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Por Efraim Osorio (La Patria)

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Capataza’, a pesar de su feúra extremada, es una palabra castiza. Aparece por primera vez en el diccionario de la Academia de la Lengua a mediados del siglo pasado con la siguiente definición: “Mujer del capataz”, con una segunda acepción, “dedicada a faenas propias de su cargo”. En las siguientes ediciones (1956, 1970 y 1984), sabrá Dios por qué, le quita estas funciones, y le deja sólo la de “mujer del capataz”. ¿Por incapaz? Pero, arrepentida, la Academia le devuelve en la edición de 1992, no propiamente las funciones como mujer del capataz, sino “las del capataz”, y asienta como segunda acepción la que antes fue primera, “mujer del capataz”. Hasta esta edición, les dedicaba a las dos palabras, ‘capataz’ y ‘capataza’, distintas entradas, lo que cambió en las siguientes ediciones (2001 y 2014), pues en una sola dice: “Capataz, za. (Del latín, ‘caput, itis’, cabeza). m. y f. Persona que gobierna y vigila a cierto número de trabajadores”. Y le asigna tres acepciones más, la última, “mujer del capataz”. Tal, la metamorfosis de este feísimo término, que leí por primera vez, estoy seguro, en esta afirmación de Margarita Rosa de Francisco, columnista de El Tiempo, y cuyos artículos, por su originalidad y frescura, me recuerdan los de Carolina Martínez Bretón, de LA PATRIA: “Sin embargo, no conseguí odiar a la terrible Mrs. Elek, quien cumplía apasionadamente con su rol de capataza…” (5/2/2015). Me suena mejor y más vigoroso “con su rol de capataz”, como cuando decimos “una paloma torcaz”, aunque el término ‘torcaza’ no se oye tan mal.

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En el mismo artículo, la inolvidable ‘Gaviota’ empleó este horroroso gerundio: “…una especie de pasadizo con ropa colgando en ganchos a lado y lado y de techo a piso”. El gerundio es eminentemente activo, por lo cual lo inactivo, como la ropa, no puede ser su agente. El siguiente ejemplo ilustra lo que quiero explicar: “Cuando llegamos a la finca, misiá Eduvigis estaba colgando ropa en los alambres del patio de la casa”, en el que, además, se aprecia claramente la simultaneidad de las dos acciones (llegar y colgar) que exige el empleo del maltratado gerundio. La redactora no se habría descarrilado si, en lugar del participio activo, hubiese empleado el pasivo, así: “…con ropa colgada en ganchos…”. Elemental.

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Aunque siento terronera cuando invado predios ajenos, estoy de acuerdo con el señor Jairo Patiño Cifuentes, a quien le parece que los medios de comunicación emplean mal el verbo ‘compulsar’, por ejemplo, en la siguiente información: “La Fiscalía compulsó copias a la Corte Suprema…”, en la que aparentemente le dan el significado de ‘enviar’. Confirma mi opinión esta nota de la redacción de LA PATRIA: “En esta diligencia el togado le compulsó copias para que sea investigado por fuga de presos” (11/2/2015). Se refiere al señor Óscar Daniel Valencia Quintero, quien desfalcó la compañía para la cual trabajaba, y aprovechó su detención domiciliaria para tomar las de Villadiego. Esto es que ‘compulsar’ significa “examinar dos o más documentos, cotejándolos o comparándolos entre sí. // 2. Sacar compulsas”. Y ‘compulsa’ es “copia o traslado de una escritura, instrumento o autos, sacados judicialmente y cotejado con su original”. Los sinónimos de ‘compulsar’ son ‘comparar, cotejar, comprobar, examinar, confrontar’; los de ‘compulsa’, ‘compulsación, cotejo’. Según estas nociones, algún profesional del Derecho, cuyo predio invadí, podrá concluir si el señor Patiño Cifuentes y yo tenemos razón o si, mejor, nos quedamos callados.

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‘Estella’, enseñan las enciclopedias, es una ciudad española, capital del municipio y del partido judicial de su nombre, Navarra. De allí es, según la sección “Al alimón”, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, pues en él se comenta: “Dos rejones de muerte y aplausos al estelléz y algunos pitos al ejemplar” (LA PATRIA, 8/2/2015). El gentilicio de los nacidos en esa ciudad es ‘estellés’, como el de los de Marsella (Francia), ‘marsellés’. Sin olvidar que, en castellano, los sustantivos agudos terminados en zeta no llevan tilde, verbigracia, ‘candidez, estrechez, languidez’.Por Efraim Osorio

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