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El secuestro de Salud Hernández: perdió el periodismo

Por Omar Rincón* (razonpublica.com)

Más allá del escándalo y de sus implicaciones políticas, el secuestro de la periodista española reveló la dudosa calidad de este oficio en Colombia. ¿En qué consisten esos males? ¿Cuál es el periodismo que en realidad necesitamos?

La historia

El secuestro de la periodista Salud Hernández -que tuvo final feliz pero fue un banquete para los políticos y opinadores fanáticos del odio- exige pensar sobre el periodismo que hacemos en esta Colombia del siglo XXI.

La noticia fue avanzando por etapas: la periodista Salud Hernández ha desaparecido, después retenida y por último secuestrada. El final fue feliz, pues Salud Hernández fue dejada en libertad y justo a tiempo para que viera a su gran ídolo (el Real Madrid) en la final de la Champions. La ironía tremenda: una luchadora contra el drama del secuestro que acaba siendo secuestrada.

El suceso además dejó en evidencia una verdad incómoda: el Estado no controla el territorio, la Colombia profunda vive una realidad distinta de la del gobierno y de la de los de periodistas, expertos y políticos en Bogotá. También dejó una constancia política: el ELN lleva tanto tiempo fuera de política que todo lo que hace atenta contra los deseos de paz de los colombianos.

El debate político está al gusto de los iracundos de Bogotá. Mientras el innombrable dice que la patria se defiende a plomo, el jefe de las FARC dice que “que el secuestro debe terminar”. Ironías del destino.

Y en medio de todo esto, la opinión pública, que cada vez es menos pública y más de fanáticos o ultra-fanáticos, le hace matoneo al que piense siquiera un poco distinto. Por eso hay que cuidar cada adjetivo u opinión matizada que se haga. Ricardo Silva Romero lo describió muy bien: “Cuidado: no diga “secuestro” porque es “facho”, ni “retención” porque es “mamerto”, ni “desaparición” porque es estar del lado del Gobierno”.

En esta semana de opinión y goce morboso, lo que poco hubo es lo que poco hay en Colombia: periodismo. Y este caso trata sobre el periodismo. La persona secuestrada fue una periodista que estaba haciendo su oficio en el terreno (como recomiendan los viejos maestros) y que por hacer su oficio fue secuestrada. El que perdió fue el periodismo. Y cuando pierde el periodismo pierde la democracia. Entonces, vamos al periodismo.

El periodismo

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Jineth Bedoya, periodista y víctima del conflicto armado colombiano.
Foto: Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Hacer periodismo tiene reglas muy simples. Se trata de contar realidades. Y para contarlas hay que hacer reportería. Y para hacer reportería hay que ir al terreno, hablar con la gente, oler los miedos, sentir las desgracias, oir las voces que cuenten desde y en la realidad.

Luego, todo eso tiene que contarse con una mirada propia, que no es la del “yo opino” sino la del “yo comprendo y explico”. Y en medio de todo esto debe haber contexto y buen lenguaje. Eso es el periodismo, y eso lo ha venido haciendo bien Salud Hernández: va a las realidades, las siente, habla, cuenta y explica. Y tiene punto de vista, mirada propia.

“Yo siempre he sido imprudente, yo creo que un reportero siempre tiene que ser imprudente si no lo es, el 70 % de las cosas no las conseguiríamos pero es una imprudencia relativa porque para mí el Catatumbo tampoco es nuevo”, contó la periodista liberada.

El periodismo en Colombia

Aquí aparece el asunto para pensar: si el periodismo es así de simple, ¿por qué en Colombia se hace tan mal periodismo? He aquí algunas razones que devela el caso de Salud Hernández:

Los periodistas ya saben que no se puede ir al país de verdad. Por experiencia propia sabemos que solo se puede hacer reportería desde las seguras cabinas de radio, vía celular o en los restaurantes elegantes de la ciudad. Pero esto habla mal del periodismo que hacemos y del país que tenemos, ya que demuestra debilidad en el oficio y debilidad del Estado para legitimarse en el territorio.

El país de verdad no importa. El periodismo está tan embelesado con su propia imagen, que hoy son más importantes los que opinan sin conocer a fondo que los que hacen reportería y habitan los territorios donde la guerra, la corrupción, el cinismo de los políticos y el abandono Estatal es de no creer.

Para ir al territorio hay que investigar, contactar, estudiar, diversificar las voces. Y eso no se puede hacer en este “nuevo periodismo” del “en vivo”, “en directo”, “último minuto” y “en desarrollo”. Para este tipo de periodismo solo queda la carroña del dolor, el sensacionalismo de la sangre y el odio de frase fácil y respuesta huidiza. Por eso triunfa el matoncito de calle bogotana, el tuit furioso y odiador, y la mentira de fuente con poder.

