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El largo brazo del crimen

Por Enrique Santos Molano (El Tiempo, Bogotá)

(globedia.com)

Los periodistas y los o las activistas sociales que se atrevan a denunciar el crimen seguirán cayendo. O tendrán que callarse. En el reino del crimen, el nombre de la Justicia es Impunidad.

El asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa y de cuatro mujeres en un apartamento de la colonia de Narvarte en Ciudad de México es, aparte de un nuevo paso en la escalada de terror y amedrentamiento contra la libertad de expresión y de información, una demostración de cuán largo es el brazo del crimen en la cadena de corrupción que hoy se impone en muchos Estados latinoamericanos, con la inocultable complicidad de las autoridades.

Viernes 31 de julio de 2015, entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde, según las fuentes policiales. Lugar: apartamento en la colonia (barrio) Narvarte de Ciudad de México. Hechos: asesinato múltiple, multihomicidio, o un homicidio y cuatro feminicidios. Víctimas: Rubén Espinosa, treinta y un años, fotoperiodista (reportero gráfico); Nadia Vera, treinta y dos años, antropóloga social de la Universidad de Veracruz, activista de los Derechos Humanos; Yessenia Cruz Alfaro, dieciocho años, maquilladora; Alejandra N., cuarenta años, empleada doméstica en el apartamento; Simone o Nicole N., veintinueve años, colombiana.

Tan pronto se conoció la noticia del asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa, diferentes organizaciones periodísticas y de Derechos Humanos pidieron una investigación que tomara como línea axial (sin descartar ninguna otra) las continuas amenazas y hostigamientos de meses anteriores, que obligaron al reportero gráfico a salir de Veracruz, donde trabajaba, y exiliarse en Ciudad de México; pero el domingo 2 de agosto, dos días después del crimen, la Procuraduría General Judicial del Distrito Federal (PGJDF) descartó esa línea y expuso que el motivo único del multihomicidio en la colonia Narvarte había sido el robo.

En el escenario del crimen se encontró que los cinco cadáveres estaban atados de pies y manos, que todos mostraban señales evidentes de haber sido torturados, que las cuatro mujeres fueron violadas, y que hubo, además de robo, una pesquisa frenética en procura de algo que los asesinos fueron a buscar específicamente y que al parecer encontraron, de acuerdo con un video de última hora captado por una de las cámaras de seguridad, aunque en las primeras horas la PGJDF dijo que las cámaras no brindaron información útil por “estar averiadas”. El mismo domingo, la PGJDF, para sustentar su hipótesis del robo como único móvil del crimen, declaró que el fotoperiodista Rubén Espinosa había salido de Veracruz, no por amenazas contra su vida o su seguridad, sino porque estaba sin trabajo y había resuelto venir a Ciudad de México en busca de nuevas oportunidades.

No encuentro otra explicación para el hecho de que autoridades de policía judicial mientan con tanta frescura, y se monten sobre una sola hipótesis para resolver un crimen, que la profunda corrupción en la que están consumidas. Rubén Espinosa prestaba sus servicios a la revista Proceso, el semanario más importante de México (equivalente a Semana en Colombia), a la agencia de fotografía Cuarto Oscuro y a AVC noticias; luego, es falsa (¿intencionalmente?) la suposición de la PGJDF de que “Espinosa estaba desempleado en Veracruz”. Y es ‘refalsa’ la afirmación de la misma autoridad de que Espinosa no recibió amenazas, pues en junio el periodista las había denunciado en el noticiero de televisión por internet Rompeviento. Amenazas y hostigamientos que se generaron en una serie de fotografías tomadas por Espinosa sobre actos de brutalidad de la policía en Veracruz, y otras que habrían comprometido a las altas autoridades de ese Estado.

Por su parte, Nadia Vera, igualmente amenazada en razón de sus continuas denuncias sobre atropellos a los Derechos Humanos por orden del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, lo señaló, también en Rompeviento, como el directo responsable de lo que a ella pudiera sucederle.

La desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa va a cumplir un año (el próximo 26 de septiembre) y el único interés que puede apreciarse por parte de las autoridades locales y federales mexicanas, no es hallar a los estudiantes, o sus restos, ni atrapar a los culpables, sino enredar el asunto de modo que nunca pueda resolverse y quede impune. Por el mismo camino empieza a echar el crimen de la colonia Narvarte. El brazo del crimen es largo y los criminales, cuando a merced del miedo y la indiferencia política de los ciudadanos logran adueñarse del poder por “vías democráticas”, saben protegerse unos a otros. El Gobernador de Veracruz está tranquilo. Conoce que las denuncias en su contra no serán investigadas y que las autoridades fallarán que el crimen de la colonia Narvarte no tuvo otra causa que el robo.

Mientras tanto (en México, en Colombia, en Honduras, etc.,), los periodistas y los activistas sociales que se atrevan a denunciar el crimen, la corrupción, las violaciones de las autoridades a los Derechos Humanos, seguirán cayendo. O tendrán que callarse. En el reino del crimen, el nombre de la Justicia es Impunidad.

Enrique Santos Molano

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