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El maestro Luis A. Calvo no padeció la lepra

Por Jaime Rico Salazar

Homenaje al maestro colombiano Luis A Calvo. Imagen Señal Memoria
  • Para tratar de cambiar un mito…
    Hago la aclaración que este es un  tema para ser tratado por un médico y que las observaciones que hago deben ser tenidas como comentarios. Recientemente vi en facebook una fotografía de una persona con signos faciales de lepra avanzada y debajo el nombre de Luis A. Calvo. Y esa circunstancia es la que me motiva a hacer esta nota.

    Foto archivo Jaime Rico Salazar

    Durante 15 años trabaje como Visitador Médico en casi todo Colombia con varios laboratorios farmacéuticos. Durante 5 años estuve con Laboratorio Lutecia, de origen brasilero. Y entre las zonas que tenía que visitar estaban  varias poblaciones de Cundinamarca, entre ellas Agua de Dios. Y era muy importante en mi gira mensual visitar esta población, porque uno de los productos que yo promocionaba con los médicos era la Micidracina, una dihidroestreptomicina que como antibiótico tenía efectos contra  el bacilo de Hansen. (Mycobacterium leprae). Comencé a ir en 1962 cuando todavía se controlaba el ingreso y egreso de las personas al municipio. Por razón de mi trabajo, visitar los médicos, podía ingresar sin problemas. Por supuesto, tengo que confesar el miedo tan grande que experimenté cuando fui a Agua de Dios por primera vez y tuve que visitar los hospitales donde están los pacientes con la enfermedad más avanzada.  Y allí hace muchísimo calor, lo que naturalmente da mucha sed y la persona necesita refrescos, una “colombiana” helada es una bendición. Pero había que comprarla en cualquier tienda de la población y por supuesto, estaba atendida por personas leprosas y uno pagaba con billetes normales y allí le devolvían con una monedas o latones que llamaban “coscojas” y había que guardarlas en los mismos bolsillos.

  • El maestro Luis A Calvo Foto archivo Jaime Rico Salazar

  • Recién que hice mi primera visita, un médico se dio cuenta de mis preocupaciones y me dijo que no tuviera ningún temor con los leprosos y los tratara con total normalidad sin demostrar en absoluto alguna prevención, porque se ofendían. Además que la lepra es una enfermedad infecciosa pero no contagiosa y se necesitan años de convivencia con un leproso para adquirirla.

    Estuve yendo durante 5 años, hice 60 visitas a Agua de Dios y después de haber tenido tantos escrúpulos terminé familiarizándome con muchos leprosos, empleados de los hospitales, de las oficinas, del restaurante, de las farmacias y hasta tuve relaciones con una hija muy hermosa de un leproso, propietario de una farmacia.  Y con los médicos también hice varios amigos. Ellos vivían en una casa muy bonita en las afueras del pueblo y allí me invitaban a veces a desayunar con ellos. En alguna oportunidad les escuché unos comentarios acerca de Luis A. Calvo. Entonces yo únicamente sabía que había sido un músico notable. Decían los médicos que habían estado revisando la historia clínica del maestro Calvo y que no estaban  seguros de que en realidad hubiera sido leproso. Encontraron un gran historial de una enfermedad renal, que a la hora de la verdad lo llevó a la tumba, una nefritis aguda. Y en sus años finales fue declarado como curado de la lepra, que aparentemente nunca padeció. Una de las razones, que argumentaban los médicos de Agua de Dios, era  que nunca su cara sufrió deformaciones o nódulos en la piel, que son característicos de la  lepra, que van avanzando en la medida que la persona va teniendo más edad. El maestro Calvo nunca desarrolló esa característica, y quedó demostrada con las muchas fotografías que de él quedaron toda la vida. (Observen bien las fotografias) Sufrió deformaciones en las manos hasta el punto de no poder volver a tocar el piano que era su mayor aliciente. Esos nódulos que fueron creciendo en las articulaciones de los dedos eran depósitos de ácido úrico, llamados “tofos”, producto de su insuficiencia  renal.

  • Es muy difícil saber cuáles fueron las razones médicas y clínicas que el médico Carlos Tirado Macías tuvo  en 1916 para hacer el diagnóstico de su enfermedad, en unos años en que no existían los laboratorios clínicos. Pero es casi evidente que se equivocó y sentenció al ilustre paciente a alejarse de una sociedad que lo admiraba y necesitaba.

