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El paraíso bogotano

Por Luis Noé Ochoa, Diario El Tiempo, Bogotá

Bogotá sin "trancones" de tránsito. Esto si fue una Semana Santa. Foto wordpress.com

¿Cómo sería si Bogotá fuera como la de estos días? ¿Se necesita un milagro como el de Lázaro?

Estos días en Bogotá solo hubo tumulto en las iglesias. Y somos pecadores, pues había filas en los confesionarios. En todo caso, hay fe, gracias a Dios. Pero viendo a nuestra querida ciudad sola y transitable, en la que sobran semáforos, en la que estira uno el brazo para mirar la hora y le paran tres taxis, en la que se siente un aire menos denso, son inevitables miles de preguntas. Todas comienzan con “cómo sería si…”.

 Cómo sería si así fuera siempre, es la primera, sin trancones –donde uno llega a su destino como por entre un tiro, como dijo un gringo–, sin los andenes invadidos de carros, con TransMilenio, en el que van casi todos sentados, donde el único que cantara fuera el conductor y no estuviera hecho un mercado persa. Cómo sería esta ciudad menos contaminada, con menos ruido y más segura.

Cómo sería si se acabaran los malditos fleteros, los ladrones de celulares y los que asaltan… Que todos se hubieran arrepentido ante el Señor de Monserrate de “codiciar los bienes ajenos”. Y a los que pillan, que no los soltaran los jueces, como a Barrabás, hasta cuarenta veces.

Cómo sería si hubiera policía suficiente, que a los carros varados una grúa del cuadrante –porque las debería haber– los retirara en 10 minutos. O si cuando hay un choque de latas, los conductores no trataran al otro como si la santa madre de aquel fuera esa mujer de la que san Lucas dijo cosas malucas, como que se acostaba por unas ‘lucas’. Que ante estos raspones viniera un policía que llegara antes de que cante el gallo de la pasión y todo se arreglara con una conciliación.

Cómo sería si esta fuera una ciudad donde no se perdiera nada, ni siquiera un partido de Millos; con cultura ciudadana; donde los avalúos catastrales siempre llegaran correctos y no les tocara a los adultos y viejitos el viacrucis de ir a hacer filas a las cinco de la mañana en el Catastro para reclamar.

Cómo sería si alguien obligara a que no se descarguen camiones en horas pico en las vías arterias y se haga por la noche, o los domingos; o que nadie parquee en estas avenidas mientras se va a comprar peces y panes y demás mercado, o que muchos talleres no se tomaran media calle para arreglar carros, todo esto a tiempo que el tránsito avanza más lento que una procesión de enfermos de gota.

Si esto se diera, sería uno de los milagros de Dios, como el de la resurrección de Lázaro, u otros similares como la unión entre De la Calle y Sergio Fajardo, o la resurrección del Partido Liberal, y Bogotá sería el paraíso terrenal. Pero no es así. Lo siento. Desafortunadamente, este lunes volveremos a la dura realidad. A decir: “Señor, por qué nos has abandonado”, con este tránsito trancado y el cielo contaminado y el estrés otra vez.

Pero sin esperar que venga Jesús de Nazaret, que de todas maneras lo necesitamos, mucho de esto lo podemos hacer. Se necesitan educación ciudadana, autoridad y voluntad política, tres cosas distintas y un solo orden verdadero.

Los que nos quedamos disfrutamos la ciudad estos días, queridos viajeros. Da pena decirlo, pero no los extrañamos casi. Disfruten. Y donde estén, piensen cómo sería este país sin playas contaminadas, sin bosques arrasados, con ríos más limpios. Y comprometámonos en algo cada uno.

Buen regreso a todos. Mucha prudencia en el viaje, a 80 km por hora también se llega; cero licor al manejar, porque alguien los espera con un abrazo. Y a retomar actividades pasado mañana, con ánimo y afecto por esta ciudad que nos acoge a todos. Y mucha tolerancia, porque, además, estamos en campaña política.

Es difícil, pero a lo mejor Dios habrá hecho el milagro de que ninguno de los candidatos levantará falsos testimonios, ni mentirá ni jurará su santo nombre en vano. Bienvenidos.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com.c

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