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El papa de beso fácil

Por Oscar Domínguez Giraldo

El Papa en su intento por reconciliar la voluntad de paz entre Santos y Uribe. Foto eltiempo.digital

 

El papa Francisco que logró sentar juntos a los dos principales egos de Macondo está de muchos 80 años este 17 de diciembre.

El sagitariano pontífice sigue dando la impresión de que fuera un vecino del edificio, el compañero de pupitre en la escuela, el de al lado en Corrientes, 3.4.8 segundo piso…, el que calienta banca en el parque como cualquier pensionado; un poeta de versos malos que monta en metro o en papamóvil de pedal, como el que utilizó en Rio donde le robó todo el protagonismo al Cristo del Corcovado.

Este año se anticipó su propio regalo de cumpleaños, y le gastó parte de su teológico tiempo a los dos mayores egos de Colombia: los del presidente Santos y del senador Álvaro Uribe. Los sentó a manteles en el Vaticano pero sólo logró que se ratificaran en sus puntos de vista. Esa platica se perdió. Menos más Sarmiento Angulo, quien prestó el avión, no tiene problemas de chequera.

Es más fácil que Francisco de equivoque en asuntos de alta doctrina que poner a fumar la cannabis de la paz a los dos angelitos de Macondo. Se le agradece, en todo caso. su aporte al triunfo de la paloma de la paz.

Francisco le quitó misterio al oficio de papa. Nos hace sentir como si el pontífice fuera cada uno de nosotros. Tiene pinta de abuelo proxeneta, como todo el gremio. San Pedro, su remoto antecesor, y quien se sacaba el chicharrón de la boca para negar a Jesús, debe estar en choque. Aunque los dos se parecen en que son gozones, vaciladores y tal. (Pedro decía: ¿Cómo creer en una persona que no sabe nadar pero que aprendió a caminar sobre el agua?).

De pronto nos podríamos encontrar al che Francisco en la biblioteca pública leyendo periódicos y revistas. O echándole un piropo virtual a alguna mina (mujer). Aunque a los papas no les está dado pecar ni con las ganas del prójimo, a Francisco se lo perdonaría.

El pontífice gaucho llora lágrimas de carne y hueso. Berrea viendo pasar un cúmulus nimbus. O un pobre. No le escurre el bulto a ningún interrogante. ¡Qué queridura de tipo!, y perdón por la igualada.

La comunidad gay no le daña la comunión. “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, se preguntó en una rueda de prensa en el avión, de regreso a la claustrofobia del Vaticano. Que no lo oiga Lucio, el marido de Vivian Morales, porque lo empapelan entre los dos. Y hasta se las ingenian para revocarle el mandato.

Estábamos acostumbrados a papas inspirados por el Espíritu Santo. Francisco parece dateado por su paisano Santos Discépolo.

Como todo argentino, es un hombre de abrazo y beso fácil. Desde siempre, ser argentino y besar son sinónimos. ¡Un fenómeno!

Con la línea que ha tirado Francisco, los cardenales tienen la vanidad a raya. En vez de mocasines que cuestan los dos ojos de la cara, están que se pasan a vivir a las sandalias del pescador para no ganarse un baculazo del jefe. Los almacenes que vendían accesorios exclusivos para papas y cardenales están en bancarrota. Ojalá el Papa no haya renunciado a la buena mesa, uno de los privilegios por el que valdría la pena tener esa chanfa.

No lo veo excomulgando a nadie. Francisco parece estrenando puesto siempre. Se ve que disfruta lo que hace. Está utilizando el papado para poner patasarrriba la Iglesia.

A uno le provoca pedirle plata prestada. O invitarlo a comer un buen bife a casa. Aunque mejor no, de pronto acepta y se va toda la mesada pensional y cualquier rebusque adicional.

Me habría gustado ser un papa como él, de lavar y planchar. Es de los que no se enfermará de la importancia inherente al puesto.

