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El rostro de Natalia Ponce

Redacción Diario El Espectador, Bogotá

Natalia Ponce Foto El Espectador

La joven, que el pasado 27 de marzo cumplió dos años de recuperación luego de haber sido atacada con ácido, lidera, junto con otras sobrevivientes, la campaña “No más máscaras”.

En el rostro de Natalia Ponce
Natalia Ponce de León considera que la ley de víctimas de ataques con ácido y agentes químicos que el presidente Santos promulgó no es suficiente para contraatacar este flagelo. / Camilo Ponce de León

A partir de mañana, usted y otras mujeres sobrevivientes de ataques con agentes químicos liderarán la campaña “No más máscaras”. ¿Cuál es el propósito de ésta?

Buscamos que a través de este movimiento el país dirija su mirada a la realidad que vivimos los que hemos sido víctimas de este flagelo, porque hay casos que han pasado desapercibidos. Queremos que toda Colombia se sume a esta campaña y lograr que los entes responsables tomen las medidas necesarias para que se acabe la impunidad y se respeten los derechos de las víctimas. La idea es que se coloquen la máscara, que antes fue mía, y compartan la fotografía en las redes sociales. Sólo deben entrar a la página www.nomasmascaras.com, ponerse la máscara virtual y compartir su foto.

Hablando de máscaras, ¿cómo fue despojarse de la máscara que la acompañaba?

La máscara fue un medio que me separó del mundo. El día que el presidente Juan Manuel Santos reunió a todas las sobrevivientes para promulgar la ley, me sentí preparada y con ganas de conseguir la libertad, de volver a salir y ser de nuevo parte del mundo. Volví a respirar.

¿Cree que la ley de víctimas de ataques con ácido y agentes químicos, que promulgó Juan M. Santos el pasado 18 de enero, es suficiente para disminuir este delito?

No es suficiente. La ley se sancionó en enero, pero no se ha puesto en práctica. La idea es que las entidades se unan, que tanto la Policía, la Fiscalía como Medicina Legal trabajen de manera conjunta para que luego de que haya sido detenido al victimario se le dé continuidad al caso. Hasta el momento la ley no se ha cumplido, no se ha castigado a la primera persona que haya cometido este flagelo.

En el caso de Jonathan Vega, ¿qué ha pasado luego de promulgarse esta ley?

El caso sigue abierto y no se ha tomado la decisión de qué castigo le darán. Él no es una persona inimputable, él siempre ha estado consciente de lo que hizo y no es una persona esquizofrénica como lo han hecho creer. Después de dos años, hemos sido testigos de la debilidad de la justicia.

En cuanto al diseño de una política integral de atención a las víctimas de los ataques con ácido, ¿cómo su fundación ha contribuido en el diseño de ésta?

Hemos firmado un convenio con la Universidad del Rosario, en el que ellos prestan servicios jurídicos a los sobrevivientes. A cada persona se le ha asignado un abogado de esta institución educativa para poder brindarles el apoyo que necesitan, resolver sus dudas y saber en qué van sus casos.

El pasado 27 de marzo se cumplieron dos años del ataque que usted sufrió, ¿cuál es la percepción que tiene de este episodio?

Con el tiempo la imagen de ese día se ha ido borrando. Ha sido una etapa de mucho aprendizaje, de tristezas, lágrimas, risas, pero después de dos años me he dado cuenta de que estoy muy feliz. Tengo una misión muy grande en la cual estoy trabajando. Les doy gracias a todas aquellas personas que me han apoyado y acompañado en el proceso. Soy una persona completamente feliz y enamorada de la vida. Para vivir se necesita amor y mucho apoyo, porque no estamos solos en este mundo.

Quizá la publicación de su libro “El renacimiento de Natalia Ponce de León” le ayudó a hacer una catarsis del proceso vivido durante estos dos años.

Sí, ahora me siento más tranquila. Un día después de la publicación, lo volví a leer. Todos los recuerdos volvieron a mí, pero no tengo recuerdos de la parte dolorosa, sino de lo lindo. Mi cabeza bloqueó los momentos de tristeza. Ver todo el proceso de recuperación es satisfactorio, sobre todo verme en el espejo. Sé que vienen cosas espectaculares a mi vida, además porque me gusta vivir el presente; el pasado ya es pasado.

Luego de dos años, ¿cómo concibe la vanidad?

Sigo siendo vanidosa. He sido muy constante con las cremas y los masajes para darle elasticidad a la piel, y es algo que requiere paciencia. Durante un tiempo no me importaba salir en sudadera y tenis, ahora que he vuelto a salir con mis amigos y mi familia a teatro, a cine, me gusta estar arreglada.

¿Y la belleza?

Considero que el concepto de belleza está muy tergiversado. La belleza se lleva en el interior, no en el físico, porque éste se quema, se envejece y eso no es lo que nos hace a nosotros. Claramente mi percepción ha cambiado mucho en ese aspecto, porque me he encontrado conmigo misma.

¿Y qué redescubrió de Natalia Ponce?

A pesar de que sigo siendo la misma, ya no cargo con tanto peso. No tengo miedo a la muerte ni al dolor físico. Me he vuelto más sensible y he aprendido a ponerme en los zapatos del otro. Antes era casi imposible creer que la violencia podía llegar a la puerta de tu casa, ahora sé que esto le puede pasar a cualquier persona.

¿Cuál cree que es su fin último?

Mi sueño es construir un pabellón grande de quemados en Colombia, porque hay muchas personas que están en la misma condición y no han podido ser atendidas como se debe. Hay estudiantes de medicina que se han enfocado en realizar cirugías, pero no tienen dónde hacer sus prácticas.

¿Y en lo personal?

Quiero volver a viajar por el mundo, me gustaría ir a la India, Pakistán, Irán, países en los que por diferentes motivos hombres y mujeres son víctimas de ataques terroristas que les dejan secuelas casi imborrables. Sé que tanto ellos como yo podemos aprender a partir de nuestros testimonios.

Finalmente, ¿en qué etapa de su recuperación va?

Después de cuatro meses de la última operación, este miércoles vuelvo a la sala de cirugía para la reconstrucción de mi boca. Siempre da miedo, pero hace parte del proceso de recuperación. Sé que cada vez va a ser mejor y mejor.

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