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El otoño de los patriarcas

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(Foto tomada de 360radio.com.co)

En estas elecciones la ciudadanía dio varios pasos hacia la ampliación de la esfera pública digital y la pluralidad informativa, los medios masivos de comunicación retrocedieron otros tantos, su síntoma es la agriera y su enfermedad es la dependencia de la pauta comercial estatal, que necesitan cada vez más para sobrevivir ante la huida de la publicidad privada hacia las redes sociales globales que la están monopolizando.

Por Juan Bernardo Rosado Duque, Director de Comunicación Pública, Responsable temático en Diálogo Social Escuela Nacional Sindical – ENS

Medios masivos de comunicación y elecciones 2018

Dice Pablo Iglesias, secretario general de Podemos en España, que la gente del común ya no milita hoy en los partidos políticos, sino en los medios de comunicación, y se lo dice a Juan Carlos Monedero que le entrevista esta semana, en su programa de opinión virtual En la Frontera, que vemos cientos de miles de personas en el portal de Publico.es, producido con todo éxito, por fuera de los medios comerciales tradicionales.

La reciente campaña presidencial colombiana dejó varias tristes conclusiones para los medios analógicos comerciales y mostró el avance de la esfera pública digital en una campaña que fue, en comunicación, muy distinta a la de 2014:

Primero, el poder de los medios masivos de comunicación se agota rápidamente y los mejores momentos de esos medios en la campaña ocurrieron lejos del centro del poder y sin las viejas voces de sus bien pagos presentadores y presentadoras, que mostraron sus caras más agrias: El país de los jóvenes de Caracol TV y los debates organizados por instituciones y medios regionales fueron claves y novedosos, porque les dieron voz a múltiples personas y pusieron la agenda. Además, ya no importó el rating de las transmisiones en directo, sino los debates surgidos en las redes sociales y las piezas que los resumían, producidas por ciudadan@s jóvenes y anónimos, que convirtieron esta campaña en colaborativa y disminuyeron el papel de los asesores estratégicos y de los publicistas.

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Segundo, como en las encuestas publicadas durante la campaña, los medios masivos de comunicación los oímos o vemos los cuarentones, pero no sus hijos, los millenials. Por algo la derecha y los presentadores de medios masivos, les llamaban vagos, perezosos, greñudos que no se bañan, que se visten raro y quieren más un árbol, un gato o un perro que, a sus padres, a los que contestan y ya no obedecen. Muchos padres se preguntaban en listas de WhatsApp de donde salían tantos jóvenes petristas y se asombraban de que apoyaran la campaña anti oligárquica que les parecía de broma, castrochavista y demás. Los medios o se rehacen y aceptan que mucho cambio ha habido o no tendrán futuro.

Tercero, la candidatura del país nacional llevó la campaña de nuevo a las plazas públicas, que llenó con algunos militantes de los partidos que le apoyaban, pero, sobre todo, con cientos de miles de personas de movimientos sociales y poblaciones que sufren la segregación social. Esas manifestaciones se diseñaron para los medios digitales, las redes sociales, la producción colaborativa y no para los medios masivos, que las cubrieron poco y de manera superficial. En las plazas de 80 ciudades se performó el relato de la campaña ante miles de reeditores y también lograron decir y mostrar que no tenían miedo en dar la cara y enseñar su rostro popular.

Cuarto, la candidatura del centro derecha fue muy juiciosa en su estrategia centrada en los medios analógicos, pero sin buscar producir noticias, sino repetir un relato muy tranquilo, pero siempre parecido, que al final lo estancó en las encuestas. Quizás la solución, para seguir moviendo la campaña en los medios, fue publicitar las habilidades deportivas o musicales de Iván Duque y su evidente simpatía, para intentar además mostrarlo cercano y tranquilo, diferente de la imagen dura que los medios le fabricaron a Gustavo Petro. Esto tuvo una eficacia relativa porque por fuera del candidato de la coalición conservadora, noticias judiciales y los apoyos que recibió de los principales empresarios electorales del país, muy impopulares, rodaban masivamente por la esfera pública digital, afectándole.

Y quinto, esos empresarios electorales, el Consejo Gremial y los medios comerciales parece que no vieron otra opción que alinearse en una campaña e informar o señalar en algunos casos de agresiva e inviable a la otra y no faltó el o la periodista “respetable” que publicó noticias falsas, mientras señalaban a las redes de mentirosas tratando de ganarles a ellas la audiencia que ellos están perdiendo. Pero como ocurre desde hace muchos años los grandes periodistas parecen mal acostumbrados a competir, la verdad nunca lo habían hecho en serio. Los medios analógicos no toleran la esfera pública digital y aspiran a privatizarla cerrando cualquier camino a la pluralidad informativa.

De enmarcar, por último, ha sido la falta de estudio y de preparación de presentadores de tv y radio y sus asistentes. Se repitieron hasta cansar las mismas preguntas y tópicos sin sustento o al menos algo de argumentación. Ha sido positivo el volumen de debate público, pero su profundidad ínfima, tornándolo soso en general. De otro lado, muchos medios digitales, académicos, estudiantes, o líderes animalistas, afros, indígenas, agrarios o LGTBI, convertidos en periodistas de ocasión desataron en redes sociales, debates razonados y propuestas argumentadas, circularon mucha información de calidad.

Mientras en la campaña electoral de México, el Instituto Nacional Electoral – INE organizó tres debates presidenciales, brillantes en su producción, amplios en participación, con periodistas informados y preparados, que no evadieron temas. Aquí, los grandes medios callaron temas espinosos y no abrieron polémicas. La mugre la intentaron esconder debajo de la alfombra.

Estas elecciones la ciudadanía dio varios pasos hacia la ampliación de la esfera pública digital y la pluralidad informativa, los medios masivos masivos de comunicacion retrocedieron otros tantos, su síntoma es la agriera y su enfermedad es la dependencia de la pauta comercial estatal, que necesitan cada vez más para sobrevivir, ante la huida de la publicidad privada hacia las redes sociales globales que la están monopolizando.

La versión original de está columna se publicó en el Semanario Virtual de la Corporación Viva la Ciudadanía y la puedes leer aquí

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