Tener mirada propia es un problema

Se supone que Salud Hernández tiene una mirada propia: no le gusta y no comparte lo que hacen las guerrillas, pero tampoco lo que hace la justicia, lo que negocia el gobierno. Eso no es objetividad sino algo mejor: transparencia. Por eso no se escuda detrás del parapeto de la objetividad. Ella dice desde dónde mira, pero como es periodista y no odiadora profesional, le pone datos, historias, contextos y testimonios a su mirada.

Y eso es el buen periodismo: una mirada comprometida con la realidad y la democracia que se fundamenta en fuentes diversas y plurales, datos, documentos, voces, testimonios, historias y realidades. Y todos los periodistas colombianos tienen miradas propias (y algunos tienen también intereses propios).

El buen periodismo está amenazado… y secuestrado. Hacer periodismo de calidad en Colombia es difícil. Tiene muchas amenazas: no se puede ir a la realidad; solo se debe informar con la voz del amo (fuente, dueño del medio, poder de turno). Cuando se denuncia, el implicado agrede al periodista con adjetivos denigrantes pero no responde con datos, documentos o explicaciones. Ante la verdad periodística, se judicializa el oficio y se amedrenta con demandas que ponen al periodista a defenderse por hacer su oficio.

El negocio, que dice que los medios ya no sirven como están, se ha dedicado al sensacionalismo, al deporte y la farándula porque no hay plata para el periodismo de investigación (se prefiere a un anunciante contento que a una sociedad informada).

A los periodistas que investigan se les persigue a través de emails, panfletos, chuzadas y agresiones que muchas veces vienen de las “fuerzas del bien” (políticos, empresarios, anunciantes, gobiernos) pero también vienen de los dueños del mal (corruptos, caciques regionales, mafiosos, guerrilleros, narcos, delincuentes). En este contexto, es muy difícil hacer buen periodismo. El periodismo de calidad está secuestrado.

El periodismo que necesitamos

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La periodista Juanita León García.
Foto: Wikimedia Commons

El secuestro y liberación de la periodista Hernández debe llevarnos a repensar el periodismo. Aquí hay algunas reflexiones al respecto.

Hay que hacer periodismo en perspectiva de mujeres.

En toda América Latina las mujeres están demostrando que hacen mejor periodismo y con más compromiso que los hombres. En Colombia uno puede decir que los periodistas que han hecho los relatos más diversos, plurales e independientes han sido mujeres: Salud Hernández, María Teresa Ronderos, Juanita León, Marta Ruíz, Margarita Martínez, Yolanda Ruíz, Cecilia Orozco, María Jimena Duzán, Ana Cristina Restrepo, Patricia Nieto, Gina Morelo, Marisol Gómez, Alejandra de Vengoechea, Claudia Morales… y podríamos seguir. El periodismo de calidad tiene mirada y responsabilidad pública de mujeres.

Urge que el periodismo incluya más modos de ser Colombia en sus notas, informes y relatos. Debemos desmovilizar a los odiadores, a los expertos, a los académicos, a los políticos, a los gobernantes; silenciar las balas de los tuiteros del odio, y meter más maneras de ser Colombia en nuestras historias: esas del territorio donde la guerra ha habitado y, sin embargo, han seguido adelante ganándole dignidad a la vida.

Hay que exigir los mínimos periodísticos. Por favor, señor periodista, antes de pasar un tuit o un dato o una fuente (así sea muy importante), haga su oficio: mire si es verdad, contextualice, dé datos, busque otras fuentes. Para divulgar tuits no se necesita ser periodista. Por favor, pregunte y joda y haga que se responda lo que se pregunta. Recuerde que los periodistas no estamos para que nos amen, estamos para que nos tengan respeto por somos autónomos. Si quiere que lo quieran, este no es su oficio.

Se necesita periodismo de matices y grises. Dejemos de hacer periodismo de buenos y malos, de equlibristas: una fuente de aquí y otra de allá. Las realidades son más ambiguas y porosas, exigen que pensemos y le pongamos matices, dudas y procesos. No juguemos al bueno y el malo, apostemos por comprender y contextualizar. Recuerde que las claves éticas del periodismo son: diversidad, pluralidad, independencia y autonomía.

Falta periodismo con conciencia. Juliana Villabona, una de mis estudiantes en la Universidad de los Andes, que no es periodista, nos hace pensar cuando escribe: “El oficio del periodismo observa a la vez que es observado, y una vez deposita su mirada en algo, aquello la devuelve reflejada, refractada y proyectada. El periodista, que es humano, hace espacio para su propia conciencia a la vez que refuerza la de otros. El periodista es el que depura, quien afina, es el curador de la moral, de lo visible, y también de lo invisible”.

A los periodistas nos observan, pero nuestro oficio es esencial para la democracia, por eso no podemos renunciar a hacer periodismo de calidad, a producir periodismo con conciencia.

*Director de la maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon61@hotmail.com

@OmarRinconTV

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