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En Bogotá podría romperse el blindaje: De regreso a un NO o un SÍ.

Por Octavio Quintero, El Satélite

Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá Foto las2orillas.co

Me late que el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, la va a ver bien difícil para neutralizar los movimientos políticos de revocatoria de su mandato que levaron anclas al despuntar este 2017. El mandatario capitalino cerró el año con una de las peores imágenes que gobernante alguno de Bogotá haya acumulado en tan poco tiempo.

La última encuesta al cerrar año de, “Bogotá cómo vamos”, sobre percepción ciudadana, le reporta una imagen general desfavorable del 78%; y en las capas populares, su imagen desfavorable sube hasta el 86%, casi igual a la que tenía el rapaz, Samuel Moreno (89%) en la última etapa de su gobierno, cuando ya hervía en los medios y en la Fiscalía General el multimillonario robo conocido como “El carrusel de la contratación”.

Es difícil entender y, por supuesto, explicar, cómo un gobernante, elegido con una votación más a menos apreciable (16,6%) en relación con el potencial electoral (5’453.086), puede perder tanta imagen en su primer año de gobierno.

Tal vez su evidente obsesión de borrar la huella del mandato Petro; su arrogancia personal que lo impulsa a mantener un permanente enfrentamiento con el concejo, junto a los propios compromisos adquiridos frente a sus patrocinadores y auspiciadores políticos, le hayan llevado este primer año a forzar la toma de decisiones evidentemente impopulares.

Lo cierto es que ya se insinúa la formación de un bloque popular de oposición conformado por los cuatro comités que se lanzaron a buscar las firmas necesarias, 272.000, aproximadamente, para alcanzar el 30% de los votos con que fue elegido hace un año: –906.058).

Una vez revisadas y avaladas las firmas por la Registraduría Nacional, el siguiente paso es el referendo de revocatoria, en donde los electores solo pueden decir SÍ o NO a la permanencia o retiro del alcalde Peñalosa.

De acuerdo con las normas vigentes, el umbral para este proceso político deber ser igual al 40% del total de votos válidos emitidos en la respectiva elección del mandatario sujeto a revocatoria. En el caso concreto de Bogotá, la elección de octubre del 2015 arrojó un total de

2’730. 572 votos válidos. El 40% de esto, serían, 1’092.300.8 votos –digamos 1’100.000 en cifras redondas. De este umbral, la opción que obtenga al menos el 50% más un voto, gana el referendo. Es decir, para que quede claro: 550.000 electores, también en cifras redondas, podrían sacar a Peñalosa del cargo este mismo año.

¿Por qué decimos que la va a ver bien difícil?…

Porque Peñalosa nunca, a lo largo de su vida pública, ha sido leal a ningún partido político. Se dice que tiene tendencia liberal, tal vez porque su padre, el del famoso escándalo conocido como “Fadul y Peñalosa”, en el gobierno de Lleras Restrepo, era liberal. En su elección del 2015, a más del movimiento político por firmas que lo inscribió como candidato a la alcaldía de Bogotá, tanto el Partido Conservador como Cambio Radical, dos partidos que por su pregón ideológico vendrían a ser agua y aceite, adhirieron a su campaña. Pero al alcalde también le han atribuido afectos con el expresidente Uribe. Es más, no se descarta que muchos uribistas, hayan votado por él.

No pertenecer a un partido político definido es, en caso de revocatoria, un punto en contra en los actuales momentos, pues, quizás ningún partido quiera darse la pela de apoyarlo en tal difícil trance, sobre todo ad portas de una campaña electoral de Congreso y elección presidencial en el 2018, como es la que se avecina.

Sicológicamente el NO está de moda: el Brexit, el NO del Plebiscito por la Paz y el NO a Obama y su candidata Hilary Clinton, ambos derrotados por el sorprendente Donald Trump en la reciente elección presidencial.

Un rechazo popular a Peñalosa, podría ser la continuación de esos NO que ahora los analistas políticos le atribuyen a la posverdad, aquella tendencia que impulsa a la gente a tomar decisiones, más por sus emociones y creencias que en torno a razones fundamentadas.

Ese NO también pudiera ser la llave que abra la puerta a las revocatorias de mandatos populares en Colombia, después de 166 intentos fallidos a lo largo de 25 años.

Nada le caería tan bien a la sanidad política colombiana como estrenar ese instrumento de democracia directa que le permitiría zafarse de la coyunda administrativa que significa elegir un alcalde o un gobernador que a las primeras de cambio, niega o desconoce las promesas electorales que le sirvieron de plataforma a su elección, y tener que aguantárselo los cuatro años haciendo y deshaciendo a su antojo en medio de una camarilla con la que se reparte la burocracia y los dineros públicos.

Fin de folio.– Algún as tienen bajo la manga los mandatarios sujetos a revocatoria para que en estos 166 intentos no se haya podido coronar ningún caso. ¿Qué será? ¡Corrupción será!

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