempre negó que esta enfermedad pudiera presentarse.

Los excedentes se utilizaron muy mal, y el manejo de las regalías fue pésimo, como lo ha señalado la Contraloría en varios informes recientes. Las regalías no se destinaron a proyectos productivos ni a elevar la demanda interna de manera sostenible.

La enfermedad holandesa y el desperdicio de las regalías se tradujeron por eso en un alivio apenas temporal de la pobreza y en un agravamiento de su incidencia estructural o de más largo plazo.

El golpe de la devaluación

La euforia de la bonanza llevó a que en diez años la importación de alimentos básicos haya pasado de un millón a doce millones de toneladas. Este proceso fue destruyendo la producción agropecuaria doméstica.

Y, recientemente, de un momento a otro, cuando se acabó la bonanza, vino el golpe causado por la devaluación del peso, que encareció los alimentos importados.

Gráfica 3. Descomposición de los cambios en la incidencia de la pobreza (LP) entre 2015 y 2016.

Descomposición de los cambios en la incidencia de la pobreza (LP) entre 2015 y 2016.

 

 

La franja verde de la Grafica 3 representa el efecto del aumento en el costo de la canasta básica sobre la pobreza. La devaluación del peso significó por supuesto un alza considerable en el precio de los bienes o insumos importados para esa canasta básica.

De esta manera la línea de pobreza para el país su conjunto pasó de 223.638 pesos mensuales por persona en el 2015, a 241.673 pesos en el 2016. Esta variación del 8,1 por ciento superó a la inflación.

Los cambios fueron más significativos en el valor de la línea de pobreza extrema, que aumentó de 102.109 pesos mensuales  en el 2015 a 114.692 pesos en  2016. La variación fue del 12,3 por ciento- o sea  más del doble de la inflación (5,75 por ciento)-.

En otras palabras, la devaluación tuvo un impacto significativo en el aumento de los precios de los alimentos. Y el golpe fue especialmente duro para las personas más pobres.

Ingreso y riqueza en pocas manos

La Cepal ha reiterado que la lucha contra la pobreza es efectiva y duradera si y sólo si se reduce la concentración del ingreso y de la riqueza. Pero el Gobierno colombiano no parece interesado en oír las advertencias de Naciones Unidas.

La desigualdad suele medirse por el índice de Gini, cuyo valor puede fluctuar entre 0,0 (toda le gente recibe el mismo ingreso) y 1,0 (una sola persona acapara el ingreso). Pues bien, como se indica en la Gráfica 4, el en caso de Colombia, el Gini de los ingresos laborales mantiene una tendencia ligeramente descendente mientras que en Bogotá, este índice aumentó de 0,498 a 0,499 entre 2015 y 2016. También había crecido entre 2012 y 2013, cuando subió de 0,497 a 0,504.

Gráfica 4. Coeficiente de Gini de los ingresos laborales

Coeficiente de Gini de los ingresos laborales

Fuente: DANE

Bogotá no ha logrado frenar el aumento de la desigualdad porque no ha avanzado hacia un sistema fiscal progresivo: el Concejo se niega a cobrar valorizaciones, derechos de edificabilidad, o mayores contribuciones por plusvalías- como lo hacen todas las grandes ciudades del mundo- Estos recursos fiscales podrían tener tarifas progresivas que mejorarían la equidad.

En el caso del metro, el Concejo toma la posición más cómoda, y opta por financiarlo con vigencias futuras. Esta alternativa es irresponsable y no favorece la consecución de recursos con criterios de equidad.

Y por su parte, cuando se observan los resultados del censo agropecuario del 2014 (CNA 2014), el panorama nacional es dramático (Gráfica 5).  El 70,8 por ciento de los trabajadores del campo están vinculados a unidades productoras agropecuarias (UPAs) menores de 5 hectáreas, que ocupan el 3,1 por ciento del área censada.  En las UPAs de más de 1.000 hectáreas se ubica el 0,2 por ciento de los productores, con el 59,5 por ciento del área.  Obviamente, esta concentración tan absoluta no favorece la lucha contra la pobreza.

Gráfica 5. Distribución de los productores y del área

Distribución de los productores y del área

Fuente: Cálculos de la Unidad de Producción Agropecuaria a partir del CNA 2014.

Poca coordinación entre las políticas nacionales y distritales

Economía.
Economía del rebusque.
Foto: Angélica Zambrano @Anyelik

El combate a la pobreza es una tarea conjunta que debería comprometer a los gobiernos nacional y distrital. Es evidente la falta de articulación. Las instituciones del nivel nacional no están trabajando de manera armónica con las de Bogotá, y la falta de eficiencia en el manejo de los recursos no favorece a las personas vulnerables.

Desde tiempos del alcalde Garzón nadie discute que una ciudad como Bogotá puede garantizar que nadie se acueste sin hambre, sin que ello afecte de manera significativa el presupuesto de la ciudad. Es inaceptable que hoy se estén acostando con hambre 184.000 personas.

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

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