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En Bogotá, la estupidez tiene excusa

Por Octavio Quintero, Director Grupo Editorial El Satélite

Estación Ferroviaria de la Sabana en Bogotá Foto turistren.com.co
Si hay algo doblemente indolente en este país es (1) el abandono del sistema férreo como transporte de carga y pasajeros, muy activo hasta los años 70 del siglo pasado, más o menos, con el consiguiente abandono de los corredores férreos; y, (2) que tales corredores se exhiban en el caos vehicular de Bogotá como culto a la imbecilidad de una norma que los declaró dizque “bien público” que, como tal, lo dice la constitución, son “inalienables, imprescriptibles e inembargables”, por lo que “no se pueden vender, donar ni adquirir por prescripción”.
 
Y en un país en donde lo común y corriente es pasarse por la faja la constitución y la ley, la tal norma sí la hace cumplir a rajatabla el INVÍAS (Instituto Nacional de Vías) que, en memorando de advertencia al alcalde, Enrique Peñalosa, le recuerda que no puede aprovechar el corredor férreo (que estorba como mula muerta en la mitad del camino) como parte de solución a la asfixiante movilidad vehicular que convierte a Bogotá en una urbe detestable.
 
Para formarse una idea del tamaño de la estupidez de la norma, piénsese no más en cuánto tiempo podría uno gastarse actualmente ir en carro de la Estación de la Sabana (Calle 13 con carrera 18) a Soacha: no menos de hora y media, en un recorrido de aproximadamente 18 km, es decir, 12 km/h (y eso, si no hay imprevistos por el camino).
 
Pues, entre la Estación de la Sabana y Soacha hay un  corredor férreo, intocable por supuesto, que habilitado como transporte de pasajeros podría gastar entre los dos puntos no más de 40 minutos a la velocidad promedio de Transmilenio de 26 km/h, que ya preocupa por su desorden y paulatina ralentización.
 
Un ahorro de tiempo de 50 minutos en un área metropolitana (Bogotá-Soacha) que congrega una población de al menos 5 millones de personas, resulta incuantificable en términos de valor agregado a la eficiencia económica. Y semejante empresa no se puede desarrollar simplemente porque, como dice el director del INVÍAS, el corredor férreo es intocable.
 
La misma lógica aplicaría para descongestionar y agilizar el transporte metropolitano entre Bogotá y las poblaciones vecinas por el corredor férreo que va hacia el norte: Sopó, Tocancipá y Gachancipá, e intermedias al noroccidente: Cajicá y Zipaquirá.
 
Velocidad de tortuga
 
El presidente Santos, tan presto a prometer “puentes donde no hay ríos”, en su febril campaña por la reelección del 2014, le ofreció a Bogotá que antes de terminar agosto del 2015, entregaría al Distrito y al Departamento de Cundinamarca el usufructo de los corredores férreos ubicados en Bogotá y su zona periférica, diciendo:
 

Imagen grouponcdn.com

 
“Queremos que se construya lo que se aprobó en el Conpes del 2010, el tren de cercanías, el metro ligero, el TransMilenio por la Avenida Boyacá, los dos cables en Ciudad Bolívar y Usme, y otras obras fundamentales para el transporte público colectivo de la ciudad, algunas trancadas en el Concejo de Bogotá, y otras hoy se aceleran al tomarse la decisión de abrir los espacios férreos para construir esa infraestructura”, dijo el mandatario capitalino.”.
 
Nada de nada…
 
Nada de eso sabía el Presidente que se podía hacer, pero le debió haber dado sus buenos votos para la reelección seis meses después, que era la intención. Tan es así, que van dos años y el proyecto de ley que podría destrabar esa congelación de los corredores férreos en Bogotá y los municipios vecinos, y por supuesto en todos los municipios del país en donde pudieran aprovecharse en mejorar la movilidad, apenas acaba de superar el trámite en el Senado, y anda para ponencia en la Cámara de Representantes.
 
Alguna alma parlamentaria caritativa, de las 70 que se suman entre Bogotá y Cundinamarca, pudiera empujar ese proyecto, el No. 84 del 2016 Senado, por el cual se adicionan, modifican y dictan disposiciones orientadas a fortalecer la contratación pública en Colombia, la Ley de infraestructura y se dictan otras disposiciones, como la referida a las vías férreas ubicadas dentro de los perímetros urbanos, que podrán ser usadas total o parcialmente para la construcción de Sistema de Transporte, previa entrega de la titularidad del corredor férreo a la entidad territorial  correspondiente, por parte de la Nación.
 
Si algo amerita urgencia nacional, inclusive en aras de preservar la poca paz social que se respira en ciudades como Bogotá, es este proyecto de ley. Todos sabemos que en una de tantas alteraciones públicas por cuenta de los infernales trancones que se arman en las rutas urbanas, la gente puede desbordar sus reclamos llegando a acciones de hecho impredecibles…
 
Y, si sabemos esto, ¿por qué no actuamos en consecuencia y con la respectiva diligencia? Vaya uno a saber…
 
Fin de folio.- Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo: Einstein.
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