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El precio de la gasolina

Por Salomón Kalmanovitz, Diario El Espectador, Bogotá

Los precios de la gasolina. Foto El Espectador

El precio de los combustibles en Colombia es un misterio. La gasolina en febrero de 2019 alcanzó $9.500 por galón, cuando el precio internacional en el Golfo de México está en US$1,45, o sea $4.500. La diferencia se debe básicamente a los impuestos que recaen sobre el combustible. El Gobierno argumenta que cuando el petróleo estaba caro se subsidiaba la gasolina y eso creó un déficit acumulado que ahora pretende recuperar con alzas adicionales.

El Ministerio de Minas publica un informe sobre el precio de la gasolina que cito a continuación: Ecopetrol recibe $4.880 por galón, $380 más que el precio internacional, que debe ser lo que se está abonando al pasado déficit; los ingenios reciben $7.570 por galón de etanol, que se mezcla al 10 % con la gasolina, pero en el mercado internacional se pagan $4.030 por el mismo etanol, lo que representa $3.540 de subsidio a sus productores. El impuesto nacional a la gasolina más el de carbono es de $674 y la sobretasa para los municipios es de $1.143, que en Bogotá financian topes, ciclorrutas y máquinas escondidas que les imponen partes a los conductores, pero ninguna vía nueva.

El consumo anual de gasolina en Colombia es de 1.350 millones de galones, a los que se le añaden 135 millones de galones de etanol. Multiplique ese monto por $354 y le estamos entregando a la industria azucarera un subsidio de $48.000 millones por Ecopetrol y, claro está, el Gobierno, que se ha acomodado a los intereses de los gremios que producen biocombustibles, mas no a los de los consumidores. Esta política adormece el impulso a reducir los costos de producción e impide competir en el mercado mundial de etanol, dominado por Estados Unidos, que lo extrae del maíz, y por Brasil, que produce 50 veces más que Colombia.

En el caso del diésel, el Gobierno recauda $604 por cada galón; pero los municipios reciben solo $300. A los productores de aceite de palma se les compra cada galón a $9.950, mientras su precio internacional es $7.500, subsidio que se agrega a los costos de transporte de todas las mercancías que circulan por el país. El aceite de palma también se mezcla al 10 % con el diésel; retírese el subsidio y surge un ahorro de $245 en cada galón de diesel que consumen camiones y tractomulas.

El consumo anual de diésel alcanza 2.000 millones de galones a los que se les mezclan 200 millones de aceite de palma. Volvemos a hacer la cuenta y nos arroja una suma de $49.000 millones anuales de subsidio a los palmicultores, lo que explica por qué el país se ha llenado de plantaciones de palma africana en tan poco tiempo. Es poco probable que estos productores puedan salir a competir en el mercado internacional, dominado por países eficientes como Indonesia y Malasia, que producen 25 y 20 veces más que Colombia, respectivamente.

El argumento de la industria infante defiende los subsidios para el despegue de nuevas actividades; sin embargo, una vez alcanzada la mayoría de edad de las empresas, los subsidios deben retirarse paulatinamente e incentivar la conquista de los mercados globales. En los casos de los biocombustibles en Colombia, los subsidios permanentes conducen a la explotación del consumidor y al enanismo de las empresas que los producen.

El sistema de precios de los combustibles es irracional: surge de la economía política del capitalismo compinchero, que favorece a los empresarios y sacrifica a los consumidores y transportistas, mientras que tampoco propicia el desarrollo económico.

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