    La imagen inmortalizada del maestro de la música colombiana
    Foto archivo Jaime Rico Salazar

    Una gran cantidad de personas acompañaron al maestro Calvo en su viaje a Agua de Dios, había que ir primero hasta Tocaima y luego buscar la vía que conduce al municipio de Agua de Dios. Se llega hasta el rio Bogotá y hay que atravesar un puente, en donde los familiares se despedían entre suspiros y lágrimas del familiar enfermo y nunca más lo volverían a ver. Por esa razón el puente se llamó el “Puente de los Suspiros”, que se construyó en 1862 y fue el primer puente colgante que se hizo en Colombia. Después de pasar el puente había que viajar a caballo más de una hora para llegar a la población.

    Entonces no existían tratamientos para la lepra, todos eran empíricos, creados muchas veces por “teguas” que únicamente tenían interés de explotar económicamente al pobre paciente. Por una circunstancia fortuita de mi vida, tuve  ocasión de conocer al señor Guillermo Amado, (†) que como tiplista formó parte del Cuarteto Luis A. Calvo y que tenía en su poder los álbumes artísticos que organizó Alejandro Wills a través de sus correrías por toda América. Cuando lo visité en su casa en Bogotá, para que me enseñara esos álbumes, me facilitó también una caja en donde habían cientos de cartas de la correspondencia que había tenido el maestro Calvo con su novia Anita Rodríguez, con quien contrajo matrimonio en Anolaima, con varias admiradoras que le escribían de diferentes ciudades, con Humberto Correal, que era la persona que le manejaba en Bogotá todo lo relacionado con sus composiciones. Y en esas cartas que pude leer, le manifestaba la tristeza de su sino, la esperanza que nunca perdió de que se iba a curar, y le comentaba que había empezado un nuevo tratamiento y que estaba seguro que lo iba a curar, para contarle meses después con gran tristeza que no le había servido y que empezaba otro tratamiento.

    La lepra es una enfermedad que tiene un historial de más de 4000 años y son miles los tratamientos “curativos” que se habían inventado, hasta 1987 cuando el médico venezolano  Jacinto Convit descubrió el tratamiento para curar la lepra.  En los años 60 surgió el producto que yo trabajé con los médicos, la Micidracina. Actualmente la curan con sulfonas,  rifampicina y clofazimina.

    Pero hay detalles curiosos en esta historia. Cuando el enfermo entraba a Agua de Dios le quitaban su cédula de ciudadanía y le entregaban un carnet de identificación. Con ese carnet podían cobrar mensualmente un subsidio nacional miserable para vivir. Como nunca les alcanzaba  el dinero, hacían figurar a  otros miembros de la familia como leprosos, para lo cual debían presentarse a un examen médico y certificar que estaban enfermos de lepra. Entonces le introducían mocos de su nariz a la nariz del pariente y al hacerles el examen nasal daban positivo para la enfermedad. Y aun así no se enfermaban. Al enfermo leproso no le interesaba curarse porque perdían ese subsidio y en los centros de salud o  en los hospitales les hacían tomar pastillas como tratamiento pero al salir del lugar las escupían.

  • En 1963 el Gobierno Nacional suspendió las restricciones para entrar o salir de Agua de Dios y la gran mayoría de los habitantes leprosos quisieron continuar viviendo allí pues ya estaban organizados con sus familias. Todavía se dan casos de lepra y los enfermos se van a vivir a Agua de Dios mientras se curan.

    Sala de la casa museo Luis A. Calvo en Agua de Dios, Cundinamarca.
    Foto laguiadecundinamarca.com

    Todos estos comentarios tienen como finalidad tratar de borrar el mito de leproso al maestro Luis A. Calvo y reconocer la injusticia del mal diagnóstico que le hicieron y que mortificó la brillante carrera que trazó en su vida con la música. Quizás haya algún médico que se interese en el tema y vaya a Agua de Dios y haga un estudio de su historial clínico como los médicos que allí conocí  y nos certifique profesionalmente de que realmente el maestro Calvo no padeció la lepra. Mientras eso ocurre mantendremos la certidumbre de que NO fue leproso.  En la fotografía se puede observar con claridad la limpieza de su rostro, ya viejo, igualmente  lo perfectas que estaban sus orejas y la nariz, que se deforman notablemente en el leproso.
    Jaime Rico Salazar

 

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