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El presupuesto oculto

Por William Giraldo Ceballos

El ilustrativo caos del tránsito bogotano y el alcalde "piensa" trasladarlo también a la carrera séptima. Foto E. Artunduaga/kienyke.com

No es solo el alimento para la corrupción, la aplicación de cada vez más costosas y sigilosas multas a los conductores de vehículos de servicio público y de uso  particular, se ha convertido en el presupuesto sin  aprobación ni control para las alcaldías municipales en Colombia, pero en particular de las capitales departamentales.

A cambio, los propietarios  que adicionalmente pagan todo tipo de impuestos sobre los vehículos: IVA elevado por la compra, ganancias ocasionales por vender el carro usado e incluso sobre el valor de los que han sido declarados como “perdida total” por las aseguradoras, la matrícula del nuevo, el SOAT, los gravámenes de rodamiento y de semaforización, sobretasa a la combustibles, reciben calles en mal estado, inseguridad en cada semáforo, imprudencia de otros usuarios de las vías, peajes cada 50 kilómetros en carreteras construidas con “mordidas” a funcionarios y legisladores.

El “decomiso”, el embargo por deudas, la inmovilización por incumplir el “pico y placa” que viola la libertad constitucional de movilización, “ayudan” de alguna manera a que los corruptos instalados en los llamados “patios de transito” no solo desvalijen los vehículos, sino que los pongan a circular en otras regiones con nuevos “dueños”.

Las multas que ahora comienzan  con el “mal parqueo”  en bahías viales construidas precisamente para que los vehículos no afecten el flujo del tránsito y que están protegidas por sentencia de la Corte Constitucional, alimentan un presupuesto paralelo, abusivo y grosero del que no hay responsables.

Tal vez con esas platas el alcalde Bogotá Enrique Peñalosa hace fiesta construyendo con elevados costos ciclorutas sin garantía de seguridad para los usuarios, víctimas diariamente del hurto de un promedio de 15 bicicletas.

Entre más corruptos y abusivos, más envalentonados son los gobernantes locales en Colombia. Ninguno responde cuando un ciudadano que paga impuestos les pregunta qué han hecho con los recursos fiscales y cuando los investigan argumentan la persecución política para victimizarse ante la opinión pública.

Más impuestos y menos bienestar, más impuestos y menos seguridad, más impuestos y menos obras es lo que se está viendo en Bogotá.

 

 

 

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