El Messi o Maradona de Dios camina con el tumbao que tienen los papas sin ínfulas al andar. Es una jaculatoria que sonríe. ¿Qué tal el maletincito de dos pesos que lo acompaña? No hay duda: Francisco es el Pepe Mujica de los argentinos.

Ojalá esté preparando el camino para introducir ajustes de fondo en la Iglesia. No es sino que permita el casorio de curas, mujeres papisas, los anticonceptivos que todo el mundo usa, y considere que meterse un cachito de marihuana no es pecado sino algo muy legal, ¿entiende, hermano? La sacaría del estadio, como dicen sus colegas, hinchas del equipo San Lorenzo de Almagro. (En su visita de médico, el presidente Santos le regaló camiseta de la selección Colombia pero ni así logró que le hiciera el milagro de enrutar al marido de doña Lina por el camino del proceso de paz con “lafar”. No se sabe qué le regaló el expresidente Uribe más bien tímido para el gasto. A lo mejor su exembajador en el Vaticano y acólito perpetuo, César Mauricio Velásquez, le compró alguna maricaíta en el mercado celestial de las pulgas).
Tampoco riman un papa argentino y la humildad. Son antípodas. Es más, los calumniadores de oficio dicen que hay argentinos que se suicidan arrojándose del pent house de su ego. Así que al Papa Francisco hay que pedirle un poco de arrogancia. No mucha: que tampoco se le vaya la mano en gallina.
“Cuervo” le dicen al papa los directivos de san Lorenzo de Almagro, el equipo por el cual el papa sería capaz de renunciar al cielo. ¿Qué es eso, señores? Respetico.
Si hasta casi se nos cae un día su santidad (todavía no ha prohibido que sus súbditos de media petaca le digamos así. Aprovechemos el desorden por sus primeros ochenta abriles. Y que sean más, no muchos, tampoco hay que exagerar).
Por supuesto, conocido el tropezón del papa, ya estaba dando la vuelta a la manzana global el tango que dice: “Un tropezón cualquiera da en la vida”. Menos mal ví la escena del tropezón en diferido. En directo, me habría totiado de la risa. Es lo que hace todo el mundo cuando alguien que no sea él, se cae.
Que no falte el chiste de tas-tas: Francisco es muy buena papa. Supongo que el tubérculo que tiene tan feo nombre, debe estar que no cabe en la ropa con semejante paralelo-sinónimo.
Dios no ríe. Jesús, su enviado, nunca lo hizo. (Acepto rectificaciones. Como este proverbio judío que trae a cuento el mencionado Cabodevilla: El hombre piensa, Díos ríe). Tal vez Jesús escribió algún chiste en el episodio de la mujer adúltera. Es para gozarse la revirada de Jesús a los fariseos, el Centro Democrático de la época. Todavía no se sabe qué escribió. Eso sí, fue la única vez que lo hizo.
Aunque Jesús hizo milagros que es la forma más sutil del humorismo. Vean que eso de multiplicar el vino en una fiesta que amenazaba convertirse en un bostezo de pasmados, es para aplaudir. Además, no hubo que hacer vaca para comprar el trago.
Pero el papa Francisco sí ríe. Es una milonga. Podría trabajar de libretista con sus paisanos Les Luthiers. Sabe que las cosas más serias de pueden decir en broma. No sé en qué revista de peluquería lo leí. La frase es de Homero. No lo juro.
Ahora, pese a su informalidad, el papa cuenta con mi “nihil obstat” para seguir adelante. Sobre todo después de que supimos lo que le dijo a su novia de juventud: “Si no te casas conmigo, me hago cura”. ¡Qué mal esposo se ahorró su noviecita gaucha, che.
Al paso que vamos, el padre Francisco, como le dijo un parcero en Río, nos hará olvidar de Borges, Cortázar, Gardel, Les Luthiers. Y lo peor de todo: de Mafalda. ¡Santo Dios!

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