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El maratón presidencial

Por Enrique Santos Molano, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen elcolombiano.com

A poner en práctica las premisas de Mockus: “La vida es sagrada; los dineros públicos son sagrados”.

Inmediatamente después de conocidas las cifras de las elecciones parlamentarias y de consultas populares interpartidistas del domingo 11 de marzo, dio comienzo el maratón presidencial (o ‘presidenciatón’) que, presumo, podrá disputarse sin fotocopias. Los participantes en la carrera que tiene como meta la Casa de Nariño son, hasta el momento, Gustavo Petro, de Colombia Humana; Iván Duque, del Centro Democrático; Sergio Fajardo, de la Alianza Verde; Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical, y Piedad Córdoba, Juan Carlos Pinzón y Viviane Morales, por otros movimientos.

 Algunos están haciendo cuentas felices con los resultados del 11 de marzo. Por ejemplo, se dice que los grandes ganadores de la contienda electoral fueron el Centro Democrático y Cambio Radical porque pusieron, cada uno, dos millones y pico de votos y obtuvieron, respectivamente, 19 y 16 curules. No se dejen engañar por los espejismos del desierto. El Centro Democrático puso los mismos votos y quedó con los mismos 19 escaños que tenía del Congreso anterior, pero varias de sus cabezas más significativas se quemaron el domingo pasado. Aparece no como el gran triunfador de la jornada, sino como un partido estancado, que no da más. Su jefe supremo, el senador Uribe Vélez, también ostenta el título del senador más votado de la historia (800.000 votos). Eso es verdad, pero su precandidato en la consulta conservadora puso tres veces más votos que el padrino y el doble de los alcanzados por el partido al que pertenece. Sumando los votos de los tres competidores en la consulta conservadora arrojan seis millones. Difícil de explicar esa ecuación extraña y fabulosa.

Por su lado, el director de Cambio Radical, Jorge Enrique Vélez, proclamó con alegría desbordada: “Fuimos el partido que más creció en estas elecciones”. Tampoco es así. Cambio Radical tenía 9 senadores y completó 16 en “estas elecciones”, luego su crecimiento fue de siete senadores. Le gana la Alianza Verde, que de 5 senadores pasó a 10 senadores. Creció 5 senadores más que el Centro Democrático y 3 más que Cambio Radical. Antanas Mockus, cabeza de lista de Alianza Verde y novato en elecciones de Parlamento, puso 500.O00 votos. ¿Quién fue el verdadero triunfador del 11 de marzo? Sin duda, la Alianza Verde. Las anteriores cifras corresponden al Senado. En la Cámara fueron semejantes.

“No se descarta que Germán Vargas Lleras (alicaído en las encuestas) pueda dar una sorpresa como ya la dio su partido Cambio Radical en los comicios del 11 de marzo”.

La situación política del país, a partir del 20 de julio próximo, en cuanto a la conformación del Poder Legislativo, es la siguiente, juntando los escaños de ambas cámaras: los partidos de extrema derecha (Centro Democrático y Cambio Radical) y de derecha democrática (Partido Conservador) cuentan con 50 senadores y 86 representantes. Los partidos progresistas y democráticos (Colombia Humana, Alianza Verde, Polo Democrático, Partido Liberal, Partido de ‘la U’, Mira, Mais, AS, Farc), 55 senadores y 77 representantes, de acuerdo a los datos, de fuente oficial, publicados por EL TIEMPO y ‘El Espectador’ en sus ediciones del 12 de marzo.

Las cifras que arroja el resultado de las consultas populares interpartidistas para la maratón presidencial indican una ventaja clara de los candidatos Gustavo Petro e Iván Duque. No se descarta que Germán Vargas Lleras (alicaído en las encuestas) pueda dar una sorpresa como ya la dio su partido Cambio Radical en los comicios del 11 de marzo.

En el panorama del presente, y de un futuro más o menos prolongado, no se avizoran sino dos perspectivas. Una a la derecha, ocupada por fuerzas guerreristas, feudales y oscurantistas, indiferentes ante la corrupción, si no cómplices, que consideran la democracia como un estorbo y los derechos humanos como una basura y decididas a “hacer trizas” los acuerdos de paz. Y otra a la izquierda, con fuerzas progresistas, defensoras resueltas del proceso de paz, identificadas por los mismos principios humanistas y democráticos, y deseosas de sacar adelante un país diferente, en el cual sus casi cincuenta millones de habitantes aspiran a vivir en prosperidad, con dignidad, con decencia y con equidad.

Si esas fuerzas progresistas no logran conformar una alianza programática de gobierno, dentro de un pacto social, no para repartirse el poder (como ocurrió en el abominado Frente Nacional), sino para distribuirse las responsabilidades de gobierno que exijan las circunstancias políticas, sociales, económicas, científicas y culturales, si esas fuerzas progresistas fracasan en el deber de unir sus voluntades, en mayo se cumplirá aquello de la famosa coplita española: “Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / Que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”.

“Miles de ciudadanos quisiéramos ver a los doctores Petro, Fajardo, De la Calle, Mockus, y a los representantes de los movimientos y partidos progresistas sentarse a la mesa y acordar una alianza.”

Gustavo Petro ha entendido la disyuntiva con su claridad de estadista. Los progresistas de todos los partidos podemos ganar la presidencia en la primera vuelta, si vamos unidos en torno a un programa común, si entendemos que no es la hora de actuar con mezquindad, sino de proceder con grandeza y patriotismo.

Miles de ciudadanos, o millones más bien, quisiéramos ver a los doctores Petro, Fajardo, De la Calle, Mockus, y a los representantes de los movimientos y partidos progresistas sentarse a la mesa y acordar una alianza, coalición, pacto (llámenlo como quieran) de gobierno para lograr, en lo económico, un capitalismo de avanzada con base en los planteamientos de Adam Smith formulados en su texto prodigioso ‘Investigación sobre la riqueza de las naciones’, y en lo político y moral, poner en práctica las premisas de Antanas Mockus: “La vida es sagrada; los dineros públicos son sagrados”. Colombia es sagrada.

Al cierre de esta columna leo en EL TIEMPO impreso las declaraciones de los doctores Fajardo y De la Calle acerca de sus estrategias. Como rezagados en el maratón presidencial demuestran una vocación irresistible de suicidio político.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

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