Al instante

El uribemadurismo incendiario

Por Cecilia Orozco Tascón, El Espectador, Bogotá

(Foto ecopolítica.net)

URIBE Y MADURO SON ALMAS GEMELAS, cara y sello de una moneda: el populismo latinoamericano ramplón que creíamos extinguido hasta cuando llegaron, el primero a Colombia y el segundo —precedido por Chávez— a Venezuela.

Gotas de agua, aunque les duela a los partidarios de uno y otro, en gestos, estilo, discursos irresponsables y el odio que diseminan por donde pasan. Uribe a la ultraderecha, Maduro a la ultraizquierda, qué más da: sus métodos son similares, exacta su conducta. Exacerban los sentimientos más primitivos de sus congéneres para convertirlos en el soporte político de sus extremismos irracionales mientras, de otro lado, arrasan con seres humanos desvalidos que, bajo el prisma de su fanatismo, son sus enemigos mortales llámense “bandas terroristas” o “paramilitares”, según quien hable. El éxodo que se vive en la frontera, increíblemente parecido a los africanos que veíamos extraños a nuestra realidad, es obra de un loco desesperado por mantenerse en el poder y quien obtiene respuesta altisonante —como le gusta a la galería— del loco de esta parte, también desesperado por reconquistar el trono que tuvo y sin el cual no se resigna a vivir.

No es coincidencia que Maduro apele al nacionalismo para desterrar a sus “hermanos” colombianos, los más pobres, mientras la gente nacida en su país se muere de hambre y su gobierno enfrenta una crisis económica sin precedentes; pero, ante todo, cuando está a las puertas de los comicios de diciembre para elegir a los nuevos diputados (congresistas) que compondrán la Asamblea Nacional, hoy su firme aliada con el liderazgo de Diosdado Cabello, un tercer orate en escena, tan peligroso o más que los dos anteriores. Las encuestadoras independientes anticipan triunfo de la oposición, si es que hay votación general, lo cual apretaría las dificultades del sucesor del coronel fallecido, ni la mitad de carismático, astuto e intuitivo que este.

Tampoco lo es que Uribe rompa la tradición de los mandatarios colombianos, de solidaridad sin condiciones más allá del suelo patrio con el jefe de Estado en ejercicio, en momentos en que Colombia espera, de la misma manera, un pulso electoral para seleccionar alcaldes y gobernadores. Se sabe que su Centro Democrático va mal en cuanto a candidatos: muy pocos de los suyos tienen posibilidad de ganar en las ciudades mayores y en las pequeñas, ha tenido que aliarse con quienes se supone que son sus opuestos, los de partidos que respaldan a Santos. Y, sin embargo, llega raudo a Cúcuta con su oportunismo despiadado, a aprovechar la desgracia humanitaria y montarse sobre ella, para exprimirla y conseguir réditos.

Afirma Maduro, como si los problemas fronterizos hubieran aparecido ayer y en ellos intervinieran colombianos y ningún venezolano: “se ha venido descubriendo una realidad espantosa de cómo se ha posicionado el delito, la economía criminal, el paramilitarismo”. Responde Uribe en Cúcuta: “así como Castro utilizó el paredón para asesinar a los disidentes, la dictadura de Venezuela utiliza la abolición de las libertades para maltratar a la oposición democrática”. Dice Maduro: “aquí está el cínico, el rey de los falsos positivos y de las masacres en Colombia, Álvaro Uribe Vélez”. Contesta Uribe: “¿hasta cuándo va a durar la dictadura de Venezuela? Acá lo que hay es dominación de la dictadura castrochavista que maltrata y pisotea a los humildes trabajadores…”. No hay mal que por bien no venga. No perdamos la esperanza: algún día acabará la era del uribemadurismo incendiario y llegará la sensatez a los pueblos posuribistas más maduros, con m minúscula y sin la oscura connotación del presente.

Ir a la barra de herramientas